#LuengasAragón  Altavoz

Ya no somos «Bienvenius»

| 27 octubre, 2019 13.10
Ya no somos «Bienvenius»
El cartel retirado en Uesca.

Cuando finalizaba mi infancia y entraba en la adolescencia tuve que marcharme al internado a Huesca, ya que en aquella época no proliferaban los institutos en la provincia y para estudiar no tenías más remedio que separarte de tu familia. Afortunadamente, Huesca siempre ha ejercido su capitalidad y se ha mostrado acogedora con los visitantes y con aquellos que, temporal o definitivamente, han trasladado su domicilio allí. Aunque, todo hay que decirlo, los adolescentes capitalinos, con esa insolencia típica de la edad, se atrevían a llamarnos tapueblos a los pobres pueblerinos, mofándose de esa forma de hablar tan arraigada entonces, cuando se decía me’n voi ta o pueblo y muchas otras expresiones que, por otro lado, eran tan oscenses como el Alcoraz y que podían escucharse entre los hortelanos, artesanos o ganaderos de la ciudad.

Porque en Huesca no se perseguía a nadie, sino que se encorreba; no se usaba un cubo, sino un pozal. Se decía empandullo, charrar, pampurrias, chaminera, mesacha, trucar, embolicar, alcorzar, branquil, mainate, brienda, chemecar, rosada, trepuzar, zaborro, tresbatiu, fiemo, retabillar, michar… y así un borguil de palabras a las que hay que sumar expresiones tan aragonesas como marcha a escaparrar, ¿ixo qué ye? o ves-te-ne ta casa. Muchas de ellas todavía vivas entre el común de la gente. Y a aquellos que nos llamaban tapueblos les solíamos recordar, también en aragonés, que ellos eran fatos, apodo de los oscenses ampliamente conocido.

Y ahora me encuentro con que el ayuntamiento ha quitado unos carteles que daban la bienvenida a los visitantes. Parece que el motivo es que estaba escrito en castellano y en aragonés, y que esta última lengua no es del agrado de algunos oscenses ni tan siquiera para dar la bienvenida a aquellos que sí la hablan. Desde ese día, Huesca es un poco menos capital de nuestra provincia, y parece querer renunciar a ser la capital de nuestra lengua. Por eso conviene hacer un poco de memoria histórica.

Girando brevemente la mirada hacia atrás, desde la misma fundación del reino de Aragón hablaron aragonés nuestros reyes, obispos, caballeros y toda la ciudadanía. Durante varias centurias, mientras el latín caía en desuso, se redactaron en aragonés los fueros y toda la documentación del Concello o ayuntamiento de Huesca, al igual que era la lengua habitual entre las cofradías de la ciudad o en todos los manuscritos de jueces, alguaciles y notarios, comprendiendo así a cualquier compra-venta, reconocimiento de buegas, herencias, testamentos, capitulaciones matrimoniales y un largo etcétera.

Sin ir tan atrás en el tiempo, el papel de ciudad acogedora lo viene asumiendo nuestra capital desde hace muchísimo. Y gracias a ello, muchos de los sabios y personalidades destacadas de nuestra tierra han vivido en Huesca. Tampoco es menos cierto que muchos de esos sabios hablaban aragonés. El mismo Santiago Ramón y Cajal, tras residir en varias localidades, llegó a Huesca a estudiar el bachillerato, al igual que hizo Joaquín Costa, quien obtuvo el título de maestro superior en la ciudad. Anteriormente, el escritor Braulio Foz se estableció en Huesca y desarrolló su profesión periodística, intercalando muchas expresiones en aragonés dentro de su novela sobre Pedro Saputo. Y no nos olvidemos de Pedro Arnal Cavero, quien estudió Magisterio en Huesca y abrió una importante senda en el estudio de la etnografía que más tarde fue recorrida por grandes oscenses, de nacimiento o adopción, como fueron Luis López Allué, Enrique Capella o Pedro Lafuente Pardina.

