Al finalizar el invierno se reactivan en las latitudes templadas los procesos biológicos que habían permanecido latentes. La mayor cantidad de luz y el incremento de temperaturas favorecen y estimulan el crecimiento vegetal y la actividad animal.
Es en estos días de cambio de estación cuando tiene lugar uno de los episodios más colosales de la biosfera, como es la migración de las aves de las zonas tropicales y templadas hacia latitudes más norteñas. Millones de aves de muy diferentes especies se desplazan hacia el norte para aprovechar los recursos que el verano les otorgará para reproducirse. Unas especies lo hacen de día, otras de noche, algunas de forma individual, otras de forma gregaria. En Aragón somos testigos de algunos de esos movimientos por la estratégica ubicación geográfica del país. El caso de las grullas es el más conocido y el que más interés mediático despierta desde finales de febrero a comienzos de marzo, pero no es el único.
Así sucede con los milanos negros, que cruzan la península desde primeros de marzo. Su paso se produce de forma más desapercibida que el de las grullas por ser silenciosos pero no es menos espectacular ya que al ser también gregarios forman bandos y reatas de centenares de individuos, fáciles de detectar cuando al atardecer ocupan sotos y arboledas para descansar. Se trata de lo que lo que los ornitólogos llaman la migración prenupcial, que los lleva hasta sus áreas de cría donde se establecen las parejas reproductoras.

Los milanos negros se denominan así por su plumaje oscuro casi uniforme, lo que los diferencia de los milanos reales. Su nombre científico, Milvus migrans, se refiere precisamente a su comportamiento viajero. En Aragón es conocido como esparvel o esparvero negro. La especie se distribuye ampliamente desde Europa y África, sur de Asia y Oceanía. En Europa es estival. Los milanos negros que nos visitan han invernado al sur de Sahara. Las poblaciones africanas más occidentales, tras cruzar el desierto alcanzan la península ibérica a través del estrecho de Gibraltar. Una parte del contingente permanecerá y se dispersará por la península durante la primavera mientras el resto alcanzará en norte de Europa.
Se trata de una rapaz de tamaño medio, que no alcanza el kilogramo de peso, de hábitos carroñeros, por lo que vuela a baja altura prospectando el terreno en busca de pequeños animales o restos y cadáveres de animales, visitando también muladares, granjas y vertederos, incluso las carreteras, en busca de animales atropellados. Cría en árboles, tanto en sotos como pinares e incluso arboledas aisladas. A partir de finales de julio vuelven a agruparse para la migración posnupcial de vuelta a África. En el Estado español la especie está incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y, en el plano científico, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la cataloga como de “preocupación menor”.

Tras el espectáculo que supone la migración masiva de estas aves se esconde una odisea de varias semanas y miles de kilómetros en la que tienen que salvar el desierto, cruzar el mar, superar cordilleras y sortear condiciones meteorológicas adversas que pueden desviarlos de su ruta. Una vez establecidos no están exentos de amenazas al explorar ambientes humanizados pues sufren una intensa mortalidad no natural por envenenamiento al consumir en los campos animales muertos por plaguicidas o rodenticidas o por sustancias tóxicas en los vertederos, perecen por colisiones con cables y vallados, ahogados en balsas y aljibes, atropellados al acercarse a las carreteras y, especialmente, mueren seccionados por los aerogeneradores.
Estos flujos migratorios de aves, que movilizan una ingente biomasa de un continente a otro, son parte consustancial de la biosfera como ente dinámico y su continuidad es garantía de la salud del planeta. Los científicos denominan servicios ecosistémicos a la labor -gratuita- que flora y fauna desempeñan en beneficio de la salud de las personas, la economía o el esparcimiento. En el caso de los milanos negros esa labor consiste en retirar y reciclar de la naturaleza todo tipo de restos orgánicos en descomposición evitando la proliferación de plagas y enfermedades. Larga vida a los milanos.

