El solsticio de verano es un fenómeno astronómico trascendental en nuestras latitudes pues supone un punto de inflexión en la evolución del recorrido aparente del Sol. El astro ha ido recorriendo un trayecto cada vez más alto y en ese momento el Sol describe el arco más largo en el cielo y llega a su máximo ascenso sobre el horizonte, donde parece detenerse. Coincide esta fecha con el día más largo, es decir la jornada con mayor número de horas de luz. En 2026 el solsticio tendrá lugar el día 21 de junio a las 9 horas 24 minutos hora oficial peninsular según el Observatorio Astronómico Nacional.
Las diferentes civilizaciones han rodeado al solsticio de ritos y ceremonias. La tradición cristiana ha asimilado también el solsticio a una celebración importante que se inicia con la noche de San Juan en la que las hogueras mantienen el rito ancestral en torno al fuego, símbolo de cambio de ciclo, de renovación y purificación; de ahí el encendido de hogueras y antorchas. Igualmente, el agua de fuentes y manantiales adquiere ese día un significado mágico y purificador.
En torno al hito astronómico y el periodo de máxima insolación, la naturaleza se halla en su apogeo y muchas plantas en plena floración, por lo que convenía su recolección para beneficiarse de sus propiedades medicinales y también mágicas.
Así sucede con la planta más representativa de estas fechas como es el pericón, yerba de San Juan o hipérico (Hypericum perforatum). Es una hierba propia de bordes de caminos, claros de bosque, setos y gravas fluviales. Se presenta en matas aisladas o en pequeños grupos destacando por el intenso color amarillo de sus flores. Posee reconocidas propiedades medicinales pero, en su uso mágico, estaba considerada como planta protectora por su poder de ahuyentar apariciones y proteger contra el mal de ojo. De ahí que se utilizara como amuleto y se portara una ramita en la solapa.
Protección de personas y animales

El catálogo de plantas con uso mágico en ceremonias y tradiciones populares es amplio y es uno de los objetos de estudio de la etnobotánica. Dentro de los usos mágicos de las plantas está el preventivo y protector frente a agentes tanto reales —enfermedades, tormentas— como imaginarios —brujas y demonios—.
Así sucede con la carlina, cardo de broxas o cardo de puerto, nombre que reciben unos cardos del género Carlina que generan una amplia inflorescencia circular rodeada de brácteas radiales que simulan el sol. La carlina se colocaba en puertas y ventanas de casas y cuadras para proteger a las personas y a los animales domésticos de rayos, enfermedades y malos espíritus. Una tradición mantiene que servía para detener a las brujas porque se ponían a contar los pelos del interior del receptáculo y se les hacía de día antes de que acabaran. En otros casos la tradición dice que reflejaban la luz del sol cegando a los espíritus malignos que intentaban acceder al hogar.
Otra planta que podemos ver en puertas y ventanas de algunas comarcas es la bucheta o buxeta, nombres con los que se conoce al rusco (Ruscus aculeatus), un arbustillo propio de carrascales y quejigales que genera unos órganos aplanados y afilados, de ahí el adjetivo aculeatus, puntiagudo, que parecen hojas. Se colgaba para evitar la entrada de enfermedades y ahuyentar de las casas a las brujas y las tormentas.

El rusco recibe en Aragón el nombre de bucheta por el parecido con el bucho o boj (Buxus sempervirens) un arbusto de hoja perenne que forma tanto matorrales monoespecíficos como se asocia a bordes de carrascales y quejigales principalmente sobre sustratos calizos. El boj entra a formar parte de numerosas creencias mágicas, como curar verrugas mediante un ritual específico o evitar el cansancio del caminante si se porta una ramita en el bolsillo como amuleto. Dentro de la tradición cristiana es frecuente colgar en balcones ramas de olivo bendecidas el Domingo de Ramos pero, en el Pirineo, donde no hay olivo, se bendicen y cuelgan ramas de bucho.

La asignación de propiedades mágicas a las plantas y los ritos asociados a ellas forman parte de la cosmovisión y forma de percibir y relacionarse las sociedades con su entorno, en este caso propias de culturas muy interdependientes con la naturaleza. Vistas en perspectiva esas creencias nos pueden parecer inocentes y poco racionales pero también en el futuro se analizarán muchas de las nuestras las cuales, igualmente, parecerán absurdas y, sin duda, no tan entrañables.




