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Elena Fraj Herranz: “Los estereotipos de la violencia machista sirven a los hombres que no quieren perder sus privilegios”

Elena Fraj Herranz se dedica al campo de la docencia, la investigación y la producción artística. Da clases en la Universidad de Barcelona. Realiza investigaciones independientes, y produce y realiza audiovisuales comerciales y artísticos. Es comisaria de la exposición “Supervivientes. La violencia machista como tema en el arte contemporáneo del Estado Español”, visitable en la Sala Juana Francés de Casa de la Mujer de Zaragoza.
| 28 marzo, 2018 07.03
Elena Fraj Herranz: “Los estereotipos de la violencia machista sirven a los hombres que no quieren perder sus privilegios”
Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Llego un poco pronto a la sala de exposiciones y paseo entre fotografías, montajes y monitores apagados. Me detengo mucho rato delante de cientos de pañuelos de papel clavados en la pared, fijándome en los juegos de luces y sombras que producen. Me paro también ante unos cuadros de punto de cruz hasta que un nudo en la boca del estómago me hace dejar de leer y continuar caminando. Uno de los monitores se enciende y muestra el cuerpo de una mujer en el suelo con manchas rojas de sangre.

¿En qué consiste esta exposición?

Es un recorrido por las obras de arte producidas en el Estado Español cuyo tema es la violencia machista. Abarca desde los años 70 hasta la actualidad. Surge de una investigación que hago en el 2015 en el Centro de Estudios e Investigación del MACBA de Barcelona, y encuentro que hay un hilo que se puede recorrer a través de las obras para saber cómo se han producido las imágenes de las violencias machistas en el arte, pero está totalmente relacionado con la sociedad, con la percepción de la violencia machista a nivel general. Y veo que hay ahí un recorrido muy interesante que hacer, que no está construido ese relato. En principio iba a hacer un artículo y al final me decanto por hacer una exposición. No están todas las obras que he encontrado, pero por una cuestión de espacio físico y de tema presupuestario he hecho una síntesis.

¿Has seguido un hilo cronológico para mostrar las obras seleccionadas?

Sí, lo he hecho un poco cronológico porque hay dos ejes importantes: el jurídico y el político. Las políticas que se hacen desde el Estado repercuten directamente en cómo se perciben las violencias. Y también siguiendo las luchas feministas. No digo que sea una cuestión de evolución pero sí que las obras de los 70 hay que situarlas en el Tardofraquismo o bien en la Transición. Y los activismos feministas y la legislación vigente sobre las mujeres de ese momento son muy diferentes a los actuales.

¿Entonces las artistas podrían ser unas catalizadoras del sentir sociopolítico de cada momento?

Para mí lo que están produciendo las artistas está totalmente en relación con los activismos feministas, tanto si perteneces a esos activismos como si no. Pero están poniendo sobre la mesa unos imaginarios de la violencia y unas reivindicaciones que están al lado de las luchas feministas y que, quizá, muchas de ellas no se encuentran en las instituciones.

Explícanos por favor algunos hitos del hilo cronológico que articula la exposición.

Una primera obra del año 77 es la titulada “Discriminación de la mujer” de Eulalia Grau. En ella trabaja con material apropiado de los medios de comunicación en el que aparecen mujeres en situación de subalternidad respecto a los hombres. Contrasta imágenes de los espacios públicos de los hombres como el fútbol, o los bares, o de hombres consumiendo porno frente a imágenes de mujeres que están trabajando, limpiando, cuidando de los hijos, en cárceles, o mujeres que están deprimidas o enfermas, tratadas médicamente. Ese sería un hito, de los años 70. Es del 77 esta obra.

Y una última pieza es la de Gema Rupérez donde no hay ninguna figura de mujer y representa muy bien la saturación de imágenes y relatos que tenemos ahora mismo. En las noticias cada día se habla de las violencias machistas, hay una hiperrepresentación que yo le llamo, casi una saturación del tema. Y en este caso ella representa los feminicidios, 924 pañuelos de papel, uno por cada una de las mujeres asesinadas desde el año 2003 hasta ahora según datos del Gobierno, que sabemos que son muchas más. Ella está representando de una forma completamente distinta, más propia de la actualidad.

