Creíamos que era Sarkozy, el presidente francés que decidió expulsar de Francia a los gitanos rumanos que malvivían en los suburbios de las grandes ciudades, el último de los políticos que nos trataría de forma tan inhumana. Pero no, cuando la ceguera impide ver el dolor de los más indefensos, cuando es más fácil enviar a la policía para desterrar a los que ni siquiera tienen una choza en el campo para refugiarse, parece que es más fácil mirar a otro lado que pararse a pensar que puede haber soluciones humanitarias que no causen tanto dolor a seres tan desprotegidos. …

