¿Travesía Central del Pirineo? No, gracias

Desde hace unas semanas ha vuelto a salir el tema de la Travesía Central de los Pirineos, ya que ciertos políticos creen que es necesaria para Aragón y su construcción debería ser una prioridad. Curiosamente son de los mismos partidos cuyos líderes pisan nuestra tierra una vez cada cuatro años e ignoran nuestra realidad y necesidades. Además, aprovechan esa petición para encubrir un mensaje de odio hacia Euskadi y Catalunya bajo la crítica de la “volatilidad” de sus pasos fronterizos. Desgraciadamente, parte de la población aragonesa cree este discurso. Ignoro hasta qué punto es por la creencia en una ideología …

Foto: Borja Lera Aused

Desde hace unas semanas ha vuelto a salir el tema de la Travesía Central de los Pirineos, ya que ciertos políticos creen que es necesaria para Aragón y su construcción debería ser una prioridad. Curiosamente son de los mismos partidos cuyos líderes pisan nuestra tierra una vez cada cuatro años e ignoran nuestra realidad y necesidades. Además, aprovechan esa petición para encubrir un mensaje de odio hacia Euskadi y Catalunya bajo la crítica de la “volatilidad” de sus pasos fronterizos.

Desgraciadamente, parte de la población aragonesa cree este discurso. Ignoro hasta qué punto es por la creencia en una ideología concreta o por desconocimiento, pero ¿Nadie ha escuchado o leído nada sobre Canfranc? Parece mentira que en plena era de la información, donde tenemos la información a un click de distancia, no sepan lo que es la TPC. Es más, me atrevería a preguntarles donde han estado todos estos años y si conocen un poco de la historia reciente de Aragón.

El sueño del paso transpirenaico por Canfranc comenzó en 1853 con “Los Aragoneses a la Nación Española. Consideraciones sobre las ventajas del ferrocarril del Norte por Zaragoza y Canfranc”, un manifiesto que recogía los argumentos más básicos a favor de esta conexión. Si bien es cierto que no contenía un apartado “técnico” que sustentase el planteamiento, era una declaración de intenciones en una España que comenzaba a tender sus caminos de hierro. Pero como era de esperar, al igual que en la actualidad, las peticiones aragonesas tuvieron que lidiar con muchas trabas y la indiferencia desde Madrid se prolongó durante varios años. Finalmente, los últimos coletazos del S. XIX y los inicios del S. XX fueron favorables, no sin sufrir contratiempos con España y Francia, y la línea transpirenaica y la Estación Internacional de Canfranc se inauguraron en 1928.

Tras una vida efímera pero llena de historia, en 1970 se cortó la conexión entre ambos lados del Pirineo debido al accidente en L´Estanguet. Muchos pensaron que eso iba a significar el cierre total incluso por la parte española, pero en realidad supuso un punto de inflexión y el inicio de un movimiento social pro-reapertura que lleva luchando desde las últimas décadas del siglo pasado. Además, siempre ha existido cierta predisposición por parte de la DGA que dista mucho del olvido y marginación que muestra Madrid año tras año en sus presupuestos generales y la partida para las infraestructuras aragonesas.

Sin embargo, desde hace unos años los vientos son favorables y muestra de ello es el trabajo realizado desde la Consejería de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda del Gobierno de Aragón. Canfranc ha llegado a Europa, se ha conseguido financiación y se ha impuesto sobre la TCP. A día de hoy, con las obras avanzadas y un futuro esperanzador, no deben hacernos creer que la TCP es primordial. Un corredor ferroviario de altas prestaciones que exige horadar los Pirineos y machacar nuestro medioambiente es volver a permitir las tropelías que se llevan realizando en Aragón desde hace décadas para el beneficio de unos pocos. ¿Un tren que una Madrid-Zaragoza-París es lo que necesitamos? No, ahora es el momento de Canfranc, un tren que puede unir pueblos y empresas, transportar pasajeros y mercancías, combatir la despoblación y dinamizar la provincia.

Por favor, aragonesas, aragoneses, pensemos por un momento cuales son las necesidades reales de nuestra tierra en lugar de pensar en lo que le favorece a Madrid. La reapertura de la antigua línea transpirenaica está más cerca que nunca, aunemos fuerzas para conseguirlo. La TCP puede esperar.

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