Seno, Estercuel, Galve y “el submarino amarillo”

Pamesa Cerámica, propiedad de Fernando Roig, que también es máximo accionista del Villarreal CF, ya explota seis minas en el sur de Aragón, y está a la espera de nuevas autorizaciones de la DGA

Mina Valdecastillo en Seno

El Villarreal C. F. “el submarino amarillo”, equipo de Champions, acaba de ser apeado de la Copa del rey por el Racing de Santander, de Segunda División (cosas del torneo del KO).

Fernando Roig Alfonso, con 2.100 millones de euros de modesta fortuna personal, es el presidente y máximo accionista del exitoso club de fútbol, desde la temporada 97-98, cuando el equipo asciende a Primera División. Desde 2006 es hijo adoptivo de Vila-real (Plana Baixa de Castelló) con poco más de 50.000 habitantes (tomen nota los zaragocistas).

Fue presidente del club de baloncesto Pamesa Valencia, que actualmente está que se sale y fue un importante socio del Valencia Club de Fútbol. Es poseedor del 9% de las acciones de la cadena de supermercados Mercadona, presidida por su hermano Juan Roig, fue socio de la empresa Valmor (gestionaba la desafortunada y ruinosa Fórmula 1 en València) y es socio de Renomar, del sector de energía eólica. Y, lo que aquí nos interesa, es el presidente y amo de la empresa de cerámica Pamesa, bastión de la “gran industria cerámica levantina”, domiciliada en el mismo municipio castellonense de Vila-real y ubicada en Almassora, que hoy explota seis minas de arcilla -a cielo abierto, por supuesto- en tierras de Teruel.

Toda esta perorata patrimonial y deportiva erudito-wikipediana viene a plantear una propuesta especulativa no mercantilista, sino de pensamiento: elucubrar en torno a la aportación del sacrificio de nuestros paisajes -enormes cráteres y caries en nuestras montañas- al esplendor deportivo valenciano y al boato de la familia Roig.

Pamesa Cerámica está a la espera de nuevas autorizaciones de parte del Gobierno de Aragón, y teniendo en cuenta que la guerra en Ucrania -Putin nos jode de rebote-, de donde se importaba arcillas, ha desplazado la demanda de la empresa a lugares más próximos, Teruel sin ir más lejos, de donde obtiene el 40% de la que utiliza.

Estas son las minas aludidas en el sur de Aragón: Mina Val Royo en Jaganta, municipio de Las Parras de Castellote. Una de las más recientes. Minas Galve I (teóricamente restaurada), Galve II y Galve III (VBB España S. A. fue su anterior propietaria). Mina Demasías en Galve. Las tres anteriores y esta, para la extracción de arcillas rojas y arenas feldespáticas que surten a las fábricas de gres. Los camioneros que las transportan son autónomos. El Ayuntamiento se encarga de reparar el camino de acceso a las minas. Mina Pilón en Mas de las Matas y Castellote, de arcilla blanca.

Mina Elena en Estercuel y Gargallo. Se inicia en 2022. Es la más grande de la concesión indiferente, tiene 23 años de vida útil de explotación por delante. Es de arcilla blanca. Abarca 80 ha. de terreno y de ella se arrancan 600.000 toneladas de arcilla anuales, por las que Pamesa paga 30.000 míseros euros anuales al Ayuntamiento de Estercuel. Prometió crear ¡100 puestos de trabajo! Ofrecieron 1.300 euros por 9 horas diarias a la gente del pueblo (“por destruir su propio paisaje”).

La juventud de Estercuel, herederos de los mineros del carbón local (Asociación Estercuel es Futuro), se opone a la continuidad de las explotaciones de arcillas. Llaman “Mordor” = ‘Tierra Oscura’ de El Señor de los Anillos a los bestiales desmontes. No quieren que la monumental Peña Santana (1000 m.) continúe desapareciendo conforme avanza la rapiña de tierras como ha ocurrido con la Costera.

La Sección n.º 2 de la Sala de lo contencioso administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA) juzgará la legalidad de la explotación (ya avanzada) de Mina Elena, al admitir la ampliación del recurso interpuesto por Ecologistas en Acción contra la aprobación del proyecto, dirigido a la Dirección General de Energía y Minas del Gobierno de Aragón.

La Plataforma de afectados por la minería de Teruel (PAMT), junto a ‘Estercuel es futuro’, el Colectivo Sollavientos, Amigos del Patrimonio Geológico de Teruel, Plataforma Aguilar Natural y Ecologistas en Acción han suscrito un manifiesto, dirigido principalmente al Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) para denunciar el “agresivo impacto que numerosas explotaciones mineras están ejerciendo en el entorno de Estercuel y alrededores” y las deficiencias de los Estudios de Impacto Ambiental.

Solicitan a los consistorios afectados la puesta en marcha de los Planes Generales de Ordenamiento Urbano, para contrarrestar la indefensión en que se encuentra el territorio, mientras otros proyectos amenazan lo que queda del entorno local, incluido el monasterio del Olivar, Bien de Interés Cultural (BIC).

Mina Valdecastillo en Seno. Arranca -nunca mejor dicho- la primera fase en 2020 y ya está “restaurada”. Vamos a por la segunda. Es de arcilla blanca también, destinada a unos “reputados productos de gres y porcelánicos” (Diario de Teruel dixit). En relación con esta explotación Pamesa prometió un centenar de empleos directos y 150 puestos de trabajo indirectos (solo en el transporte de arcillas cerámicas). No se presentaba a un concurso de a ver quién la echa más gorda, si no…

La mina Graderas II, también en Seno y Castellote, está pendiente de reiniciar su explotación. Otras empresas: Euroarce, Samca, Intrasa, Vesco, etc, acompañan a Pamesa en sus nobles labores extractivas. Y las arcillas también llegan a Italia y otros países: colonia mineral somos.

Si por algunos pueblos de la ruta de la arcilla a Castelló pasan 750 camiones diarios, y van como locos, es normal que se hayan producido media docena de accidentes, a los que hay que añadir cuatro más superados los límites provinciales -¿cuántos de los de Pamesa?-, por el momento sin víctimas personales. El tema requiere una reflexión más extensa, igual que el concerniente a las restauraciones mineras (inexistentes, chapuceras, imposibles…), que no podemos abordar aquí.

No será fácil dilucidar el valor exacto de la fracción del patrimonio dinerario de Fernando Roig que le aporta la arcilla que se expolia de nuestros paisajes. En todo caso lanzo al aire, que de ahí no pasará, la propuesta de cambiar el nombre del Estadio de la Cerámica por el de Estadio de la Arcilla, su madre, y que siga albergando los triunfos del “submarino amarillo”.

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