¿Y si ganamos?

20 octubre, 2026. 06:27

Sí, ya sé, ya sé. Todas las encuestas dicen lo contrario, los ánimos están decaídos, la derecha envalentonada. Pero, ¿y si ganamos? ¡Lo que nos íbamos a reír! Yo, sólo de imaginar las caras de estupor y decepción primero, los gusarapos saliendo por sus boquitas de piñón después (porque ya sabemos que dirán que han sido funcionarios cubanos los que, a la luz de una vela, han manipulado el proceso electoral, que el espíritu de Mari Carmen, a pesar de que la asesinara el Perro Sanxe, ha ido cambiando votos urna por urna o que los de Correos se han fumado todas las papeletas de la derecha) noto cómo se me dibuja una sonrisa en los labios. Ya estoy viendo a Feijóo pidiendo plaza de grumete en el yate de Marcial Dorado, a Abascal solicitando el ingreso en las Fuerzas Armadas (eso sí, con horario de 13 a 13.15, que a trabajar hay que acostumbrarse poco a poco y son muchos años sin dar palo al agua), a Ayuso yendo a Sol para decirles a los perroflautas que les pasea gratis a sus canes. Vaticino por nuestra parte un mes de buen humor, con la risa a flor de piel, y por el suyo, lipotimias e ingresos por urgencias en cualquier clínica Quirón que esté a mano (derecha y alzada).

Bueno, me seco las lágrimas y dejo de desvariar. Pero no voy a dejar de decir que vamos a ganar. ¿Por qué? Por muchos motivos. Porque también pensábamos en las anteriores que era muy difícil, porque les ganamos una moción de censura sin que se lo esperaran, porque, como decía en mi anterior artículo, nunca se sabe por dónde va a ir la historia. Tenemos a media Europa del sur en pie de guerra contra la miseria que provoca el capitalismo. ¿Alguien lo esperaba hace un mes? Excepto Monedero, nadie. Pues eso.

Pero sobre todo hay un motivo que me lleva a decir, muy alto, con muchas ganas, rebosando de optimismo, que vamos a ganar. Y es que el primer paso para perder es pensar que vas a perder. Los que hemos practicado algún deporte, en mi caso el balonmano, lo sabemos perfectamente. Si sales a la pista pensando que te van a vapulear, lo hacen. Y eso lo saben perfectamente nuestros adversarios que están utilizando todas sus herramientas para derrotarnos antes de las propias elecciones. Es cierto, de nuestra parte también hemos puesto para colocarnos en una mala posición, pero eso hay que olvidarlo ya, dejar de mirar al de al lado, morderse los labios si se lee alguna tontería (o muchas, que es lo normal) y centrarse en lo importante: que no se pierda un solo voto.

Lo advierto, quien me venga con que no va a votar, que está decepcionada, que el gobierno ha hecho menos de lo que esperaba, se va a encontrar con una chapa en condiciones. Lo primero que le diré es si prefiere que, con su abstención, el fascismo tenga más opciones de llegar al poder. Lo segundo, que mire el contexto internacional y me diga qué gobierno encuentra que haya tenido el valor de denunciar a Israel o enfrentarse a EEUU (sí, sé que se podía haber hecho más, pero también sé que somos referente para mucha gente de fuera de España). Lo tercero, que piense qué habría pasado en este país si hubiera sido la derecha quien hubiera tenido que gestionar la pandemia del COVID, un terremoto, una guerra, etc. Hemos visto cómo gestionaron PP y Vox la Dana de Valencia, su desvergüenza criminal, o cómo abordó Ayuso la cuestión de las residencias en Madrid. La diferencia es sideral. Lo cuarto que diría es que si con el Ministerio del Interior en manos de este gobierno la policía actúa como actúa, ¿qué ocurrirá el día en que PP y Vox den vía libre a sus perros de presa? Da miedo pensarlo. Y si el interfecto continúa irreductible, seguiré aumentando mis argumentos, porque me quedan muchos. Porque sí, yo también ha habido momentos en los que me he enfadado mucho con este gobierno, que he sentido una profunda vergüenza ante la corrupción, pero también sé que con PP y Vox España estaría aplaudiendo el genocidio de Gaza, colocándose como felpudo a los pies de Trump, recortando derechos a siniestro y siniestra.

Cambiemos el chip. Pensemos que es posible ganar, porque lo es. Está en nuestras manos hacer ver a nuestro entorno que no estamos ante unas elecciones normales, sino ante un proceso que puede cambiar, para mal, nuestras vidas. No permitamos que nuestras desesperanzas, que son muchas, y de las que prometo que hablaré aquí al día siguiente de las elecciones, se conviertan en la esperanza de aquellos que pretenden acabar con toda esperanza. Recordemos la historia.

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