#8MHuelgaFeminista  Altavoz

Una mochila de 40 años, más cargada para las mujeres

Las mujeres con largas carreras de cotización hemos sufrimos una mayor carga en ese trayecto. El derecho a una pensión sin recortes, si debemos anticipar nuestra jubilación, debe ser igualmente reconocido en hombres y mujeres, pero unos salarios normalmente inferiores y un mayor desgaste físico y psicológico, hacen, si cabe, más urgente en nuestro caso, el reconocimiento de un enorme esfuerzo.
| 8 marzo, 2019 11.03
Una mochila de 40 años, más cargada para las mujeres

El 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer. No parece que pueda ser un día para celebrar, aún nos queda mucho, pero sí para reivindicar. Para reclamar todo aquello a lo que las mujeres tenemos derecho como seres humanos, como personas. Es un día para gritar a los cuatro vientos, o si hace falta, que seguramente también, alrededor de la mesa de la cocina de nuestra intimidad familiar, que deberíamos gozar de esos mismos derechos sociales, políticos, legales y económicos que todos los seres humanos nos hemos dado para organizarnos, tengamos el género que tengamos.

Esto, que parece una obviedad en pleno siglo XXI, al menos en nuestra cultura occidental, realmente está muy lejos de serlo. Todas las mujeres sabemos que cada día de nuestra vida tenemos que recordárselo a alguien. El 8 de marzo de cada año lo hacemos unidas, y eso sí es motivo de celebración. Como mujeres, podría enumerar una multitud de agravios: en nuestros salarios; en nuestro derecho al ocio y al descanso; en nuestro derecho a las mismas oportunidades sin tener que demostrar que lo hacemos mejor que cualquier hombre, sino solo igual; en nuestro derecho a equivocarnos sin escuchar eso de “mujer tenía que ser”, a no tener que ser “perfectas” “siempre” como profesionales, como madres, como parejas; en el derecho a nuestra integridad física, especialmente, a nuestra integridad física… Podría seguir, pero todos (digo “todos” en masculino) sabéis a qué nos referimos las mujeres cuando nos unimos para reivindicarnos. Aunque a algunos hombres parezca que les cuesta entenderlo, no es así, es simplemente que les cuesta tener que renunciar a parte de su poder y tener que compartir algunos privilegios. Dentro del inmenso colectivo de mujeres “agraviadas” quiero dedicar de manera muy especial estas líneas a las mujeres de nuestra asociación “Jubilación anticipada sin penalizar con 40 o más años cotizados (ASJUBI40)”.

Por varias razones. La primera, evidente, que estoy entre ellas y conozco nuestra realidad. Pero también, y sobre todo, porque somos una generación que representa de manera contundente la realidad de las mujeres en las últimas décadas y la pesada y prolongada carga que hemos llevado encima. Cuando niñas, en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, tomaba impulso de nuevo el movimiento feminista. Nosotras bebimos de esa cultura de liberación de la mujer y la mayoría nos involucramos de algún modo en ella. Eso significaba, en primer lugar, que queríamos desarrollar todas nuestras capacidades como personas y ejercer nuestra libertad en un mundo “muy poco dispuesto” todavía a permitir que las mujeres tomáramos el protagonismo.

Nos enfrentábamos a todas las barreras culturales, sociales, laborales y domésticas que se puedan imaginar. Pero en el caso de nuestro colectivo, mujeres que hemos trabajado durante más de 40 años, parece que iba a ser más difícil aún. Queríamos no ser dependientes económicamente de un marido ni ser “mujeres objeto”, queríamos tener profesiones cualificadas y desarrollar todas nuestras potencialidades, queríamos tener el control de nuestras vidas.

Primera dificultad. Nuestras circunstancias familiares no permitían mandar a la niña a la Universidad, así, sin más. No íbamos a ser una carga para nuestros padres. Es más, seguramente, nuestras jovencísimas manos podrían servir ya para teclear en una máquina de escribir o atender llamadas en los despachos de unos señores (que, con toda seguridad, serían del género masculino) y llevar un sueldo a casa. Éramos adolescentes pero nuestro primer sueño de liberación se estaba yendo al traste porque el trabajo al que íbamos a tener que acceder no era precisamente en el que estábamos pensando. Eran, la mayoría de veces, trabajos“complementarios” a los de los hombres, digamos, de segundo plano. No pasaba nada. Teníamos muchas ganas. Lucharíamos, nos esforzaríamos el doble. Y cogimos esos trabajos y llevamos el sueldo a casa; y muchas de nosotras nos apuntamos a los nocturnos en la Universidad y en las escuelas para seguir formándonos, ¡no íbamos a estar toda la vida de mecanógrafas! Segunda dificultad. No todas las carreras permitirían una dedicación a media jornada. Nadie imagina, por ejemplo, ir a trabajar hasta las 5h de la tarde y estudiar medicina, arquitectura, ciencias puras o ingeniería, en el nocturno. Vale, no todo iba a poder ser, pero seguramente sí podríamos con otros estudios: las ramas sociales, la psicología, el derecho, el magisterio, la enfermería… Muchas de nosotras conseguimos nuestras titulaciones universitarias “más accesibles”.

