Verano y calor, tiempo de insectos

Para conocer la fauna ibérica, sabemos ¿qué papel desempeñan los insectos en el entramado de la biosfera?

24 julio, 2026. 10:20
Pulgones vigilados por hormigas en una hoja de lampazo en la ribera del Ebro. Los pulgones se alimentan de la savia de las plantas y segregan una melaza que aprovechan como alimento las hormigas, las cuales los defienden activamente de depredadores | Foto: José A. Domínguez

Recientemente, las páginas de divulgación científica informaban del hallazgo de cuatro nuevas especies de moscas en Andalucía durante un trabajo de seguimiento rutinario de mosquitos que transmiten el virus del Nilo Occidental. Se trata de unas diminutas moscas de apenas 2 mm, de alimentación hematófaga, es decir, que se alimentan de sangre de aves y mamíferos, las cuales habían caído en las trampas que se colocan para capturar los mosquitos. Dichas moscas eran desconocidas para la ciencia y han sido descritas, catalogadas y nombradas científicamente.

El hallazgo de estas especies por parte de biólogos de la Estación Biológica de Doñana en Sevilla abre nuevas vías de investigación para conocer su importancia en la transmisión de parásitos, aspecto del máximo interés en el sector sanitario y veterinario. Pero también debe hacernos reflexionar sobre lo lejos que estamos todavía, en un Estado que se dice europeo y desarrollado, de conocer la fauna ibérica, en este caso, insectos y cuál es el papel que éstos desempeñan en el entramado de la biosfera.

¿Quiénes son los insectos?

Repasando los libros de la ESO recordaremos que los insectos son organismos invertebrados del filo o rama de los artrópodos (patas articuladas) y que poseen un esqueleto externo de quitina. Constituyen la Clase Insectos y se caracterizan por tener el cuerpo dividido en tres partes: una cabeza con antenas; el tórax con tres pares de patas y dos pares de alas, que pueden estar reducidas o ausentes, y el abdomen. Se calcula que actualmente en el mundo son conocidas y están descritas por la ciencia un millón doscientas mil especies de insectos. Su relevancia queda patente considerando que todas las especies conocidas del reino animal son un millón ochocientas mil.

Suelen ser protagonistas de noticias alarmantes. Por un lado porque su proliferación causa perjuicios, como la mosca negra, que lleva a algunas personas a urgencias, o los mosquitos que transmiten parásitos como el virus del Nilo o la leishmaniasis canina, o las langostas que han abundado este verano en algunas zonas agrícolas de Monegros. Y por otro lado, en cambio, preocupa el declive de abejas y mariposas porque pone en riesgo la polinización de cultivos y la producción agrícola.

Los insectos constituyen un grupo muy amplio y diversificado y su papel en la biosfera es trascendental ya que no sólo algunos grupos son agentes polinizadores sino que otros son descomponedores de materia orgánica muerta y muchos son el alimento de otros invertebrados como las arañas y de vertebrados como las aves insectívoras, murciélagos, peces, anfibios y reptiles.

La Clase Insectos se subdivide en treinta órdenes. El Orden Coleópteros es el más numeroso con 400 000 especies descritas y lo conforman los escarabajos: luciérnagas, mariquitas, gorgojos, escarabajos peloteros. Le sigue en amplitud el Orden Lepidópteros, con 150.000 especies de mariposas y polillas y, en el mismo rango, el Orden Himenópteros con abejas, avispas y hormigas y el Orden Dípteros con moscas, mosquitos y típulas. A mayor distancia, otros grupos no menos importantes son el Orden Hemípteros de los chinches de campo, chinches de las camas y pulgones; Ortópteros de grillos y saltamontes y Odonatos, de libélulas y caballitos del diablo.

Los insectos son estudiados por los entomólogos. La diversidad de grupos y especies es tal que estos expertos se aplican en estudiar un orden como puede ser el de los coleópteros o el de las mariposas e, incluso se especializan en categorías inferiores como polillas, hormigas o moscas.

Unas relaciones complejas

Las relaciones que establecemos los humanos con los insectos son contrapuestas y cambiantes. En algunos casos se hacen intensos esfuerzos por eliminar y controlar algunas especies que ponen en riesgo la salud humana, de los ganados o de los cultivos y se diseñan sustancias químicas de carácter biocida con resultados polémicos. Así, cabe recordar cómo el DDT, un compuesto organoclorado, se utilizó profusamente a mediados del siglo XX contra los mosquitos para erradicar la malaria pero, progresivamente, se prohibió su uso al comprobarse que era una sustancia de carácter bioacumulativo y afectaba de forma creciente a los seres vivos en la pirámide trófica, incluidos los humanos. Actualmente, otros insecticidas como los neonicotinoides, derivados artificiales de la nicotina, muy utilizados en agricultura y jardinería contra insectos considerados plaga, también están en entredicho pues destruyen a especies beneficiosas y se les responsabiliza del declive de las abejas.

Mientras se lucha contra unos, por el contrario, se trabaja por proteger y favorecer otras especies de insectos que nos proporcionan alimento de forma directa, como las abejas melíferas o, de manera indirecta como mariposas, abejas y abejorros silvestres los cuales polinizan plantas de interés agrícola como frutales, leguminosas, girasoles, calabazas o melones. Pero no sólo los cultivos necesitan polinizadores, también muchas plantas silvestres dependen para su reproducción de himenópteros, escarabajos o mariposas los cuales mantienen la biodiversidad vegetal y la salud de los ecosistemas.

