El noruego Dag Johan Haugerud es una rara avis entre los directores cinematográficos de su generación. Este escritor, bibliotecario de profesión, estrenó su primer largometraje, “I Belong”, el año 2012. Desde entonces, hasta el pasado año, tan sólo entregó dos películas más. Una de ellas, la interesante aunque quizás demasiado larga, “Cuidado con los niños”, fue la que me despertó el interés por su obra. Pero de ser un director nada prolífico, el señor Haugerud ha pasado a rodar tres filmes en un solo año, conformando una trilogía a la que ha titulado “Sex, Love, Dreams”. Esos son los tres temas que se tratan en cada una de las tres películas, que aunque sean historias diferentes mantienen un eje en común, el de las relaciones interpersonales.
Me puse manos a la obra y, aunque no es necesario, vi las películas en orden de aparición. Comencé con “Amor en Oslo”, que está a la altura de “Cuidado con los niños” y encima dura menos. Pero con la siguiente “Sexo en Oslo”, me llevé una decepción. Su peculiar argumento daba pie a mucho más de lo que ofrece el filme en realidad. Así que me acerqué a su última obra hasta ahora “Sueños en Oslo”, con las expectativas bastantes más bajas.
Pero no podía estar más equivocado. “Sueños en Oslo”, es, en mi opinión, la mejor obra en la filmografía de Dag Johan Haugerud. El retrato fiel de los sentimientos tan intensos que provoca el primer amor reflejado en la película, caló hondamente en mi persona. En ella, la tierna y frágil Johanne se enamora de su profesora de francés. El novedoso torbellino de sensaciones que experimenta es de tal magnitud que intenta canalizar toda la pasión, fascinación y adoración que siente por su profesora escribiendo sus sentimientos en el ordenador. Ese documento, que cada vez tiene más páginas, lo guarda en un pen del que nunca se separa.
“Sueños en Oslo”, que cuenta con un notable guion y fotografía, consigue hacernos empatizar con la romántica e idealista Johanne, protagonizada por la joven actriz Ella Øverbye, un diamante en bruto a tener muy en cuenta. Su delicada y conmovedora actuación nos coloca en el estado de ánimo que vive en cada momento. Casi al mismo nivel está su compañera de reparto Selome Emnetu, que consigue recrear perfectamente a la peculiar, dinámica y “enrollada” profesora de francés. La voz en off, bastante utilizada durante el largometraje nos narra los escritos de Johanne, y a partir de ella se irá desarrollando esta sensible historia de iniciación y aprendizaje, que, en mayor o menor medida, todos hemos vivido alguna vez.
Dag Johan Haugerud, a pesar de su corta carrera cinematográfica, no solo cuenta con el beneplácito de la crítica casi desde sus inicios, sino que además se llevó por esta película, nada menos que el Oso de Oro en el Festival de Berlín.
Si tuviera que describir su cine os diría que navega entre el del Bergman más amable y el de un Allen no tan cínico. Un compendio que, esta vez, y con esta película sí que le ha dado resultado, aunque en mi opinión, el giro final de guion me parece totalmente innecesario. Aún así, si conservas algo de romanticismo en un rinconcito de tu corazón estoy seguro que disfrutarás de “Sueños en Oslo”.