En otros muchos casos, ni siquiera esto era posible, por horarios laborales, lejanía de los centros de estudio u otras causas.Y mientras tanto, como no podía ser de otro modo, seguíamos trabajando (y cotizando solidariamente).

Con cierta condescendencia, nuestros jefes nos dieron algunas responsabilidades, o se las arrancamos con pequeñas batallas. Dimos algunos pasos en nuestras trayectorias profesionales. Seguramente muchas de nosotras iniciamos una vida de pareja. Y ahí llega la tercera dificultad. La casa y las tareas domésticas eran –y en mucha medida siguen siendo– nuestro exclusivo territorio. Y estar al 120% en el trabajo fuera de casa para resultar más competitivas, después de haber lidiado con la compra, la cena, la comida, la limpieza, la plancha, etc. etc. no siempre resultaba fácil. En realidad, era extenuante y muchas veces tirábamos la toalla y nos quedábamos intencionadamente en territorios digamos… “de segunda o tercera línea”. No he dicho estar al 100% porque con el 100%, las mujeres en el entorno laboral hasta hoy no nos hemos comido ni una rosca, y perdón por la expresión. Y vamos con la cuarta dificultad.

Nuestra maternidad. Desde luego, fue una conquista histórica que las mujeres pudimos comenzar a decidir si ser madres o no. Pero muchas de nosotras no queríamos renunciar a ella. ¡Cómo no íbamos a poder ser las mejores profesionales, las mejores parejas y, además, las mejores madres! Y recordad, somos las mujeres de ASJUBI40 (con largas carreras de cotización), lo que quiere decir que hemos trabajado fuera de casa y “cotizado”más de 40 años. ¿Eso qué significó? Que no pudimos cogernos una excedencia para criar a nuestros hijos, ni siquiera en su primera etapa. La mayoría de las veces por dos motivos, el primero económico, pero también porque nuestras empresas no veían con muy buenos ojos, si querías evolucionar profesionalmente, que hicieras parones en tu carrera para dedicar un tiempo a tus criaturas. Era una cosa o la otra. “Eran otros tiempos”. Y ahí estábamos nosotras con nuestra flamante recién inaugurada “liberación de la mujer”, haciendo ingeniería de organización para añadir a todo lo anterior, esto de conjugar horarios escolares y laborales, visitas al pediatra, ayuda con los deberes, reuniones con profesores a horas imposibles, por no entrar en cómo nos las teníamos que ingeniar para atenderlos cuando se ponían enfermos.

La palabra “conciliación” no estaba todavía en el diccionario de las mujeres de nuestra generación, de las mujeres de ASJUBI40. Por regla general, ninguna mujer lo ha tenido ni lo tiene fácil hoy día para romper ese techo de cristal blindado. Pero las mujeres de nuestro colectivo lo hemos sufrido y lo hemos intentado romper con todas nuestras fuerzas durante más de cuarenta años. ¡Y estamos algo cansadas! Todavía nos hemos tenido que enfrentar a algunas dificultades más casi al final de nuestra larga, larguísima carrera profesional, por el único hecho de ser mujeres.

Cuando han llegado las dificultades empresariales y había que adelgazar la partida de nóminas, siempre ha resultado más fácil prescindir de nosotras. Podría decirse que por una cuestión “cultural”. Nos hemos incorporado más tarde al mundo del trabajo remunerado y eso parece que significa menos derecho al trabajo, digamos que somos las “advenedizas”. También a algunos hombres, que toman las decisiones, puede parecerles que no somos el principal sostén de la familia. Todo esto es falso, pero está en el imaginario colectivo de nuestra sociedad “protagonizada por hombres”. Y hace más fácil “mandarnos a casa”.

También, por qué no decirlo, solemos ser más baratas de despedir. Hoy, con todo esto a nuestras espaldas, vemos recortadas nuestras pensiones cuando queremos acceder a ellas anticipadamente. Hemos peleado por ser mejores personas, por desarrollar todas nuestras capacidades, por ser independientes, por criar a nuestros hijos lo mejor posible. También para que las mujeres de las siguientes generaciones tengan un camino más fácil. Todo ello mientras hemos seguido levantándonos cada mañana para ir a trabajar, un día tras otro, sin descanso, durante más de cuarenta años.

En la asociación “Jubilación anticipada sin penalizar con 40 o más años cotizados” hay muchas, muchísimas mujeres. Muchas veces se nos oye poco. Esto también es cultural, no estamos educadas para la primera línea y a veces nos resulta difícil romper moldes. Los hombres de la asociación han peleado y luchado, claro que sí, mucho y muchos años. Pero las piedras que nosotras hemos cargado en nuestras mochilas de viaje quizá hayan sido algo más pesadas. Por eso, hoy, en este día, estas palabras de reconocimiento son “sólo” para todas nosotras.

8 marzo, 2019

Autor/Autora

Integrante de Jubilación Anticipada Sin Penalizar


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