14 de abril: El independentismo revolucionario y el republicanismo español

El 14 de abril es una fecha señalada, ese día el republicanismo del Estado español sale a la calle y reivindica el fin de la monarquía parlamentaria, pidiendo una república, generalmente, al estilo de las que ya existen en su contexto. Bien es cierto que este republicanismo está casi en su mayoría monopolizado por la izquierda y que el enfoque, se diga lo que se diga, va siempre más allá de querer echar a la institución monárquica. Es cierto que la oligarquía española, asentada hoy sobre el proyecto constitucionalista, es partidaria de la monarquía parlamentaria y que en muchos casos …

estreladaEl 14 de abril es una fecha señalada, ese día el republicanismo del Estado español sale a la calle y reivindica el fin de la monarquía parlamentaria, pidiendo una república, generalmente, al estilo de las que ya existen en su contexto. Bien es cierto que este republicanismo está casi en su mayoría monopolizado por la izquierda y que el enfoque, se diga lo que se diga, va siempre más allá de querer echar a la institución monárquica. Es cierto que la oligarquía española, asentada hoy sobre el proyecto constitucionalista, es partidaria de la monarquía parlamentaria y que en muchos casos una eventual transición hacia un modelo republicano les produce más temor que filiación. No obstante, el hecho de que esto sea hoy así no asegura que pueda seguir siéndolo en un futuro dado, especialmente, que el izquierdismo sobre el que está asentado el ideal republicano mayoritario es amplio y diverso, virado más en común hacia el progresismo y el reformismo que hacia el proceso revolucionario.

Pero ¿qué tiene que decir el independentismo revolucionario acerca de un republicanismo como el español? Y más en concreto ¿cómo ha de actuar el independentismo revolucionario aragonés ante esta propuesta política en nuestro contexto? No hay izquierda o movimiento revolucionario que no sea republicano y, sin embargo, cada facción tiene su propia interpretación de cómo habría de ser una república, ¿cuál es la perspectiva que tiene la izquierda independentista en nuestro país? Bien es cierto que hasta ahora ésta no ha sabido hacer valer sus posiciones con respecto a este asunto y que en muchos casos su visión ha sido confundida o malinterpretada. Todo ello se debe a una serie de recelos comprensibles que hace al independentismo revolucionario mirar con recelo un republicanismo español con el que ni comparte su visión del republicanismo ni su perspectiva nacional ¿Cómo trazar líneas de confluencia? ¿Cómo conjugar ambas luchas? El independentismo aragonés no puede tolerar aliarse con una visión republicanista que niega la existencia nacional de su pueblo, que en ocasiones lo condena a una recentralización y que en el día a día demuestra un españolismo exacerbado sólo comparable (cambiando un color de la bandera) con el de la extrema derecha. No es cierto eso que se dice de que en la izquierda española no hay nacionalismo, al contrario; hay un nacionalismo y un chovinismo extremo que se materializa, legitimado, bajo la égida del republicanismo; que exacerba, como hace todo nacionalismo, los grandes mitos del pasado y que rememora las glorias de sus años de oro. Por suerte su patrioterismo va unido en muchas ocasiones con el chovinismo de clase que lo hace derivar en posiciones antifascistas. La dificultad se encuentra en saber diferenciar dónde acaba el puro y duro españolismo y dónde empieza el obrerismo. Se ensalza la II República como la patria del obrero, la realización del gran espíritu del progreso, al mismo tiempo que no se repara en su carácter burgués y -algo mucho más penoso- que en términos mayoritarios se está luchando por una república, para el futuro, de carácter burgués.

¿Cómo puede el independentismo revolucionario confluir con esta idea? La degradación del republicanismo es más que evidente y sin embargo sigue reclamando para sí las propias experiencias que en ese periodo se realizaron. Especialmente las vividas durante la guerra, con el Consejo de Aragón y las colectivizaciones; pero también el nacimiento del autonomismo y el nacionalismo aragonés que vino desde la emigración en Barcelona. El independentismo aragonés tiene un evidente resquemor con el republicanismo español porque reconoce en su interioridad un españolismo intrínseco. Como con todo, esto no es susceptible de generalización pero sí es de destacar que supone un comportamiento mayoritario. El problema que surge no es tanto que se postule las bondades de España y de la españolidad en sí mismas sino que se use la misma estructura argumentativa que la del nacionalismo español reaccionario y desde una perspectiva abiertamente españolista se tilde al resto de identidades como “nacionalistas” en sentido peyorativo. Que la izquierda (española) tome partido por la identidad mayoritaria al tiempo que niega las subalternas es la mejor muestra de lo poco que se ha desligado su discurso del de la oligarquía y lo poco que se puede confiar en ella. El independentismo no puede sin más sumarse a su propuesta por muy mayoritaria que sea, no puede olvidar que la II República fue el periodo que con más ahínco fue negada la identidad nacional aragonesa, en el que más retrocedió el aragonés, cuando más esfuerzo se hizo por hacerlo desaparecer repudiándolo de forma coercitiva, cuando más se acentuó el colonialismo interior y la emigración.

Sin embargo el abanico republicanista es muy amplio y no se reduce al nacionalismo español, es un conjunto mucho más complejo; un arco donde caben infinidad de visiones. El independentismo revolucionario no puede confluir ni compartir los postulados de todas ellas. Dado su enfoque clasista y revolucionario podrá confluir en mayor profundidad con las perspectivas que ahonden en la necesidad de la construcción de una república socialista (y no una república a secas) federal o confederal, que respete el derecho a decidir y que acepte una disolución del concepto de identidad étnico-cultural española. El único republicanismo español factible para el independentismo revolucionario es aquel en el que se asegura el futuro de los pueblos peninsulares, en el que se abandonan las pretensiones centralistas y en el que se pretende destruir la metrópoli simbólica que es España. Sólo puede aceptar esa república socialista en la que el independentismo revolucionario pueda seguir teniendo cabida, pueda seguir actuando para lograr sus objetivos.

En términos tácticos el independentismo revolucionario ha de ser siempre partidario, como fórmula intermedia hacia la independencia y el socialismo, de la constitución de una república española siempre que se den las condiciones adecuadas. No puede, sin embargo, aceptar un movimiento netamente españolista que coincida con los proyectos de la oligarquía entendiendo que ésta puede, fácilmente, mantener su proyecto dominador en el seno de un proceso republicano.

El 14 de abril cada republicanismo se manifiesta con su propia propuesta. El independentismo revolucionario no debe dejar de lado esta fecha, ha de salir a reclamar su propio proyecto porque también es heredero de aquella experiencia. Y ha de hacerlo con la bandera republicana revolucionaria que representó al pueblo aragonés en su momento, la del Consejo; y con la que lo hace hoy, la estrelada. Sin embargo esto no significa que deba desdeñar la bandera tricolor, ésta es, sobre todo con la estrella roja, la bandera de una experiencia del pasado de la que aprender y de la que también somos partícipes. Estas ideas nuestras tienen cabida en tan señalada fecha, también es nuestro día y no lo cedemos al proyecto españolista. Nosotras también tenemos una idea de España, que no es la suya, ya es hora de hacerlo valer.

¡Hacia la República Socialista aragonesa!

En Aragón, a 9 de abril de 2013

Purna, a chovenalla independentista y revolucionaria

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