A comienzos de este año el barrio de Torrero bajó de la nube. Sí, de eso tipo de nubes digitales que tahúres como Lambán y Azcón llevan impregnando en el imaginario aragonés durante los seis últimos años. La nube de Microsoft planificada en el PTR de La Cartuja se ubicaba por arte de magia y sin explicación alguna en nuestro barrio, concretamente en Puerto Venecia, justo detrás de la tienda sueca de muebles de cartón piedra. Esta nube es un centro de datos de hiperescala, un edificio inmenso de ordenadores gigantes para computación, que están consumiendo electricidad 24 horas al día durante 365 días al año. El calor provocado por estas máquinas necesita refrigeración mecánica que consume más electricidad. Pero cuando la temperatura alcanza los 28º este tipo de enfriamiento no sirve, por lo que necesitan cantidades ingentes de agua limpia para su refrigeración.
Ya ven, un centro de datos se parece a una nube lo mismo que el tocino a la velocidad. Pero de eso se trata, de engañar a la gente con el arte de contar historias. Los medios de comunicación locales, salvo excepciones como el Diario Libre AraInfo, han puesto sus altavoces a disposición del engaño: creación de puestos de trabajo locales, inversiones millonarias, atracción de empresas… En definitiva, el cuento de la lechera 2.0. Los centros de datos no producen bienes tangibles, solo procesan datos. No necesitan trabajadores, salvo unos pocos para el mantenimiento y custodia de las máquinas. Los puestos de trabajo relacionados con las herramientas y servicios (software) que ofrecen son trabajos remotos, lo mismo pueden vivir en Boston que en Bulbuente. El dinero de las inversiones solo repercute en las empresas constructoras que edifican y las energéticas que les nutren de energía. Y las empresas que han atraído han sido fondos de inversión como Azora o Blackstone, o especuladores como Florentino Pérez con su ACS.
¿Y por qué llegan estos ilustres buitres a nuestra casa? Para colonizar nuestros recursos naturales, luz y viento de energías renovables para alimentarse de electricidad, y agua para refrigerar. Los materiales para construir sus máquinas ya los han colonizado en países como Congo, Tanzania, Chile, Argentina o Perú. La única verdad dicha por los políticos aragoneses es que los centros de datos nos van a colocar en el mapa mundial. Exacto, ya estamos en el mapa mundial de territorios colonizados por las grandes corporaciones tecnológicas como Microsoft, Amazon, Google y Meta. Nos creemos gato y somos ratón.
Y hasta aquí el impacto económico y ambiental de los centros de datos. Pero hay un impacto todavía más importante, que parece invisible y afecta a nuestras vidas cotidianas, hasta a las de un barrio con fuerza e historia vecinal como el de Torrero. Es el impacto sociocomunitario, los centros de datos son las infraestructuras materiales, tangibles, de la colonización digital de nuestras vidas que hacen las grandes tecnológicas. Nuestros hijos e hijas acuden a centros públicos escolares, donde son monitorizados con herramientas como Classroom de Google, o estudian a Goya con una versión de un videojuego de Microsoft. Amazon nos tiene perfectamente perfilados para que compremos compulsivamente, mientras los comercios de barrio cierran, o, paradójicamente, se convierten en puntos de entrega de Amazon para que acudan clientes a su espacio. Y si no te gusta el paquete comprado, lo devuelves y punto. Ya se apiñarán cientos de personas para comprar en esa tienda tan molona de Puerto Venecia, donde compras paquetes sorpresa baratos como si cazaras el pato de las ferias con la caña para ver qué premio tiene.
Estas grandes tecnológicas también están socavando la lucha histórica del movimiento obrero por los derechos laborales. No quieren oír hablar de convenios, ni sindicatos… Avalan nuevas formas de explotación laboral monitorizando hasta las centésimas del tiempo de sus trabajadores. Gracias a sus paraísos fiscales, no contribuyen a la sociedad con impuestos como hacemos la ciudadanía y empresas locales. Cuando yo compro en la papelería de mi barrio doy mi riqueza a una persona cercana a mí, que puede compartirla con el bar de al lado donde acude a tomarse un café. Aviso para patriotas, cuando compro en Amazon doy mi riqueza a una filial ubicada en Irlanda. Por cierto, también están acribillados a multas, semana sí, semana no. Es el truco de este neoliberalismo digital desatado, hago lo que me da la gana, me forro y pago multas que me hacen cosquillas. Pero, interpelamos al público a una pregunta, ¿usted dejaría que su hijo/hija se educara con un profesor que es multado todos los meses por no cumplir sus funciones?, entonces, ¿por qué deja que su hijo/hija se eduque con una plataforma de Google, habiendo sido multada hasta la saciedad por no respetar la privacidad?
Y para el final, vamos con su opacidad mafiosa en contraposición a la transparencia de nuestra vida cotidiana. Saben todos nuestros datos personales, los de nuestra familia, qué hacemos, a dónde vamos, con quién nos comunicamos, qué compramos, qué deseamos, qué odiamos… Lo saben todo de nosotros, y nosotros no sabemos nada de ellos. Se amparan en la privacidad de sus negociaciones con gobernantes políticos para colocarnos sus centros de datos, nos mienten, no sabemos el agua que van a consumir… Es la omerta digital, silencio mafioso amparado en el sacrosanto secreto empresarial.
El pasado 27 de septiembre el barrio de Torrero hizo historia. De sus calles, desde el CSO Kike Mur, partió la primera manifestación estatal contra los centros de datos convocada por la plataforma aragonesa ‘No es sequía, es saqueo’. No es casualidad, somos un barrio donde el orgullo comunitario prevalece a la farsa digital. Pero no hace falta manifestarse todos los días para luchar contra ellos, vale simplemente con buscar que tu vida personal dependa lo menos posible de estas grandes tecnológicas. Es muy probable que no pudieras cortar la carretera en la Vuelta España o, te quedará algo lejos enrolarte en una flotilla humanitaria, pero sí que puedes hacer boicot a tecnológicas como Google o Microsoft abandonando sus programas y servicios. Porque sí, exacto, también han sido el brazo armado digital del genocidio. La inteligencia artificial utilizada por Israel para el genocidio palestino ha sido la de los centros de datos de estas dos tecnológicas. Y es que la nube ya no es tan bonita cuando se tiñe de sangre de niños y niñas asesinadas.

