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Todos somos Julen

Toda España, todos sus ciudadanos, hemos estado pendientes y con el corazón encogido esperando y deseando un rápido y favorable desenlace de esta tragedia humana. ¿Podía ser de otra manera? Claro que no: cualquier desgracia que se cierne sobre un ser humano tiene, por lo general, la atención y la solidaridad de sus semejantes. En...
| 29 enero, 2019 12.01

Toda España, todos sus ciudadanos, hemos estado pendientes y con el corazón encogido esperando y deseando un rápido y favorable desenlace de esta tragedia humana.

¿Podía ser de otra manera? Claro que no: cualquier desgracia que se cierne sobre un ser humano tiene, por lo general, la atención y la solidaridad de sus semejantes. En este caso, además, imposible abstraerse de un suceso que ha tenido a todos los medios de comunicación pendientes en cada minuto de las labores de rescate y, por ende, a toda la ciudadanía. Medios que han difundido, pormenorizados, todos los instrumentos y maniobras desplegados para el necesario rescate: alrededor de trecientos efectivos entre bomberos, ingenieros, guardia civil, especialistas en rescates y explosivos, mineros especializados, psicólogos, autoridades de varios estamentos… Además de la maquinaria también desplegada, desde helicópteros a taladradoras gigantes, excavadoras, ambulancias, dinamita y un largo etcétera.

¿Cualquier desgracia? Mientras esto ocurría, el barco de salvamento Open Arms continuaba -y continúa- retenido en el puerto de Barcelona impidiendo su labor humanitaria, cuando cientos y quizá miles de seres humanos (mujeres embarazadas y niños incluidos) están en peligro en el mediterráneo y mueren, relativamente cerca de nuestras costas. Con la pasividad y la negación de auxilio de las autoridades correspondientes. Un barco que costea la ONG Proactiva Open Arms, cuyos tripulantes se juegan la vida contra viento y marea en rescates que, a día de hoy, superan los 50.000 desde su inicio a finales de 2015.

¿Te imaginas un despliegue semejante a Totalán en el Mediterráneo? Información al segundo de todos los naufragios que obligarían a un despliegue de medios de rescate similar, por mor de no ser tachados de deshumanizados o incumplir las mínimas leyes internacionales de Derechos Humanos.

Es sólo un ejemplo del doble rasero que usamos y de la utilización de la información dirigiendo el foco a donde interesa a sus inversores, por razones que cuesta comprender. Este artículo bien pudiera haberse titulado como la famosa novela de Arthur Miller “Todos eran mis hijos”. Me temo que el número de lectores habría variado bastante.

29 enero, 2019

Autor/Autora

Periodista y miembro del Ateneo Republicano de Zaragoza


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