Esa es una pregunta que plantea la exposición y que está en el debate de la calle, ¿cómo representar hoy en día la violencia machista y, sobre todo, a sus víctimas?

Yo lanzo la pregunta y trato de responderla a través del taller que hemos hecho.

¿Un taller previo al montaje de la exposición? ¿Cómo fue ese taller?

Lo que hicimos fue juntar a estudiantes de la Escuela de Diseño de Aragón con mujeres que habían pasado por una situación de violencia. Simplemente con ese encuentro los estudiantes se llevaron una idea muy diferente de lo que ellos creían, de ese estereotipo de mujeres pasivas, quizá con un cierto punto de ignorancia, mujeres que en el fondo quieren eso, que quizás no tienen un nivel cultural suficiente como para entender que las están maltratando. Se dieron cuenta de que una víctima de violencia puede ser cualquier mujer, y percibieron la complejidad de cómo se puede llegar a estar en una situación de este tipo. Entonces, con la limitación de los días que teníamos, generamos unos vídeos con esta idea de fondo, planteando cómo representar estas situaciones teniendo en cuenta estos estereotipos que nos vienen cada día en los medios, de la violencia machista como algo excepcional, de unos perfiles concretos de la víctima y del agresor como “monstruo”.

Esos estereotipos tan presentes ¿en qué se apoyan?, ¿para qué sirven?

Sirven básicamente para no asumir que es una cuestión estructural, que es un problema colectivo y que los hombres se tienen que poner las pilas. En la sociedad hay unos sujetos que tienen poder sobre otros. Esos sujetos no quieren perder sus privilegios y una manera de no perderlos es relatar que son casos anecdóticos, que lo que ocurre es que el vecino del quinto es un poco agresivo…

Y frente a estos estereotipos ¿la práctica artística puede ofrecer una alternativa?

Puede hacerlo siempre y cuando se sitúe en el terreno. Es decir, siempre y cuando las voces que hablen sean voces protagonistas que saben de lo que están hablando y se sitúen en lo que está pasando. El arte por sí mismo no va a solucionar nada si los procedimientos artísticos no se insertan en los procedimientos sociales.

He de decir también por qué me interesa investigar las representaciones de las violencias machistas. Lo hago desde mi supuesto lugar como profesional en el mundo de la producción cultural y visual, pero también porque vengo atravesada por un proceso de violencias machistas a través de mi familia. Yo vi una situación de violencia a través de mi padre, también a través de una pareja pero especialmente de mi padre. Y de ahí sale sensación de no sentirme representada en muchas de las cosas que estoy viendo y la pregunta de por qué no me siento representada. Es decir, que también mi figura está muy dentro del proyecto.

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

La propia investigación y el comisariado de la exposición, ¿cómo los has vivido? Si te sientes parte de esto, supongo que habrán tenido una repercusión en ti.

Sí. Me ha dado mucha alegría encontrar obras de mujeres que en los 70, en los 80, están ya hablando de esto. Estamos acostumbradas a ver obras de hombres y, de repente, ver obras de mujeres representando mundos de mujeres me ha dado tranquilidad y la sensación de que no estoy sola en el mundo. Me da mucha alegría y, a la vez, momentos duros, de una emocionalidad que te atraviesa, porque hay obras que son duras. Pero ha habido una conexión, sí.

Me viene todo el rato a la cabeza la idea de cómo puede ser útil a las mujeres en general, y a las supervivientes en concreto, que se lleven a cabo este tipo de acciones culturales. ¿Qué les aporta, qué beneficios les trae la visibilización de estas visiones artísticas de la violencia machista?

También desde el punto de vista más personal, creo que es importante ver que hay muchas obras que representan cuerpos agredidos, mujeres que son víctimas, porque hay un derecho a reconocerse víctima. Como mujer protagonista, primero yo tengo el derecho de que se me reconozca social y colectivamente que soy una víctima. Y segundo que se me respete la privacidad, pero el derecho a reconocimiento de víctima yo lo tengo. Que no se me victimice, yo soy una superviviente porque soy una mujer que no ha parado de hacer cosas. Eso por un lado y por otro, esta exposición está muy centrada en la figura de las mujeres pero creo que falta otra exposición que apele a los hombres. Es que hay una necesidad de expresar esto por parte de las mujeres. Ahora le ponemos nombre, violencia machista, maltrato, pero hace 40 o 50 años quizá no había muchos nombres. El arte es una manera de contar.