Algunos de estos importantes personajes fueron solo medio oscenses, pues eran comarcanos, de la Hoya o Plana de Uesca de la que también esta ciudad es la capital. Tenemos que recordar a Agliberto Garcés López (de Bolea), a Lorenzo Cebollero Ciprés (de Arguis), a Santiago Román (de Ayerbe) o a Ignacio Almudévar Zamora (de Siétamo). Y en tiempos muchos más cercanos, grandes oscenses se han expresado en lengua aragonesa, como Chulio Brioso y Mayral o Bizén d’o Río Martínez. O el siempre amable y optimista Rafel Andolz, que además de mosen y sabio fue prolífico escritor, etnógrafo y lexicógrafo, que consagró buena parte de su vida al estudio de nuestra lengua aragonesa y es el padre del gran diccionario que conocemos por su apellido (el Andolz). No quiero olvidarme de otro amigo, Chusé Lera Alsina, Pepe Lera, un oscense que por motivos familiares se entregó a la fabla chesa y que será recordado por sus publicaciones (la gramática y el diccionario) pero también por su creación, especialmente esa jota, S’ha feito de nueit, que se ha tornado de forma espontánea en himno de la lengua aragonesa.

En las últimas décadas, Huesca se ha convertido en la capital de la lengua aragonesa gracias a un movimiento de reivindicación y recuperación que surgió de la mano de varios ilustres aragoneses, como el citado Rafel Andolz, y algunos oscenses como los profesores Francho Nagore y Chesús Vázquez. De ese movimiento cultural surgió el Consello d’a Fabla Aragonesa y ha tenido un efecto multiplicador que se ha materializado en un gran número de actividades, certámenes e, incluso, la entrada de la lengua en la Universidad. Y junto a todo ello, una enorme producción literaria y una fecunda investigación sobre la lengua aragonesa que han desarrollado oscenses, que lo son de nacimiento o de adopción, como Chusé Inazio Navarro, Miguel Santolaria, Ana Giménez Betrán, Carmina Paraíso, Paz Ríos Nasarre, Alberto Gracia Trell, Ana Cris Vicén, Zésar Biec, Chusé Mª Guarido, Fernando Vallés, Chuaquín Borruel, Rafel Barrio, Chuaquín Castillo, Fabián Castillo, Chesús Giménez Arbúes o Luis Cavero Abadías. Y pido perdón por los inevitables olvidos, que seguro he cometido pero que en ningún caso son intencionados. Más recientemente, el propio ayuntamiento puso en marcha la Oficina de Lengua Aragonesa, con una profunda vocación comarcal, a fin de promover nuestro idioma, aunque tras los últimos movimientos políticos del concejo no podemos estar muy seguros de que en un futuro inmediato se siga apostando por la cultura autóctona.

Llegados a este punto, me pregunto cómo es posible que el propio ayuntamiento de Huesca le declare la guerra a una lengua de la que debería estar orgullosa, de la que debería reivindicarse como su capital y a la que debería mimar e impulsar con decisión. Aragón tiene una triste historia de pérdida de identidad que viene de la mano de algún tipo de complejo que no acabo de comprender. Terminaremos perdiendo la lengua, las jotas, los paloteados y la gastronomía.

Lo que sí que tengo claro es que aquellos concejales que votaron para que se retiraran los carteles de bienvenida en aragonés no se lo habrían planteado si en ellos dijera Welcome. Yo me encuentro ahora como si no fuera tan bienvenido a Huesca, aunque ya sé que es solo una parte de la ciudad la que no me da la bienvenida. Con su pan se lo coman… pero vayan aprendiendo inglés, que si no defiendes lo tuyo ya vendrá alguien de fuera que sí lo hace.

27 octubre, 2019

Autor/Autora

Integrante de la Plataforma Charramos Aragonés (@AragonCharramos).


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