Después de varias semanas de lluvias, muy beneficiosa para los campos, la alimentación del ganado y el relleno de los acuíferos, la jornada de este domingo amaneció despejada y con una buena temperatura para el disfrute de las más de 500 personas que la Plataforma a favor de los paisajes de Teruel congregó para abrazar el corazón del Maestrazgo.
La actividad ha consistido en hacer una cadena humana rodeando el corazón del Maestrazgo, un paisaje particular en el término municipal de Mosqueruela, con el objetivo de reivindicar los paisajes de Teruel frente a la masificación eólica y fotovoltaica, que amenaza a algunos de ellos, como el Maestrazgo y esta zona de Gúdar – Javalambre, algo que ya es una realidad en otros lugares como la Sierra de Oriche.
A pesar de las reticencias, las obras para iniciar la construcción del antes llamado Clúster Maestrazgo, y ahora renombrado Clúster Teruel, por la empresa danesa Copenhagen Infrastructure Partners (CIP), parecen inminentes.
Sin embargo, más de 500 personas, desde todo Aragón —incluido un autobús organizado desde Zaragoza por la PDMA— y otros puntos de la península, se han acercado este domingo a Mosqueruela para formar parte de esta iniciativa en defensa de los paisajes. Entre gritos, cánticos, música y muchos chalecos amarillos, se han recorrido los aproximadamente nueve kilómetros entre ida y vuelta hasta llegar al Corazón de las Sargantanas.

El abrazo se ha grabado con un dron, cuyas imágenes serán pronto difundidas. Tras la vuelta se ha organizado una comida y un paseo hasta el mirador de la Ermita de San Antonio para observar desde ahí las afecciones que causaría el Clúster.
En concreto, el Clúster supondría la implantación de 85 molinos dentro de la Red Natura 2000 y 91 en espacios catalogados por el MITECO como espacios de exclusión para la instalación de centrales eólicas, aunque ha sido el propio Ministerio quien lo ha autorizado y ha emitido una declaración ambiental compatible.
Por eso, de la Plataforma Paisajes de Teruel insisten en qué esta destrucción "contribuiría a generar también un sentimiento de abandono en aquellos turolenses preocupados por la ocupación de sus terrenos por aerogeneradores y placas, para no saber muy bien qué hacer con la energía generada, o para mantener centros de datos de multinacionales extranjeras que nada saben ni les interesan estas tierras".
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