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María Galindo: No hay libertad política si no hay libertad sexual, los Milagrosos Altares Blasfemos y el concepto de Despatriarcalización

María Galindo es conocida como activista feminista, líder del movimiento boliviano Mujeres Creando desde hace veinticinco años, agitadora cultural y callejera, por sus acciones, libros y artículos. El pasado 23 de noviembre volvió a Zaragoza para presentar su último libro ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’.
| 14 diciembre, 2017 07.12
María Galindo: No hay libertad política si no hay libertad sexual, los Milagrosos Altares Blasfemos y el concepto de Despatriarcalización
María Galindo. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

María Galindo ha vuelto a Zaragoza, auspiciada por Desmontando a la Pili y otros colectivos de la ciudad. Ha sido invitada por SUDS a Barcelona, a un encuentro sobre Descolonización y Despatriarcalización, y antes de volver a La Paz ha hecho un hueco en su agenda para pasar por aquí, lo que le agradecemos enormemente.

Su intervención en la Casa de la Mujer ha generado expectación, porque María es conocida como activista feminista, líder del movimiento boliviano Mujeres Creando desde hace veinticinco años, agitadora cultural y callejera, por sus acciones, libros y artículos. A lo largo de estos años ha sido invitada a prestigiosos eventos artísticos de América y Europa: Bienales de Sao Paulo, Venecia o la última Documenta de Kassel, por nombrar sólo los más importantes.

Nuestra amistad data ya de veinte años, y vuelvo a disfrutar de su luz, su energía apasionada y su encarnación de una teoría feminista enraizada tan profundamente en la práctica política. Agradecer también a Lurdes Orellana la presentación inteligente y emocionada de María y de su libro, y a Idoia Romano, de Mujeres Creando, su atento trabajo de retaguardia que ha hecho posible que todo funcionara perfectamente.

Vienes a presentar el libro No hay libertad política si no hay libertad sexual. Háblanos un poco de él.

El origen de este libro está en un acto erótico político que las Mujeres Creando hicimos delante de la Catedral de La Paz un 28 de junio. Un diputado y portavoz del MAS en el Congreso Plurinacional Boliviano nos insultó, atacó y humilló por esta acción, y nos dimos cuenta de que teníamos que aprovechar políticamente esta circunstancia. Se había aprobado recientemente en Bolivia una ley contra el racismo y todas las formas de discriminación, y decidimos utilizar toda esa retórica del Estado para denunciar a este portavoz, utilizando el escándalo como un recurso político. Pero no nos recibían la carta, nos impedían entregar nuestra denuncia… hasta que me llama por teléfono el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, y me invita a subir a su despacho en el Gobierno a hablar con él y solucionar este problema. Nosotras tenemos una radio, Radio Deseo, y retransmitimos en directo muchas de nuestras acciones callejeras. Tras pactar con el vicepresidente que nuestra conversación sería radiada, subo a hablar con él y me explica que no puede sancionar a este diputado porque él está expresando un sentimiento general en la sociedad boliviana y porque es un cargo electo. Y me pregunta qué quiero, qué queremos para solucionar este asunto. Ante tal pregunta, digna de un cuento de hadas, en el que el rey pregunta a la niña por sus deseos, solicito un cuarto allí mismo, en el Parlamento, en el que pueda instalar mis cámaras. Se me concede y empiezo a grabar a los 330 diputados/as de la Asamblea Plurinacional Boliviana realizando un estudio acerca de sus posiciones con respecto a la sexualidad. Poco a poco va formándose un gran rumor, un revuelo en la institución, hasta que una buena mañana, cuando llevamos como el 30% de los y las parlamentarias grabados, un funcionario nos echa de ese despacho. Aún continuamos con el estudio y las grabaciones en los pasillos de la institución por un tiempo, hasta entrevistar un 42 % de los cargos electos.

Las opiniones realmente contrarias a la homosexualidad, el lesbianismo, el derecho al aborto, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo… de muchos de estos parlamentarios/as no me representan, no representan a muchas personas que los votaron y no conocían sus planteamientos a la hora de votarles, porque ejercen una política sin cuerpo; y con estas entrevistas he buscado sacarles el discurso político de sus cuerpos.