Oxythyrea funesta sobre flor de malva silvestre en la huerta de Zaragoza. Se trata de un coleóptero propio del sur de Europa y norte de África, habitual en la península ibérica | Foto: José A. Domínguez

En esta disyuntiva se presenta un tercer escenario que es el interés por incorporar insectos a la alimentación humana y animal. En algunas partes del mundo los insectos forman parte habitual de la dieta pero, en nuestra cultura, se comienza a plantear esta opción, con todo lo que supone una nueva vía de explotación animal, lo conlleva la cría masiva de estos animales para consumo humano y piensos de animales, el problema de los escapes al medio natural y concertar una legislación específica. Actualmente en el Estado español se crían y comercializan, para suministrar a centros de fauna, ejemplares de langosta migratoria (Locusta migratoria), grillo doméstico (Acheta domesticus) y larvas del gusano de la harina (Tenebrio molitor) y del escarabajo del estiércol (Alphitobius diaperinus).

Al redactar estas líneas ha surgido en el Estado francés la noticia del amago de dimisión de la ministra responsable de medio ambiente al levantar su Asamblea Nacional la prohibición de uso de dos insecticidas que están autorizados en la Unión Europea pero en Francia estaban vetados debido a la presión ciudadana. Se trata de un neonicotinoide y un butenólido, empleados en frutales y hortalizas y con indicios de afectar especies no objetivo y a la salud humana. Las presiones del sector agrícola francés han logrado posibilitar su uso contra plagas de los cultivos de avellana, manzana y remolacha. Este caso es muestra de la complejidad de las relaciones que entablamos con los insectos y con la naturaleza en general, con avances y retrocesos.

El declive de los insectos

La información sobre las tendencias poblacionales de los insectos es fragmentaria y todavía escasa, pero los seguimientos en Europa de determinados grupos de insectos muestran un declive muy acusado y se cree que, en regiones tropicales, puede ser mayor. Un hecho que confirma el declive, fácil de constatar y que también alerta a los científicos, es la reducción de insectos que chocan con los parabrisas de los automóviles cuando se realizan desplazamientos largos.

Las actividades humanas y los nuevos patrones climáticos están alterando la distribución y abundancia de los insectos. El arsenal de sustancias insecticidas que se aplican en la agricultura y ganadería convencionales contra especies consideradas plaga es inmenso y su efecto sobre otros insectos y artrópodos es devastador. A ello se suma la destrucción de hábitats naturales por urbanización e infraestructuras, el empleo en parques y jardines de árboles y arbustos exóticos que no son reconocidos ni accesibles a la entomofauna local, a lo que se suma la llegada de especies invasoras como la avispa asiática (Vespa velutina) que depreda sobre las abejas melíferas o el escarabajo picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) cuyas larvas destruyen las palmeras. Ambos insectos, de origen asiático, están en expansión por la Península.

Cartel del Gobierno de Aragón de la campaña de control de la avispa asiática invasora para ayudar en su identificación respecto de las avispas autóctonas

Ante el declive de los insectos comienzan a ponerse en marcha medidas que recuperen el equilibrio natural. Así, las nuevas prácticas agrícolas proponen mantener márgenes y setos con plantas silvestres que sirvan de refugio a insectos depredadores de especies plaga para mantener niveles bajos de infestación, en vez de aplicar continuamente plaguicidas, ya que las plagas desarrollan resistencia a los insecticidas tras sucesivas aplicaciones. El objetivo es fomentar la fauna auxiliar, no sólo de insectos sino también de pájaros, arañas y otros animales que mantengan a raya los insectos susceptibles de convertirse en plaga.

En otros casos se recurre al uso de trampas para capturar a los machos mediante cebos impregnados con feromonas femeninas para atraerlos. En algunas regiones del mundo, con graves problemas de enfermedades causadas por moscas parásitas o transmitidas por mosquitos, se crían millones de machos estériles, pero que mantienen la capacidad de aparearse, y se liberan en el medio natural con lo que las puestas de las hembras no son fértiles, logrando una importante reducción de las poblaciones. Todas estas intervenciones forman parte de la denominada lucha biológica, una amplia gama de métodos que reducen el uso de pesticidas y evitan contaminar suelos, aguas y generar resistencias.

En el caso de la jardinería urbana y doméstica también se camina en esa dirección. Se liberan insectos como mariquitas y crisopas que son activos depredadores de pulgones, o avispillas que parasitan orugas defoliadoras, se mantienen áreas sin desbrozar, se crean refugios de biodiversidad o se instalan hoteles de insectos para favorecer la fauna auxiliar. Incluso, en arquitectura, se diseñan ladrillos para exteriores con cavidades específicamente calculadas para que se instalen abejas solitarias, las posibilidades son numerosas aunque estas experiencias son todavía muy minoritarias en nuestro entorno.

Los insectos son esos bichos que, con el calor del verano los encontramos por doquier, en el campo, en el parque o incluso dentro de casa y con los que entablamos muy diferentes relaciones. La lista de especies conocidas es inmensamente larga y no para de crecer. Recientemente se han publicado nuevas estimaciones sobre el número de especies de insectos. A partir de muestreos y cálculos estadísticos los científicos afirman que puede haber en el planeta entre 14 y 40 millones de especies de insectos y que muchas se extinguirán antes de encontrarlas. Ello da idea de lo que falta por investigar, no sólo para descubrir las nuevas especies sino saber cuál es su función en la red de la vida.

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