Vaya y siempre por delante mi escrupuloso respeto hacia todas las personas que en su íntima libertad profesan creencias religiosas al igual y del mismo modo a las personas que no tienen creencia religiosa alguna. Tan respetables son las unas como las otras y todas tienen el necesario encaje y garantía constitucional para respetar y ser respetados. Dicho esto, me centraré en los anacronismos que subyacen de una abyecta interpretación de los capítulos constitucionales que defienden la libertad de expresión como un derecho fundamental y su controversia con los artículos del código penal referentes a las ofensas a los sentimientos …