¿Qué ocurre si el compañero diputado indígena guaraní, por ejemplo, dice lo mismo que el compañero diputado blanco neoliberal? ¿O si la compañera indígena repite el discurso de la iglesia? Que estas personas no nos representan, nos sustituyen.

Pones encima de la mesa un conflicto con la representación política, entonces.

¿Cómo se construye la representación política en una democracia liberal? Por poner maricas o mujeres en el Parlamento, no acceden como colectivo a la representación política.

¿Qué metodología utilizaste a la hora de hacer este estudio? ¿Con qué planteamiento haces las entrevistas?

Este estudio dinamita el Parlamento, y rompe el dogma de la investigación social, según el cual, la investigación social debe hurgar siempre en las enaguas de las clases subalternas pero dejar intactos a los de arriba. Aquí le damos la vuelta a la tortilla, y somos nosotras quienes preguntamos a la clase política con poder. El Parlamento se ha abierto en realidad para preservar su estructura y su pirámide de privilegios, casi nada ha cambiado. Recientemente se ha aprobado en Bolivia una ley de identidad de género, copiada de la argentina, sin apenas debate político, en la que supuestamente se contempla la libertad para la reasignación sexual, a la vez que el aborto sigue siendo ilegal en Bolivia. Se ha usurpado el debate sobre la soberanía del cuerpo, no se está debatiendo políticamente, sólo se está realizando un ejercicio de clientelismo.

¿Cómo pueden las diputadas indígenas situarse en contra de la despenalización del aborto, con la enorme cantidad de mujeres pobres que mueren abortando? Porque sólo mueren mujeres pobres; si tienes el dinero para practicarte un aborto en una clínica privada, puedes hacerlo. Pero muchas mujeres en Bolivia no lo tienen ¿Cómo pueden estas diputadas indígenas hacerse portavoces de ese clasismo? El debate no sería entonces tanto si estar o no estar en el Parlamento, yo misma estuve un tiempo con mi despacho y mis cámaras, sino para qué estar ahí.

María Galindo. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

María Galindo. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Dejamos el libro y paso a preguntarte por la serie de Altares Blasfemos que has instalado recientemente en varios museos latinoamericanos.

Los Milagrosos Altares Blasfemos son un trabajo colectivo de tres personas, Esther Argollo, Danitza Luna y yo. Son una lectura feminista contemporánea de los altares barrocos latinoamericanos como instrumento fundamental de colonialismo. La Iglesia Católica ha sembrado estos altares por todo el continente, y hemos logrado unas composiciones de lectura inmediata, muy fácil y muy política, al alcance de cualquiera. Hemos creado una mariología propia: la Virgen del Aborto, la Virgen ni Hombre ni Mujer, la Dolorosa de los Feminicidios, la Virgen Pecadora, y más vírgenes que surgirán. Por otra parte hemos tocado el cuerpo masculino, sacralizado desde el punto de vista de que está genitalizado, hemos convertido la cruz en penes… Creo que han sido lecturas muy bien hechas, atinadas y bien planteadas pero también muy sencillas, y en todo lo que ha sucedido con estos trabajos, la suerte y el azar también han tenido que ver.

Nos invitaron a una bienal de arte, como muchas otras veces nos invitan. Nosotras descreemos de esos espacios, pero era una bienal de arte en Bolivia, y pusimos una condición: utilizar las paredes externas del Museo Nacional de Arte, que está a veinte metros de la catedral, porque a Mujeres Creando no nos interesaba meter el altar dentro de una sala, ni hubiera funcionado igual. No sé cómo nos dejaron. Los organizadores nos necesitaban en este evento, para darle prestigio. Nadie nunca había osado utilizar las paredes externas de esta casa colonial que fue además propiedad del verdugo que mandó descuartizar a Túpac Katari, el líder indígena más importante de la resistencia al colonialismo. Ósea, que se juntaron allí una serie de pliegues, de contenidos muy alucinantes, muy lindos. Conseguimos las paredes, los permisos (que nunca pedimos pero lo hicieron los organizadores de la bienal) y de manera muy acelerada produjimos una obra sencilla pero que te remitía inmediatamente al altar barroco colonial leído desde una óptica contemporánea feminista. Se destruyó en veinticuatro horas, lo hizo una horda fanática, y se quiso simular una especie de repudio popular. Yo estuve allí todo el tiempo, viví lo que sucedió. El altar seducía, fascinaba, estaba, además, en una calle pequeña, peatonal, de la Paz. Había una especie de murmullo de todo el debate que generaba. De manera muy artificial se generó un grupo fanático que quiso asumir una supuesta voz general de una sociedad en repudio de estas locas. Incluso se creó un escenario de inquisición, que es importante ponerla sobre la mesa porque está viva, ese poder inquisitivo de yo te mato, yo te elimino, porque me quisieron linchar.

