Villalar, siempre Villalar: quinientos años de la Revolución Comunera

En el V Centenario de Villalar entonamos el Canto de Esperanza, convertido en himno comunero: “Común ha de ser el sol/ Común ha de ser la Tierra/ que vuelva el Común al pueblo/ lo que del pueblo saliera”

Pendón castellano gigante en la Plaza Mayor de Villalar de los Comuneros | Foto: Rastrojo

Castilla tiembla de miedo ante los embates del Régimen del 78, que fraccionó su territorio en cinco taifas de la España centralista, “atada y bien atada”. Pero el lema “Castilla entera se siente Comunera”, late y latirá siempre en el corazón de los hombres y mujeres de este fragmentado territorio, para rescatar el espíritu republicano, los anhelos de Justicia, la democracia plena, el Común y las Libertades. El afán por crear un nuevo orden comunitario se basa en la confraternidad de las ciudades, villas y aldeas, aferradas al mutualismo tradicional de todos los estamentos sociales. Confraternidad extensible a todos los pueblos de España, tal como se proclama, año tras año, en las campas de Villalar, desde la caída del franquismo y la seudo-transición que configuraron el detestable Régimen del 78.

Pese a las artimañas financieras del astuto emperador y a su ilimitada crueldad, (mandó quemar la ciudad de Medina del Campo), Castilla entera se levantó en armas en pro de la Justicia y en defensa de las Libertades. Valladolid y Burgos apoyaron en principio al tirano rey y a la oligarquía mercantil, adhiriéndose posteriormente Valladolid a la Junta de Tordesillas, -legítimo órgano de representación de todo el pueblo-, constituida en Comunidad Juramentada, para la defensa del Común. Los nobles apoyaron militarmente al rey corrupto, y en justa respuesta se creó la Primera Junta Legítima de Toledo, Salamanca y Segovia.

Las Hermandades Comuneras se afianzaron en: la defensa del Común, la participación del pueblo, la institucionalidad, la rendición de cuentas, la autonomía de las ciudades…, y propugnaron acabar con el terror inquisitorial. El obispo Antonio Acuña prendió la mecha revolucionaria en la Tierra de Campos, siguiendo los pasos de Padilla, Bravo y Maldonado, mientras María de Pacheco encabezó la resistencia en Toledo, tras la derrota de Villalar. Pese a todo, la revolución comunera no murió con la decapitación de los líderes rebeldes, sino que se afianzó en el Común a través de pequeñas repúblicas: las Comunidades de Villa y Tierra.

A partir de los años 1960 se ha hecho una revisión continua para desacreditar a los Comuneros, cuando es irrefutable el reconocimiento universal, que “fue la primera revolución moderna de Europa”. Karl Marx, Maravall, Joseph Pérez, Pablo Sánchez León, José L. Villacañas, Luis López Álvarez…, apoyaron esta tesis frente al infundado revisionismo de Marañón y Ángel Ganivet. Comparativamente, “para los liberales del siglo XIX, la muerte en el cadalso de Juan de Lanuza, -el Justicia de Aragón-, el 20 de diciembre de 1591, fue como la muerte de los Comuneros”. Felipe II conculcó los Fueros de Aragón, como su padre Carlos V acabó con las Libertades de Castilla. (De Jesús Gascón Pérez, “Alzar banderas contra su rey”).

Para colmo se anuncia la llegada del actual rey Felipe VI a Villalar, con el fin de presidir los actos conmemorativos de los quinientos años de la Revolución Comunera. Como castellanos y comuneros lo consideramos la mayor afrenta a los “súbditos” y a la Matria-Patria-Fratria de Castilla. Al mismo tiempo se siguen prodigando los homenajes a Carlos V, con los pendones que él no pudo quemar; en tanto la gran Castilla fraccionada ha sido convertida en patio trasero de Madrid.

Un tsunami de purines apesta el aire, el agua y la Tierra de nuestros lares: la Casa Común. Abundan proyectos extractivos de uranio y metales tóxicos. La agricultura química envenena la Tierra y el agua, víctimas de nitratos, arsénico, glifosato… Un programado genocidio silencioso.

Aprovechamos el V Centenario de Villalar y el décimo aniversario del 15-M: ¡¡Rebelaos!!, para continuar la lucha por la defensa del Común, el republicanismo activo, la Justicia y las Libertades, con el fin de fortalecer los lazos solidarios con todos los pueblos de España y configurar el nuevo orden, frente al viejo Régimen. Entonamos el Canto de Esperanza, convertido en himno comunero: “Común ha de ser el sol/ Común ha de ser la Tierra/ que vuelva el Común al pueblo/ lo que del pueblo saliera”.

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