Un semillero zapatista para derribar la gran pirámide del capitalismo

En el 32º aniversario del levantamiento zapatista, Chiapas acogió un “semillero” de reflexión y acción colectiva en el que el EZLN volvió a interpelar al mundo desde la autonomía, el pensamiento crítico y la construcción del 'Común' frente a la ofensiva del capitalismo global

Foto: Karlos Andión Echarri

Es viernes 26 de diciembre y una enorme cola se está formando a las puertas del auditorio en el que en media hora va a tener lugar el acto inaugural de los encuentros que el neozapatismo celebra en estos últimos días del año en Chiapas. Este semillero, como lo han bautizado en su habitual tono metafórico, de “pirámides, historias, amores y, claro, desamores”, es un espacio para la reflexión pero que invita a la acción, desde lo cotidiano y con la vista puesta más allá de lo inmediato. Un seminario que se entiende como intercambio de ideas y no como competencia entre ellas, que no busca seguidores sino compañeros y alimentar otras resistencias. 

El evento se enmarca en el 32° aniversario del levantamiento del EZLN. Nos encontramos dentro del centro indígena comunitario y universidad de la tierra CIDECI, situado en una humilde barriada al norte de  la ciudad chiapaneca de San Cristóbal de las Casas. A las 19:00 de la tarde el auditorio está a rebosar. Pocas caras al descubierto: a los pasamontañas de los zapatistas se añaden mascarillas, pañuelos o kufiyas entre buena parte de las personas que aguardan el comienzo del acto, siguiendo así las recomendaciones de la organización debido a la alerta en Chiapas por un brote de sarampión registrado la semana anterior. De acuerdo al último parte con el que cuenta la dirección zapatista, se han registrado 886 asistentes procedentes de 38 geografías diferentes (la cifra irá incrementándose los días siguientes), sumados a más de medio millar de militantes zapatistas venidos de numerosas comunidades. 

Entre quienes llegan de fuera hay brigadistas y simpatizantes del Ejército Zapatista y del Congreso Nacional Indígena. Un público no exento tampoco de un cierto turismo revolucionario ni de gente curiosa que se ha acercado desde los muchos hostales y albergues de la ciudad, sin duda imantados por el atractivo que todavía ejerce el símbolo de lucha y rebeldía creado en torno a ese campesinado indígena que el 1 de enero de 1994, coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, tomó las armas en defensa de la tierra y la autonomía y para liberarse de siglos de opresión y pobreza. Su lema de “democracia, justicia y libertad” se convirtió de inmediato en un estandarte de la lucha contra la globalización y el neoliberalismo, y el elocuente subcomandante Marcos en vocero de una revuelta que despertó gran simpatía en Europa o Norteamérica. Todo ello quedó plasmado en la contracultura que ha educado a varias generaciones activistas: películas y documentales, canciones punk o publicaciones y merchandising en ferias alternativas.

En un (hasta cierto punto comprensible) ímpetu por depositar esperanza en las nuevas luchas de un viejo idealismo, quizá hubo quien se excedió en su paternalismo o mitificación, similar a la ocurrida dos décadas después en Kurdistán, con el consiguiente afán de apropiación de estas luchas desde prismas occidentales. “Ha habido incluso quien ha venido a explicarnos a los zapatistas qué es el zapatismo”, ironiza el ahora rebautizado como capitán Marcos, quien, sin embargo, con su icónica pipa y su distintivo discurso cargado de símiles e historietas, a medio camino entre lo poético y lo anecdótico, lo filosófico y lo humorístico, sigue siendo un evidente icono vivo de la cultura revolucionaria, por mucho que él mismo quisiera matarlo para no personalizar el neozapatismo. 

Subcomandante Moisés y capitán Marcos | Foto: Karlos Andión Echarri

El otrora subcomandante logra un silencio sepulcral, entre emoción y admiración, durante la hora que dura su lectura. A su lado se encuentra el subcomandante insurgente Moisés, actual portavoz del EZLN tras Marcos, relevo que se gestó un 12 del 12 del 2012 y que ha derivado hacia un achatamiento de la jerarquía zapatista y a la descentralización política, fortaleciendo la democracia participativa a nivel interno, según el análisis de la propia comandancia. Dos decenas de zapatistas permanecen inmóviles tras la mesa escoltando y arropando a sus líderes. A las puertas del auditorio, medio centenar más custodian la puerta de acceso más próxima y escuchan la intervención a través de los altavoces repartidos por todo el recinto y edificios del CIDECI. En el exterior, un mercadillo se extiende con decenas de puestos de comida preparada por familias indígenas, ropa para financiar un quirófano zapatista, librerías alternativas, arte, textiles, carteles o artesanías y productos de distintos puntos del mundo.