El segundo Altar Blasfemo fue una invitación de la comisaria de arte española Rosa Martínez a una gran exposición colectiva que coordinó en Ecuador.

Esto es parte de este azar que nombraba antes, la realización del altar en La Paz provocó la realización del segundo porque inmediatamente surgió la invitación del Centro Cultural Metropolitano de Quito, justo a la espalda de la catedral colonial jesuítica más importante de todo el continente. El Altar de La Paz medía diez metros de largo por tres de alto, y las dimensiones del Altar de Quito fueron el doble. Lo hicimos en un lugar con mucha mística, un lugar que es Patrimonio de la Humanidad, y tiene toda la carga del colonialismo, esa arquitectura colonial, ese peso del Imperio, toda esa idea imperial e híper religiosa. Este segundo Altar se incluía en el contexto de una muestra de arte pero estaba ubicado en la espalda de una catedral. Era mucho más grande, con una mariología más extensa, y en este Altar contestábamos un cuadro llamado el Infierno, que está en la entrada de la Catedral Jesuítica de Quito. En ese Infierno hay una mujer prostituta que por vergüenza está hundiendo su cabeza en un charco de sangre, para que no le veamos la cara, se le llama la Deliciosa; en la parte superior del cuadro hay un grupo de hombres desnudos sodomitas que están siendo quemados, y hay una serie de escenas sexuales que son parte del Infierno. Nosotras lo que hacemos es prácticamente responder a este cuadro. Alguien puede decir ¿para qué responder? qué tontería, son cosas saldadas con el pasado… No, todo eso es parte de una memoria ancestral que está viva, y por eso ampliamos la mariología, las figuras masculinas, un Jesucristo atado por el pene a un Vaticano… y la reacción fue mucho más interesante. Había una euforia impresionante en Ecuador cuando se inauguró la muestra. Una euforia generalizada, de jóvenes, de gente de toda índole que contemplaba el Altar como quien contempla un altar, y la obra logra instalarse con la misma magnificiencia con la que se instala un altar, y eso también le da mucho valor. A nosotras nos generó mucha alegría, también lo pintamos en tiempo relámpago aunque con mejores condiciones técnicas. Nos habían puesto a propósito en la azotea, allá lejos, un poco alejadas de la muestra, pensando que no iba a funcionar… pero la fuerza de la obra lograba verdaderas riadas de gente, era muy lindo, y esto duró cuatro días. Al cuarto día la Compañía de Jesús dijo que había que firmar un documento, una declaración que informaba de que ibas a contemplar una obra que te iba a dañar… Instrumentó toda una dinámica de censura debida a la potencia del Altar. Las instituciones culturales ecuatorianas nos defendieron, de forma suave pero defensa al fin y al cabo, entre otras cosas porque si no perdían su puesto de trabajo. Creo que es importante entender que el Altar Blasfemo responde a un tiempo en el que los circuitos de censura, los circuitos fanáticos, están vivos, están ahí, activos. No es un momento tan fácil. Y generó un debate interesante en Ecuador, amplificado por las redes sociales.

Y de Ecuador a Chile.

Sí, este debate del que te hablaba provocó la tercera invitación, el tercer Altar, en Santiago de Chile, que está expuesto hasta el próximo enero, en el que hemos introducido la memoria de la dictadura, la relación entre iglesia y dictadura como una relación que no queremos olvidar. Entonces el Altar se convierte en esa pizarra didáctica en la que vas leyendo los hechos, que es un poco la intención con la que fue creado como formato. E interpelas al poder religioso, que siempre está como muy intacto, como muy al margen de todo pero operando con hilos invisibles.

¿Y después?

