Todo puede cambiar en un instante: de auxiliar de educación a auxiliar de enfermería en un Centro COVID-19 para mayores

En un momento todo puede cambiar, la pandemia mundial provocada por el COVID-19 supone un antes y un después, y de ello son testigos más de cuarenta auxiliares interinas de educación especial, cuya labor ha cobrado gran protagonismo en esta crisis sanitaria que nos ha tocado vivir. Estas líneas reflejan su historia.

Foto: Tiago Muraro (unsplash)

Unas semanas después de decretarse el estado de alarma en nuestro país, recibieron una llamada de teléfono en la que les comunicaron que eran trasladadas. Atrás quedaron las aulas donde cada día trabajaban con sus alumnos. La atribución forzosa de funciones, cuya declinación supondría un despido inmediato y la imposibilidad de acceder a una plaza pública, les convertía en técnico en cuidados auxiliares de enfermería de un centro sociosanitario de mayores con COVID-19 en Casetas.

Tras asimilar su nueva situación laboral, y recibir formación en cuanto a protección contra el virus, empezaron a llegar los primeros residentes.

La incertidumbre y el miedo al contagio surcan sus pensamientos cada día, sin embargo, realizan su trabajo con una sonrisa. Cuando entran al centro, se cambian en unos vestuarios colapsados de trabajadores y se dirigen al lugar donde desempeñan su labor. Allí, tras intercambiar información relevante con los compañeros que terminan su turno, proceden a vestirse con los Equipos de Protección Individual y se encuentran con los residentes. Cada uno de ellos es único, tiene necesidades, inquietudes y preferencias diferentes, y la labor de este colectivo, para muchos desconocido, es proporcionarles dignidad y calidad de vida.

Sus funciones en el centro están relacionadas con el aseo, la alimentación, la hidratación y el cambio postural, pero su labor va más allá, son el apoyo de muchas personas a quien esta pandemia ha dejado aislados de sus familias y en un lugar desconocido para ellos. Asimismo, para reservar EPIS, siguen instrucciones de las enfermeras para medir temperatura, constantes, dar medicación, realizar pruebas de glucemia, cambiar parches o cambiar balas de oxígeno. La práctica diaria y la formación que cada día reciben por parte de las enfermeras, han hecho que adquieran conocimientos acerca de prácticas desconocidas para ellas hasta el momento. Sin embargo, esto supone permanecer junto a los residentes en sus habitaciones una media de cinco horas por turno, una sobreexposición al virus que, cuanto menos, es abrumadora.

Lograr una adecuada atención de los residentes y verlos regresar a sus centros de origen recuperados y agradecidos es la mejor recompensa para estas trabajadoras. No obstante, no podemos olvidar que nos encontramos frente a un virus mortal, y en algunas ocasiones, se encuentran ante situaciones para las cuales nadie las había preparado.

La flexibilidad de este colectivo ha permitido formar un equipo multidisciplinar y crear un centro sociosanitario covid que está siendo pionero por sus buenas prácticas en cuanto a organización.

No se sabe cuándo acabará esta situación, algunas de las auxiliares de educación especial no saben qué les esperará cuando su contrato de educación finalice en junio, pero de una cosa no cabe duda: han demostrado ser uno de los colectivos más valiosos en este estado de alarma. Sólo ha cambiado el escenario, pero no ha cambiado la vocación de servicio, la empatía, y el respeto que hace unos meses transmitían a sus alumnos, y que ahora transmiten a personas cuyo bienestar está en sus manos. Ahora más que nunca es necesario su reconocimiento en todos los sectores de la sociedad.

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