25 años de La Revuelta: “Si no podemos tener un oasis para vivir la vida, siempre podemos tener lugares para lucharla”

Lugar: Zaragoza | CSA La Revuelta
Fecha: 19/09/2026

El Centro Social Anarquista La Revuelta celebra un cuarto de siglo en la Madalena. Cinco de sus integrantes recorren su historia, sus luchas y transformaciones y reflexionan sobre el presente del anarquismo y el futuro de los centros sociales. Este sábado han celebrado varios actos, entre ellos, la presentación del libro “El Acratador”.

17 septiembre, 2026. 07:00
Última actualización: 19 septiembre, 2026. 21:00
Foto: CSA La Revuelta

El Centro Social Anarquista La Revuelta cumple 25 años. Un espacio anarquista en el barrio zaragozano de la Madalena que, con sus altos y bajos, sus cambios de gente y manteniendo algunes de les de siempre, permanece vivo y este sábado han celebrado por todo lo alto su cuarto de siglo.

Esta entrevista tiene algo de autoentrevista o autobiografía. Cinco integrantes del centro social, en una conversación informal, repasan el espacio y su historia. Una historia que podemos ver como continuación natural de la amplia tradición anarquista aragonesa. Como grandes reivindicadores del anonimato militante, nos quedaremos con algo así como una respuesta asamblearia, muy propio de la idea libertaria.

Para empezar, una historia rápida. ¿De dónde sale el Centro Social Anarquista La Revuelta? ¿Qué hubo antes?

El local donde estábamos antes (quienes fundamos La Revuelta) era el Centro Social Libertario, que estaba en el Coso 186 y que funcionaba por colectivos. Estaba la gente de Acción, colectivo que convocaría la primera mani del Orgullo, el Ateneo Libertario, un grupo de Juventudes Libertarias, Agrupación Anarquista El Búho, ADA... Todos ellos ya desaparecidos. Era un local en el que confluimos gente que veníamos de lugares muy diversos: de centros sociales okupados, de sindicatos (o de rebotarse de ellos), del movimiento antimilitarista o de ningún sitio.

“La Madalena todavía conserva cierto aire revolucionario”

La ubicación del espacio tampoco es irrelevante. ¿Por qué en la Madalena y cómo veis el barrio que os acoge?

Llegamos a este barrio porque había unos antecedentes de barrio contestatario, de barrio libertario y por ello acabamos primero en el CSL y luego aquí. También era un barrio asequible, que tenía mala fama por sus problemas sociales. La relación con el barrio tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Es un barrio de vivienda deteriorada, antigua, y nuestro propio local tiene sus carencias. Quien nos visita verá que el edificio no está en muy buen estado. Es un barrio pobre, no nos engañemos, que últimamente ha acelerado su deterioro. A cambio, la Madalena todavía conserva cierto aire revolucionario, aunque cada vez menos porque los tiempos son los que son. Y si hablamos de gentrificación... Pues todo el centro de Zaragoza la está sufriendo y la Madalena también. Aunque puede que precisamente la calle San Agustín y aledaños sean el pequeño reducto que aún resiste.

Si hablamos del local, lo que vemos en lo físico nada más entrar es una biblioteca y una montaña de archivos.

Cierto, aunque estamos cada vez más limitados por el espacio. La biblioteca es muy diversa, aunque básicamente centrada en temas específicamente anarquistas o de diferentes luchas sociales y políticas. No podemos permitirnos tener la biblioteca de Alejandría. La biblioteca y el archivo son resultado de donaciones, como la reciente de nuestro compañero fallecido Pablo Serrano, y de la acumulación de diferentes centros sociales. De hecho, en el archivo tenemos parte de lo que fue el antiguo Centro de Documentación Index de Torrero, de diferentes centros sociales, hasta de la Casa de la Paz, que fue desalojada en 1993. También parte es herencia del boletín El Acratador, que se distribuía a nivel mundial y fue fruto del intercambio. Así nos juntamos con revistas lo mismo de Argentina, Japón o Grecia. Habría que digitalizar todo esto, pero se nos antoja imposible... El ritmo ha bajado mucho porque han desaparecido la mayoría de las publicaciones en papel. Teníamos una exposición permanente de publicaciones periódicas que se renovaba mes a mes, ahora con una mesita sobra espacio. Nuestro archivo es algo vivo y está para utilizarse. Tenemos incluso los cuadernos de actas de muchos colectivos. Se ha usado para tesis doctorales, estudios y, sobre todo, para documentar trabajos sobre luchas militantes. Y quien quiera venir a hurgar y mancharse de polvo, bienvenide.

“Esto es un espacio, no un fin en sí”

Parte del archivo del Centro Social Anarquista La Revuelta | Foto: CSA La Revuelta
¿Espacio de individualidades? ¿De colectivos? ¿Quiénes forman parte ahora del local?