Para nosotras el Altar Blasfemo va a continuar. Es una obra que por la trascendencia que consigue vale la pena repetirla las veces que haga falta.

El Milagroso Altar Blasfemo de Santiago de Chile. Foto: Radio Villafrancia

El Milagroso Altar Blasfemo de Santiago de Chile. Foto: Radio Villafrancia

En el imaginario de estos altares blasfemos hay una continuidad con la trayectoria anterior de María Galindo y de Mujeres Creando: Grafitis en las calles de La Paz como “Ave María, llena eres de rebeldía”; el nombre del centro feminista que tenéis en el centro de la capital boliviana: La Virgen de los Deseos; videos como La Virgen Barbie que expusiste hace unos años en la exposición colectiva Principio Potosí, en el Reina Sofía, exposición que actualizaba el papel del barroco latinoamericano al servicio del colonialismo.

Sí pero estas obras en Principio Potosí eran personales y los Altares Blasfemos son colectivos, somos tres compañeras, Esther Argollos y Danitza Luna son muy jóvenes y esto le da un giro diferente, un atrevimiento mayor; ellas dos aportan un plus muy importante. Y bueno, sí, todo esto tiene que ver con el asunto colonial y barroco, pero es mucho más que una repetición. Las obras anteriores eran interesantes pero son fáciles de poner en un sobre o de guardar dentro de un libro, de ocultar de alguna manera. Sin embargo estos Altares son tan gigantes, tan públicos, tan como son precisamente los altares. Es eso lo que ha interpelado al poder eclesiástico. Todas las conferencias episcopales de cada uno de estos países se han pronunciado contra los Altares, y todo el sistema político. He hecho un pequeño video de seis minutos sobre todo este tema, al que he llamado Demostración empírica de la inutilidad de la censura, porque también creo que tiene que ver con decir: No hay posibilidad de que la censura funcione. La única posibilidad de que la censura funcione es cuando realmente te silencian. En el caso nuestro no es posible censurarnos, porque toda la censura lo que ha hecho es amplificar la magnitud del Altar.

Sí, bueno, la censura que más funciona hoy es la autocensura ¿no?

Esa es la censura que funciona, cuando te silencian, cuando tú te lo tragas, cuando te da miedo, cuando quieres cuidar no sé qué prestigio, no sé qué relación, no sé qué nada. Nosotras hemos trabajado con mucha radicalidad. En Ecuador por ejemplo Rosa Martínez, la curadora española, nos dijo: las vírgenes pasan perfectamente, cubriremos la parte inferior del Altar y al menos salvamos una parte de la obra. Nosotras le dijimos no, Rosa, preferimos visibilizar la censura que salvar las vírgenes, ¿para qué? De ninguna manera.

Y luego está el tema de la memoria ancestral, que está en la gente, y cuando tú la activas con una obra barroca, del colonialismo, pero desde una lectura feminista, lo que haces es trastocar algunos símbolos muy profundos, y por eso también es tan efectivo.

Cambiamos de tema. Varias feministas también americanas, del Norte y del Sur, que han estado en España en el último año -Silvia Federici, Raquel Gutiérrez, Rita Segato- hablan de un aumento global de la violencia masculina contra las mujeres y las niñas/os, aumento en cantidad, calidad y crueldad, y de la relación de esta violencia con el capitalismo y la explotación, de las causas económicas de la violencia contra las mujeres.

