Zaragoza no es ciudad para viejos

27 mayo, 2022. 10:57

Hace unas semanas nos enterábamos de los detalles escabrosos de maltrato hacia personas discapacitadas en una residencia en Galicia.

A principios del año 2000 en Zaragoza proliferaban residencias instaladas en pisos donde fui testigo de como los mismos propietarios de esas "residencias" ataban a los ancianos a las sillas e incluso en algunos casos en horas de la tarde les prohibían el consumo de agua para evitar que por la noche no mojaran la cama.

Esto no ocurría en residencias más grandes donde los abusos eran de otro tipo. Me encontraba sirviendo la comida en una residencia muy valorada en aquella época por sus amplios jardines y terraza. En un momento dado me di cuentade  que una de las residentes no comía, me acerqué para instarla a que lo hiciera. Mis intentos se quedaron truncados ante la advertencia del dueño, que se paseaba por los pasillos como un gendarme en una cárcel, que me impidió ayudar a la residente, gritando de un lado a otro del salón: "¡Déjala! Si no puede comer sola que la pasen al comedor de asistidos".

Una decisión como esa, injusta y arbitraria, hubiera traído serias consecuencias para una residente, con deterioro de leve a moderado en un sector con personas con déficits más graves. Evidentemente hubiera estado menos estimulada con el consiguiente empeoramiento. Sin embargo para los intereses de la empresa siempre sería positivo tener a un asistido más, ya que el cobro era superior. Con el tiempo me enteré que también regentaban su propia funeraria.

Hace dos años, todo el país fue testigo de otros malos tratos, en este caso era más difícil mirar para otro lado, porque fueron televisados, ocurrieron en plena pandemia y lo que pudo ser una llamada de atención más potente no surtió ningún efecto porque las situaciones de abuso siguen ocurriendo, aisladamente, solapadamente en muchos casos. No sólo a los residentes si no también contra los y las trabajadoras. Me consta que algunas denunciaron abuso laboral y despidos improcedentes.

No son todas las residencias. Es admirable el trabajo esforzado, que en su mayoría son mujeres, que se ven exigidas al máximo para asear, vestir, duchar en tiempo récord a tantas personas que ni siquiera les da tiempo a prestar atención a una nueva lesión que tratándola a tiempo se podría evitar un problema mayor.

Personalmente encontré refugio en la Ayuda a domicilio, donde sí era posible atender al enfermo e incluso prestar alivio al cuidador principal que muchas veces se pasan día tras día sin hablar con nadie.

Cuento lo que he vivido, hechos que debieran quitarnos el sueño como sociedad. No se trata sólo de tomar medidas parche para salvar la situación, a estas alturas deben ser medidas de fondo, porque es muy probable que cualquiera de nosotras y nosotros el día de mañana requeriremos de estos servicios.

Cabría preguntarnos, ¿por qué admitimos estos abusos? Son personas que no pueden defenderse, quejarse, ni denunciar, no pueden decidir sobre cómo pasarán la última etapa de sus vidas, justamente cuando son más vulnerables.

Es inadmisible consentir que las autoridades no pongan freno a esta violación de derechos, al abuso del que son conscientes. Por sus actos está claro que el bien común no está contemplado en su gestión, que les mueve mucho más lo rentable, construir edificios, aparcamientos, campos de fútbol, que pensar en las necesidades presentes y futuras de los y las que les votamos para que hagan justamente lo contrario a lo que hacen, el bien común, asistir a los más desvalidos.

¿No sería más lógico invertir en cuidados? Crear y fortalecer infraestructuras, mejorar el capital humano y satisfacer las necesidades del que ya tenemos que ha demostrado con creces ser eficiente y abnegado. ¿No nos humanizaría estar a la cabeza de una comunidad que respeta a sus mayores dándoles más y mejor calidad de vida, apostando por el medio ambiente y no por destruir zonas verdes?

Señores y señoras políticos, autoridades responsables, dejen sus asientos y sus despachos y pregunten puerta a puerta, vayan y comprueben la realidad de los cuidados. Zaragoza debe mirar al futuro justamente atendiendo al pasado, cada anciano y anciana de esta ciudad se ha dejado la piel por subsistir, a veces con muy poco, y entre todos han hecho esta ciudad. Que nadie les prive de una vejez digna. Porque tenemos una población envejecida, porque contamos con recursos, Zaragoza debe ser una ciudad de cuidados.

La incompetencia se paga en las urnas.

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