Unos chavales juegan al balón, con sus nueve años largos se entienden como pueden, chapurrean una mezcla de francés, inglés y castellano, pero no importa, no les hace falta mucho más, hablan la misma lengua del deporte que les entusiasma. Él con su equipación azul de la selección francesa y mi hijo pequeño con la blanca de La Roja. Patada tras patada se quitan el aburrimiento y disfrutan como solo unos críos saben hacerlo. Sus vacaciones en Las Landas se han convertido en toda una experiencia improvisada de socialización sin fronteras. Es sorprendente cómo el fútbol puede levantarlas tanto como derribarlas. Siempre hay ganas de más fútbol y de hacer nuevas amistades y, supongo, más aún después de la noche que han compartido.
La situación no es fácil para nadie aquí. El viernes por la noche fuimos a parar a Salles huyendo del fuego, nos trasladamos allí dando un rodeo monumental por carretera desde Sanguinet (también así en occitano), una comuna francesa de Aquitania donde nos alojamos, amenazada al sur por el incendio de Biscarrosse y al norte por el megaincendio de Gironda. Desde esa noche toda la zona de Parentis-en-Born y al sur de Sanguinet fue evacuada. De madrugada, esforzándonos por dominar el pánico, cargamos el coche con lo imprescindible y salimos en familia hacia Salles, donde debíamos refugiarnos.
El incendio de las Landas que tenemos por detrás, a unos 10 kilómetros en línea recta, ha devorado por el momento 3.600 hectáreas y ha forzado a desplazarnos, al menos, a unas 30.000 personas de las localidades turísticas y residenciales. El otro fuego que tenemos por delante, a unos 40 km, originado en la Bahía de Arcachon, es con diferencia, el más crítico y destructivo. Ha arrasado ya más de 42.000 hectáreas de bosque de pinos, algo equivalente a 4 veces el tamaño de la capital de Francia, avanza de forma errática hacia el área metropolitana de Burdeos y ha obligado a cerrar la A63 en el suroeste de París.
Estos dos incendios están concentrados en el suroeste del Estado francés y son los más graves. Forman parte de una ola de fuegos que ya ha batido récords. Su comportamiento es catalogado como “convectivo” (genera su propio viento), lo que ha forzado la evacuación histórica de unas 167.000 personas en la región y el corte de rutas principales. Todo un aviso para navegantes, sobre todo para nuestros bellos y bellas durmientes al mando de las instituciones y, cómo no, para negacionistas del cambio climático.
En tiempo récord, personal voluntario ha completado una operación masiva de desbroce en el límite de nuestro pueblo con Biscarrosse, cerca del canal de Arreillet. para crear una protección adicional en caso de que el frente del incendio avance hacia la población. La lucha contra el fuego es titánica, a pesar de la denuncia constante de los sindicatos franceses por la precariedad de su equipamiento y la falta de recursos. Sus demandas se centran en recortes presupuestarios, escasez de personal y material de protección insuficiente o desgastado.
Biscarrosse: última actualización de la situación a 26 de julio, mantenimiento de áreas evacuadas. Después del reconocimiento de las áreas quemadas, la Prefectura comunica que no puede permitir el regreso de las personas residentes a sus hogares esta noche como se esperaba. Cuentan que esta difícil decisión está motivada por la observación de incendios que surgen en ciertos puntos y condiciones climáticas inestables que se esperan para la noche (vientos fuertes que se dirigen hacia Sanguinet).
No sé cómo explicar lo que siento, esta lucha interior entre la desesperanza y la esperanza… más aún después de todo lo que hemos pasado y de lo que pensamos que podría ocurrir. No es nada fácil contener el miedo y mantener la calma. Es necesario aislarse de esa espectacularización del horror que difunden la mayoría de medios y te atrapa en una espiral de angustia. “Crisis brutal, grave y sin precedentes”, “un incendio de magnitud XXL”, “fenómeno comparable a un huracán”, “monstruo impredecible”, “apocalipsis de humo y cenizas” son algunos de los calificativos más repetidos.
Mis disculpas, apenas he podido seguir a través de mi móvil lo que está sucediendo con los incendios alrededor de Madrid, en Ejulve, La Cerollera, también en Teruel, en Plan o en cualquier otro lugar, porque todos importan. Tampoco he querido saber más, no quiero desbordarme emocionalmente. Cruzamos los dedos para que las condiciones no empeoren y podamos respirar. Riesgo, incertidumbre, temporalidad... Un buen reflejo de la época distópica a la que hemos llegado de la mano de la crisis climática o, mejor dicho, de una cadena ininterrumpida de estupidez y avaricia.
¿Somos una humanidad empeñada en dar la espalda a sus errores, incapaz de forzar un cambio de rumbo? “Crecimiento infinito en un planeta finito”, el Capitalismo y sus fieles no entienden de previsión o de soluciones a los gravísimos problemas que causan, aunque tampoco podrían porque su esencia es, sencillamente, la extinción.
El fuego no es un enemigo, es una fuerza de la naturaleza y una consecuencia que debemos respetar. ¿De qué nos sirve esa retórica militarista? El problema es la insensatez neoliberal y, por supuesto, la hipocresía de una extrema derecha que busca sacar tajada de la tragedia. Tanto en la Francia republicana como en el Reino español juegan con las mismas cartas marcadas, utilizando el ecofascismo a su conveniencia. Recuerdan al lema supremacista norteamericano “plantar árboles, deportar refugiados”, con el que la ecología deja de importar para favorecer el racismo y el autoritarismo.
Durante el examen de los proyectos de ley de presupuestos en la Asamblea Nacional francesa, los diputados de Rassemblement National (RN) votaron en contra de varias enmiendas presentadas por los grupos de izquierda (como los socialistas y ecologistas) que buscaban incrementar la financiación de los Servicios Departamentales de Incendio y Socorro (SDIS). Esta postura contradecía abiertamente el respaldo público que el partido había manifestado días antes durante el Congreso Nacional de Sapeurs-Pompiers de France.
La noticia me recuerda un mensaje de whatsapp que leí ayer mismo: “España arde en llamas, otra vez. Urge plan de choque contra los incendios forestales. En SOS Rural han elaborado un plan detallado y han creado esta petición ciudadana para apoyarlo y exigir a los gobiernos autonómicos y estatal que se pongan de acuerdo y actúen ya”.
Sin embargo, SOS Rural es un lobby agrario vinculado a la extrema derecha que se define como una asociación sin vinculación política, pero es en realidad una ramificación de la Fundación Ingenio -una plataforma financiada por los regantes del Campo de Cartagena y vinculada a Vox-.
Son las 0.51 del lunes, escribo este artículo desde nuestra casa en Sanguinet, junto a la hermosa playa de Caton. El ayuntamiento autorizó nuestro regreso ayer por la tarde pero quienes pertenecen a otros barrios no sabemos cuándo podrán volver. Contemplo el bosque con absoluto respeto y admiración. Empieza a llover... La tierra es sabia, ojalá nos cuide como no sabemos cuidarla a ella.