El capitán Marcos va sucediendo sus análisis de forma hilada e hipnotizante, hablando sobre la pandemia de la inmediatez, la crisis del Estado nación y el papel en ella del gran capitalismo financiero, la importancia del pensamiento crítico (“sin él toda acción política se debate entre la ingenuidad y el cinismo”) o la crítica a las burocracias partidistas y a la inocuidad de los llamados gobiernos progresistas frente a la pirámide capitalista (¿por qué el beneficio de la duda que nunca daríamos a que una cubeta se transformara por arte de magia en una lavadora eléctrica, como ocurría en un antiguo comercial de la televisión mexicana, sí lo damos a que un gobierno se convierta en el cambio verdadero?). Reivindica cada lucha, por pequeña que sea, contra cualquiera de las cabezas de la hidra capitalista, porque a la vez lo es contra la gran cabeza madre. 

También tiene cabida un extenso análisis internacional, en una nueva etapa del capitalismo en la que el “cinismo es su distintivo”. En su repaso histórico de las resistencias indígenas, señala la actual connivencia de Claudia Sheinbaum con los Estados Unidos: “Si creen que el gobierno mexicano exigirá disculpas a Trump por la guerra de 1847 esperen sentados”. Del mismo modo que ideologías tradicionales y luchas políticas al otro lado del charco han querido abanderar el zapatismo, el afán de este por buscar analogías de su lucha por el 'Común' en todo rincón donde exista opresión, sitúa ahora al capitán en un terreno algo resbaloso, en tanto al riesgo que habría de dar un patinazo al citar demasiado seguido a Netanyahu y a Hamas para hablar de terrorismos, o a Venezuela y Ucrania para referirse a las injerencias extranjeras. La idea que subyace a ello es no obstante el rechazo a la dicotomización en los tiempos del pro y del anti, la “obnubilación fanática por las partes” que simplifica el análisis político en un presente en el que la sombra de las guerras se cierne sobre el planeta entero.

Foto: Karlos Andión Echarri

Le sigue con un discurso menos leído el subcomandante Moisés, más pausado a la hora de formular sus ideas. Es tal vez un indicio de que, como señala su compañero, los idiomas de raíz maya son ahora los utilizados en la mayor parte de las comunidades zapatistas y en la totalidad de la dirección (con la castilla —castellano— solo como apoyo vehicular entre las distintas lenguas indígenas). Esto subraya la importancia de pensar y comunicarse en la lengua originaria para construir la autonomía. El Sub Moi relata las conclusiones que han extraído de la gira europea (continente que renombraron como Slumil K'ajxemk'op o tierra insumisa) que una delegación zapatista realizó en 2021. Reflexiona en torno al concepto de “primermundismo”, que no es sino otra forma de control y dominación, incluso mayor; un mismo capital a distintos niveles. Se sorprendieron de que en países europeos haya que comunicar el motivo o duración de una protesta, que los espacios de lucha no sean intergeneracionales, que decenas de miles de manifestantes marchen durante horas para que al finalizar solo se lea un breve texto de quince minutos, que luego sean solo unas pocas decenas las que llevan resistiendo meses en defensa de la tierra, o que los gobernantes sean los que deciden hasta qué tienes que sembrar.

Habla largo y tendido, en un tono cercano y que suscita fascinación entre el público, sobre el origen del 'Común', y advierte de la proximidad de una doble tormenta: la agresión capitalista a la madre tierra y la respuesta que esta última empieza a desatar. Frente a ello, afirma el subcomandante, los “buenos” gobiernos se han mostrado ineficaces y la única forma de sobrevivir es mediante el pueblo organizado. 

Es ahí donde reside la preocupación del neozapatismo: en lo práctico, en construir desde ello la no propiedad. Lo más difícil para el 'Común', para derribar la pirámide del capitalismo, es precisamente el individualismo que llevamos penetrado hasta el tuétano, puesto que no hay manual más allá de lo que nos ha enseñado el propio sistema, y es por eso que en los propios hechos es donde nacen los mundos no capitalistas, abajo a la izquierda. Y esta autodeterminación, que llevan poniendo en marcha y perfeccionando durante tres décadas, es la que para los zapatistas sí funciona y, “si hay otra forma”, añade el subcomandante Moisés, “pónganla en marcha en el lugar de donde vinieron y demuéstrenos para poder mejorar”. 

Hasta el aniversario del levantamiento armado, 1 de enero, el semillero continuó en un ambiente de internacionalismo, con conferencias de diversos ponentes, combinadas con intervenciones del capitán y el subcomandante, que ofrecieron pinceladas sobre el funcionamiento, las prácticas, cotidianeidad y amores y desamores del zapatismo. 

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