Altavoz

Un PP volcado a la (extrema) derecha

El discurso de Pablo Casado en la Convención del Partido Popular del pasado fin de semana acerca, aún más, las posiciones populares al argumentario de la extrema derecha y pide al votante de ésta que vuelva al PP
| 22 enero, 2019 17.01
Un PP volcado a la (extrema) derecha
Pablo Casado durante su intervención en la Convención del Partido Popular.

Con una versión épica, casi barroca, del himno del Partido Popular. Con la proyección de una bandera de varios metros de largo como fondo. Ondeando en bucle. Así salió al escenario Pablo Casado para clausurar la Convención Nacional del Partido Popular el pasado domingo. Ante ese escenario, el líder de los populares se mostró durante los casi sesenta minutos que duró su intervención final, como un alumno si no aventajado, al menos muy influenciado por la irrupción de la extrema derecha.

Tuvo quince minutos de auténtico ‘coacher’ al inicio de su discurso en los que trató de motivar a las masas, en especial a aquellos y aquellas mujeres que serán candidatas a las instituciones el próximo 26 de mayo bajo la marca popular. Alagó por igual a José María Aznar y Mariano Rajoy, saludó a la par a todas las familias populares. Como muestra de la supuesta pluralidad del PP se acordó también del presidente del Partido Aragonés Regionalista, Arturo Aliaga, que estaba presente; o de la controvertida, por sus vínculos con la ultraderecha, Societat Civil Catalana, también representada.

A la vista de lo dicho durante el fin de semana el pacto con la extrema derecha parece que será habitual en los próximos comicios. “El problema es la desunión de la inmensa mayoría que ama España y nosotros tenemos que ofrecernos como el punto de encuentro de esa gran mayoría que a veces se olvida que lo es, porque nadie se lo está recordando”, aseguraba Casado. “Queremos una mayoría centrada, con ambición de futuro, que quiera hacer cosas y que se una para hacerlas. Que rechace cordones sanitarios y exclusiones tácticas. Que anteponga los intereses de España”, proseguía el líder del PP, que advirtió a los votantes que lo que no se una en las urnas luego habrá que pactarlo, dando por hecho que las negociaciones en Andalucía no han sido un hecho casual.

Entre el nacionalismo y el conservadurismo reinantes hubo espacio para gotas de liberalismo. Casado recordó los cinco principios de lo que denomina “liberalismo conservador”: Nación, libertad individual, libre mercado, Estado de derecho y meritocracia. “Me gusta España, confío en su capacidad. Quiero un gobierno que ayude, no que bloquee. Un gobierno que favorezca, no que obstaculice. Un gobierno que acompañe, no que sustituya. (…) El nuestro será un gobierno compartido con los españoles. Cambiaremos España juntos. (…) Habrá menos poder, menos intervención y más libertad, porque la libertad es la respuesta a las tensiones territoriales. La libertad al callejón sin salida en el que se encuentran nuestros jóvenes. La libertad es la respuesta a la crisis, a la globalización…”. Cualquiera que oyera a Pablo Casado pensaría que todos esos problemas han surgido por la excesiva intervención de los Estados en el sistema económico o por el auge de los gobiernos de izquierdas a nivel mundial, en lugar de en el momento de menor regularización política de los mercados y de mayor representación parlamentaria de los diferentes tipos de ultraderecha alrededor del planeta.

La libertad para Casado es una palabra de uso exclusivo para asuntos económicos. Porque también pidió a sus candidatos que no apelaran al “voto útil”, sino que pidieran el “voto fuerte”, ante lo que consideró la “amenaza nacionalista” y la “rendición socialista”. Y en este tema, en el territorial, Casado se desbocó. Volvió a prometer la aplicación del Artículo 155 en Catalunya de forma indefinida; a exigir el control de los medios de comunicación públicos y la educación; a prometer la aplicación de la ley de partidos para la ilegalización de partidos independentistas, sin concretar si sería solo en Catalunya.

A partir de ahí argumentario sin base, al más puro estilo ultraderechista, como en la afirmación de que “el efecto llamada de Sánchez nos ha sumido en la peor crisis migratoria de la última década”, cuando tenemos la menor tasa de inmigrantes desde 2008; o en la aseveración de que el PP es “el partido que más ha hecho por las mujeres en España”, como por ejemplo pretendiendo volver a la ley del aborto de 1985. Con el tono subido tuvo espacio también para el guiño franquista el líder del PP: “Queremos hablar menos del Valle de los Caídos y más de Silicon Valley”, obviando que todavía hoy, 80 años después del final de la guerra y tras cuarenta de una débil democracia, sigue habiendo cerca de 120.000 personas desaparecidas que son encontradas solo gracias al esfuerzo de asociaciones y familiares.

Un discurso el de Casado que acerca al PP más si cabe hacia la extrema derecha en plena convención ideológica. Un discurso que fue aplaudido con alborozo por un José María Aznar que, a su vez, fue exageradamente aplaudido por la militancia del PP cuando aseguró que votaría al que sigue siendo su partido. Y es que claro, hay una sombra muy alargada, que no solo oscurece los discursos, también hace ver fantasmas entre las filas populares.

22 enero, 2019

Autor/Autora

Redactor. Integrante del Consello d’AraInfo. @maconejos


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