Cuando uno se pasea por la antigua azucarera de Alagón, hoy en día totalmente abandonada, tiene la sensación de encontrarse en las entrañas de un antiguo y colosal organismo del que sólo quedan sus restos petrificados


Cuando uno se pasea por la antigua azucarera de Alagón, hoy en día totalmente abandonada, tiene la sensación de encontrarse en las entrañas de un antiguo y colosal organismo del que sólo quedan sus restos petrificados