Conozco y aprecio mucho a Silvia, su horizontalidad, su profundidad… pero discrepo en esto. Cuando Silvia nos quiere explicar la violencia machista actual como una nueva forma de acumulación del capitalismo, y que por eso es tan cruel, estoy sólo parcialmente de acuerdo. Estoy de acuerdo en el hecho de que en los niveles de crueldad social instalados en la actualidad, la muerte se convierte en una banalidad, la violencia se convierte en una banalidad, la víctima no tiene nombre. Si piensas en Ayotzinapa o en Ciudad Juárez, que son los ejemplos que pone Silvia, ya no son las muertes provocadas por las dictaduras, que en América Latina conocemos muy bien. Los y las asesinadas tenían un grupo de madres que luchaban contra la impunidad, existía un movimiento de solidaridad y de indignación ante la muerte y ante la pérdida de dignidad. Esto hoy nos falta, estas mujeres no lo tienen, porque la víctima no vale nada, la vida no vale nada, y la víctima es anónima. Ya no hay glorificación de la muerte, ni de la persona muerta, porque su vida valía, esa persona tenía un nombre. Yo misma que soy una militante en este tema, no te puedo dar los nombres de todas las compañeras asesinadas porque se escapan de mi cabeza. No es lo que me pasaba con los y las asesinadas de la dictadura, tenían un nombre. En eso estoy de acuerdo con Federici, en que estamos en tiempos en los que la vida no vale nada, en los que la crueldad y el dolor no indignan, son normales, y por lo tanto las víctimas no tienen nombre y la violencia goza ya no de impunidad sino de cierta legitimidad. En lo que no estoy de acuerdo, porque lo vivo, lo sufro y lo milito, es ¿desde qué lugar está hablando Silvia?, se lo he dicho, es decir, no puedes comparar los procesos de violencias instalados por las mafias narcos en Sinaloa, donde obviamente las mujeres son un botín y un fragmento de ese proceso de violencia, con los feminicidios que estamos enfrentando en Bolivia, fruto de otro tipo de procesos. No puedes hacer esa generalización tan grande porque desorientas a la gente. Creo que tenemos que ser capaces de hacer una interpretación más fina, más detallada, más ubicada. Le pasa lo mismo a Rita Segato, a ella le ha tocado estudiar las muertes de Juárez. Estamos hablando de una frontera, de una maquila, del narco, de un contexto político específico. En ese sentido discrepo, en el de que agarren estos ejemplos extremos para plantear una línea de continuidad donde funcione su interpretación. En lugar de leer la realidad están utilizando datos de la realidad para que encajen en su teoría, esto me parece un error.

María Galindo. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

María Galindo. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

¿Cómo lees tú los feminicidios en este momento?

Los leo desde Bolivia, y creo que una lectura más modesta puede ser más rica, y que tenemos que atrevernos a hacer estas lecturas. Primero propongo un método a las compañeras. Creo que nosotras como movimiento estamos en riesgo de convertirnos en sepultureras, porque la movilización se da tras la muerte, a causa de ella. Primero es la muerte y después la movilización. Todas las grandes movilizaciones del Cono Sur, Argentina, Uruguay, las que realizamos en Bolivia, prácticamente son una lectura desde el cuerpo sacrificado, desde la autopsia, desde el cuerpo muerto. Metodológicamente propongo entender el feminicidio desde el día antes del asesinato de la compañera, porque tenemos que hablar a partir de la vida. En varios casos muy cercanos a nosotras, por ejemplo el de una compañera que estando separada de su pareja, había pedido la asistencia familiar, este hombre la llama y le dice: Negociaremos tranquilamente, yo te espero. Ella agarró a su bebé, porque no tenía a quién dejarlo, va a la escena de la negociación y no vuelve nunca, ni ella ni la bebé. La policía todavía ni busca a la bebé, no sabemos si fue vendida, si fue asesinada también. Ese hombre simplemente quería ahorrarse la asistencia familiar, o quería castigar esa exigencia de asistencia familiar por parte de ella, u otra cosa, pero tienes que interpretar la actitud de él. Nosotras creemos metodológicamente que hay que empezar el día antes del feminicidio, y eso es una manera simbólica de decirlo. No hay que analizar el feminicidio desde la muerte sino desde antes del asesinato, y hay que focalizar en el feminicida. ¿Cuánto sabemos realmente del feminicida, de lo que está pasando por su cabeza y de lo que pasa por su cabeza después de cometer el feminicidio? Me parece que estamos perdiendo todos esos elementos. El análisis de Segato más o menos intenta entrar a qué está pasando con la masculinidad, con la condición de ser hombre, pero en el análisis de Federici lo perdemos totalmente. Yo, que trabajo en concreto, que me relaciono con mujeres que vienen por ejemplo porque le han matado a su hija, no les voy a hablar del capitalismo ni cosa por el estilo. Nosotras tenemos que encontrar otras vertientes. Hablamos de una suerte de respuesta cruel a un proceso de despatriarcalización subterráneo, de actitudes de ruptura de las compañeras, lo vemos muy frecuentemente: Voy a trabajar, voy a salir porque tengo ganas… Un conflicto que los hombres están resolviendo con la eliminación de las mujeres. Un conflicto de libertad, de dignidad, de intereses también. Me parece que eso no lo podemos perder, yo no lo puedo perder, como feminista, con un trabajo día a día con las manos en la masa. No necesito escribir un libro, necesito podérmelo explicar a mí, poderlo explicar socialmente y poderlo hablar con las otras mujeres y con las niñas, los niños, las madres, todo ese entorno que surge. Tenemos generaciones de enlutadas ahorita ya por el feminicidio, y esa es una gran pregunta ¿qué va a pasar, qué vamos a hacer con esas compañeras, con los niños y las niñas? En Bolivia se está focalizando muy poco en los niños y las niñas que en muchos casos son testigos, que tendrán que explicarse en sus vidas el feminicidio de sus madres.