En un momento dado se pasó de ser un local de individualidades a abrir el espacio a colectivos, algunos como parte de gestión y las asambleas que se suman a los individuos. Está ahora mismo CAMPA (Colectivo Apoyo a Mujeres Presas de Aragón), 8MZgz, Feministas Aragón por Nicaragua, Trasmuros, L@s nuestr@s, l@s libres, Iniciativa contra las Macrocárceles (que organiza la Marcha Zuera) y Ayuda Refugiades, que organizan actividades en el local. Es una nueva fase. Veníamos de colectivos que mermaron de militancia y confluimos en La Revuelta, que sería el colectivo en sí, y luego la cosa cambió. Por otro lado, tenemos enfrente un solar que era el antiguo colegio San Agustín, que estuvo okupado, fue derribado y se convirtió en aparcacoches y luego en Esto no es un solar. Es como nuestro patio y hemos estado abiertos a colectivos hermanos y afines con colaboración abierta. Desde actos de Pilares Disidentes en 2003 y después el lugar donde nacieron las matinés punk hasta ser espacio común de compas como el CSO Kike Mur, Mundialito Antirracista o Radio Topo.

Vaya diversidad. Muchos cambios en estos 25 años, ¿no? Y otros procesos que salieron de aquí.

En 25 años hay un montón de procesos vitales que pertenecen a esto. Las hijas de algunas personas que empezamos aquí ya son veinteañeras (risas). Pero, al margen de La Revuelta, tenemos que citar cosas que nacieron aquí y de las que hemos sido parte. Por ejemplo, parte de los Pilares Disidentes, que fueron algo más amplio y ahora ya no existen como algo unitario. También todos los procesos de okupaciones efímeras que luego incluso fueron espacios okupados un tiempo. Este no es un espacio okupado, pero nunca hemos renunciado a apoyar la okupación como medio de lucha.

Vicisitudes, el tiempo va cambiando las realidades y las vidas. La Revuelta vive ahora un momento dulce de militancia. Pero ha habido altibajos, habéis perdido compañeras...

Lo que es raro es que nos encontremos gente que llevemos los 25 años aquí. De hecho, yo no aspiro a estar en el 40 aniversario. El local tiene que ser algo vivo y que se renueve; si no, no tiene sentido. Ahora no son los mismos tiempos que cuando nacieron el CSL o La Revuelta. Hay gente que ha pasado como si fuera una fase de militancia, como locura de juventud, y otres que, en unas cosas u otras, siguen luchando por la transformación social. Esto es un espacio, no un fin en sí. Lo realmente importante es que la gente siga comprometida y hay muchas formas de hacerlo.

“No importa tanto ser anarquista como funcionar como anarquista”

Foto: CSA La Revuelta
Ser anarquista en el siglo XXI, ¿qué significa para vosotres esa definición?

Se abre el melón y resumo la parrafada... Las ideas son algo vivo y cada quien tiene su propia mirada. No importa tanto ser anarquista como funcionar como anarquista. Las prácticas asamblearias, antiautoritarias en un sentido amplio, siempre están allí y la etiqueta tampoco es tan trascendente. El anarquismo en sí son unas pautas de lucha contra el poder, organización horizontal, apoyo mutuo, respeto a la individualidad, no perpetuar sistemas de opresión como el patriarcado o el especismo... El debate es tan amplio que daría para mucho. También mantener un espacio libertario es construir anarquismo. Aunque sí que es importante reclamar la denominación de anarquistas. Es una lucha intuitiva contra la coerción. A lo largo de la Historia siempre ha habido anarquistas, aunque no se llamaran así. Nuestro papel está en mantenernos en la realidad y mantener dinámicas de resistencia. Ahora estamos en un momento muy delicado con un auge evidente del discurso ultra y no queda otra que ponerse las pilas. Irónicamente, en una sociedad tan compleja como la actual, la diversidad se ve amenazada. La individual y también la de los pueblos. En un momento dado podría ganar la extrema derecha con su discurso miserable. Pero no podrá impedir que la gente de tu entorno deje de tener el origen que tiene o que tu hija se eche una novia de su mismo sexo. La libertad siempre se abre camino y el anarquismo es el contrapoder de siempre que toma diferentes nombres. La ironía del mundo actual es que un ideario como el libertario, que propone el respeto al individuo y a la unidad de libres e iguales sin imposiciones, se halla en un contexto de individualismo atroz que es exactamente todo lo contrario: negación de la empatía y el apoyo mutuo. Ahora decirse libertario (según los medios) es ser un capitalista sin corazón. Otro problema es que ha habido todo un desmantelamiento de base social cuando parece que se dio la “orden conjunta” de tomar las instituciones y perder la calle. La lucha frontal contra el Estado se relativizó y los movimientos perdieron presencia real.

“El algoritmo nunca va a favorecer que lo netamente anticapitalista tenga una presencia real en las redes”

Una actividad en el Centro Social Anarquista La Revuelta | Foto: CSA La Revuelta
Enlazando con esto. En un contexto de neoliberalismo desatado, ¿en qué lugar queda el anarquismo y un espacio como un centro social?