¿Has visto alguna conexión entre la violencia más física y privada con esa otra violencia de carácter institucional?

La violencia institucional en la Transición la vemos muy obvia. Luego viene el periodo del Partido Socialista que genera las instituciones de las mujeres como el Instituto de la Mujer. A finales de los 80 y en los 90 parece que las instituciones están con el tema de las mujeres, se legisla. Y a finales de los 90 hay un poco de desmovilización de los activismos. Cuando se llega a las instituciones se desmoviliza un poco en la calle. Pero aunque haya legislaciones en contra de la violencia machista nunca deja de haber violencia institucional. Siempre, de una manera u otra, lo privado y lo institucional está conectado.

¿Tal vez sea menos explícita esa violencia institucional?

La violencia institucional está en la policía, los psicólogos, los médicos, el sistema educativo…, claro que la hay. Tú te acercas a una institución a pedir ayuda y verás cómo te recibe. Y más si tienes en cuenta las violencias psicológicas. Es acercarte a la policía, decir violencia psicológica y depender totalmente de la persona que te atiende. Es muy difícil poner una denuncia u obtener una condena por violencia psicológica. Y la violencia psicológica simplemente es un paso previo a la violencia física, forma parte de un mismo proceso. Evidentemente los jueces no aplican la ley. Lo estamos viendo cada día en las sentencias porque según cómo va vestida la víctima es más o menos un delito. Eso es violencia institucional. Y eso la sociedad lo ve. Entonces en la violencia privada los hombres saben que están legitimados para hacer todo eso, están amparados por la institución.

Hablando de la obra de Gema Rupérez me ha parecido que sugerías que la imagen del cuerpo había desaparecido del tratamiento actual de la violencia machista en el arte.

Sí, en la de Sara Berga tampoco hay cuerpos. El giro yo creo que lo da el vídeo de Virginia Villaplana. Es la imagen de una modelo publicitaria que está tendida, como muerta, y ella lo que hace es acercar y reencuadrar la imagen hasta que al final aplica como con un zoom y lo que se ve es la trama, solo puntitos. Es como que no ves la imagen si no la materialidad de los medios de comunicación. Yo creo que ella ahí empieza a reflexionar sobre las violencias sobre las mujeres, el año 97, justo después del asesinato de Ana Orantes, cuando los reality shows empiezan a hablar de la violencia doméstica.

La fecha de la inauguración, el 7 de marzo, resulta un poco especial por el efervescente ambiente social en estos días debido a la huelga feminista del 8M.

Sí, iba a ser para noviembre pasado pero al final lo retrasamos y ahora vino para el 8 de marzo. Es un momento muy interesante ahora. Yo creo que el feminismo se ha hecho mainstream de alguna manera, se ha puesto casi de moda. Es un momento para hilar fino.

¿Cuál sería el reto ahora?

Yo lo vuelvo a decir, que los hombres se pongan las pilas. Los hombres tienen que dar un paso atrás, tienen que hablar entre ellos y tomar cartas en el asunto. Todos los hombres conocéis a otros hombres que no se han portado bien con sus parejas. Hay un mundo de hombres, un lenguaje y unos códigos de hombres. Nosotras no podemos entrar ahí. Nosotras solamente podemos unirnos, apoyarnos para ser fuertes y tirar para delante. Y enfrentarnos a quien haya que enfrentarse si hay que hacer autodefensa. Pero lo que no podemos es encargarnos de convencer a los hombres de que tienen que cambiar, esto os lo tenéis que hacer vosotros. Entonces la siguiente exposición debería ser con un hombre comisariando y con trabajos de hombres.

28 marzo, 2018

Autor/Autora

Investigador y etnógrafo. @felixarivas


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