Te quería preguntar también por el concepto de Despatriarcalización. Yo te lo había escuchado y leído a ti, por ejemplo en tu libro No se puede descolonizar sin despatriarcalizar. En España se está utilizando desde hace unos pocos años, y me sorprende no haber visto u oído nombrar su procedencia. ¿Qué puedes decirme sobre esto?

Tengo que pedir honestidad, la autora de ese concepto soy yo, es un concepto que nace en el proceso constituyente boliviano cuando toda la sociedad boliviana estaba enfrascada en la euforia de la descolonización, una descolonización fallida, y salgo yo proponiendo que no se puede descolonizar sin despatriarcalizar porque hay que entender el orden colonial como un orden patriarcal, y toditos se habían olvidado, empezando por Silvia Rivera y terminando por Evo Morales, ni teóricas/os ni políticos/as, porque hay una interpretación muy conveniente y muy parcial de la comprensión de la colonialidad. En ese contexto nació. Además le di una profundidad interesante planteando que la despatriarcalización es un punto de partida, un método, y al mismo tiempo funciona como utopía, y lo planteo como una matriz teórica que se antepone y se contrapone a toda esta lógica de inclusión dentro de, a toda esa lectura de que a las mujeres lo que nos hace falta son derechos para formar parte de, derecho a no sé qué, derecho a no sé cuántos, cualquiera que menciones. Y se amputa la idea, la noción, la posibilidad de construir otro tipo de sociedad basada en otras lógicas a partir de un proceso de descomposición de las lógicas vigentes que es la despatriarcalización. Como punto de partida creo que es una lectura del momento histórico, que abre un horizonte de época. Cuando tú me contabas, antes de la entrevista, que han surgido colectivos feministas de mujeres muy jóvenes y yo te preguntaba ¿de dónde han surgido? En el caso boliviano no veo la efervescencia de colectivos feministas pero sí veo, a escala latinoamericana, la efervescencia de mujeres que están removiendo cuestiones fundamentales del lugar en el que las manejaron las generaciones precedentes: la relación con la madre, la relación con el espacio público, la relación con el amor, la relación con el dinero, la relación con el sexo, la relación con el cuerpo. Estas relaciones están completamente trastocadas en términos de desobediencia, de exploración, de libertad. Lo que veo es que hay un proceso de despatriarcalización -subterráneo, invisible, que no se nombra, es decir sin bautizo, sin decir esto es despatriarcalización- ¡muy fuerte! En mujeres de todas las condiciones, no a partir de una postura ideológica teórica sino a partir de una postura existencial personal que necesita ser nombrada para confluir en algo. ¡Me parece fascinante y esto es la despatriarcalización!

Sé que cuando surgió, y justamente porque en Bolivia surgió como una contestación a esa noción de descolonización masculinista, masculinizada, conveniente, manoseadora, muchas veces incluso fundamentalista de lo que es el sujeto indígena, el gobierno vio un gran peligro en esta otra visión que yo planteaba, y decidieron formar un ministerio, crear una oficina de despatriarcalización, cooptar el discurso. Y las ONG’s que están abonadas a la teoría liberal de la igualdad de género, que está vacía de contenido, convertida en una monotonía. Se han agarrado de la despatriarcalización para plagiarla pero sin comprender sus alcances más profundos. Esto es lo que te puedo decir, así en poquitas palabras.

Más información en http://www.mujerescreando.org

14 diciembre, 2017

Autor/Autora

@estherruda


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