Hay que mirar más allá del anarquismo a lo que es la lucha, digamos, “presencial” en esta era de lo virtual. El algoritmo nunca va a favorecer que lo netamente anticapitalista, menos aún lo libertario, tenga una presencia real en las redes. Han cambiado los hábitos y los centros sociales dejaron de ser tan sociales. Eran un espacio en el que se quedaba a tomar algo y charlar para luego, a lo mejor, salir a pegar carteles o después de una manifestación, por ello hemos pasado a ser lugares más minoritarios. Por otro lado, el contexto capitalista es fundamental para entender algunas variables porque es evidente que muchos movimientos han sido absorbidos y hasta rentabilizados por el sistema. Desde una parte del feminismo, la liberación animal o la lucha LGTBIQA+. Todas las ideas se pueden rentabilizar, por ello vemos importante mantener una serie de líneas rojas en la profesionalización del activismo. Nada más revolucionario que hacer las cosas sin necesidad de un intercambio económico en un mundo en que todo se monetiza. También hay toda una serie de realidades que afecta a quienes trabajamos lo presencial, el vernos las caras y mantener vivo un espacio físico. Si había lugares de encuentro se formaban colectivos porque la gente se veía las caras y también era un lugar de ocio transversal. Eso lo hemos perdido. Nos ha pasado por encima un mundo como el de las redes sociales. Nos hemos quedado bastante fuera de ese mundo y, probablemente, tampoco sabemos muy bien desenvolvernos en él.

La Revuelta, y antes el CSL, fue pionera en los comedores populares veganos (CPV). Contadnos algo de esa actividad. ¿Pensáis retomarla?

Nunca se abandonó en realidad, ha variado la constancia, pues ahora son esporádicos, y llegó a haber hasta cenadores solidarios para movidas concretas. El primer CPV empezó en 1996 y estuvo ininterrumpidamente hasta 2012, un sábado tras otro. A partir de ahí hubo un bajón porque abrieron espacios específicamente vegetas/veganos que no eran restaurantes. Había una gran carencia en ese sentido. Pero esto conecta también con la menor asistencia a los espacios sociales en general. Por lo visto no es tan fashion sentarse en una mesa corrida a compartir comida y charla por un precio no comercial.

Este local ha sido distribuidora y editora. Con un par de libros, varios discos, todo ello con espíritu no comercial. ¿Qué fue de la distri?

Durante largos años tuvimos una distri que a la vez editaba libros y música. Sacamos cuatro libros y un buen puñado de discos. Hay que decir que caímos en picado con la apertura de la Pantera Rossa, como suele suceder frente a proyectos profesionales que abren la persiana con un horario amplio. Al mismo tiempo, también las ediciones en papel y la música en formato físico cayeron en picado. Vendíamos cosas como casetes o libelos a saco, ahora casi nadie lee una noticia en papel y el único mercado que sobrevive es el del libro. La música decayó por la era digital y, por ejemplo, la distri más antigua de Zaragoza, Mala Raza, también terminó desapareciendo.

“Hemos querido recopilar lo que creemos más interesante del boletín en formato libro”

¿Nos podéis adelantar algo de la nueva edición de La Revuelta?

Durante 20 años, hasta 2009, estuvo publicándose El Acratador, que se quedó en el número 99. Un boletín que se repartía gratuitamente en muchos espacios y que era en principio un boletín básicamente de noticias y pasó a ser portavoz de las diferentes sensibilidades anarquistas. Hemos querido recopilar lo que creemos más interesante del boletín en formato libro y editarlo como si fuera el número 100. Incluye una cronología de los 20 años que estuvo activo y lo presentamos este sábado. Son más de 200 páginas por un precio muy asequible, fieles a nuestro espíritu DIY.

 

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Ya puestos, nuevos proyectos, el futuro y, más cerca, este sábado.

Son 25 años de la inauguración en sí del local en el que entramos en verano e inauguramos en septiembre de 2001. Este sábado tenemos una mañana que empezamos con una charla de Feministas Aragón por Nicaragua sobre la represión al movimiento feminista y LGTBI en este país. También será una jornada destinada a jugar, peques y mayores, además de comer juntes en nuestro comedor vegano, poesía y danza. Por la tarde, presentación del nº 100 de El Acratador y concierto homenaje a nuestro compañero Pablo Serrano de JO. Solana. Antiguos Juanito Pikete.

El futuro...

Pues aunque la realidad y nuestras luchas a veces se estrellen y sean frustrantes o nos sintamos como una gota de agua en la tormenta, es importante mantener nuestros espacios. Mantener un lugar de diversidad al margen del aburrimiento cotidiano. Nos vemos en San Agustín 18 y siempre en las calles. Si no podemos tener un oasis para vivir la vida, siempre podemos tener lugares para lucharla.

 

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