Se acerca el invierno

El lema “Se acerca el invierno” es el de la casa Stark, que atento al cenizo augurio se acantona en el norte dispuesto a combatir algo más que el frío, pero no hace falta recurrir a George R.R. Martin para percibir el invierno como amenaza. En una de las más conocidas, pero no por ello menos cruel de sus fábulas, Esopo nos muestra cómo se gana la muerte la cigarra por disfrutar del verano. Ahora se nos dice tarde, mañana y noche que el otoño y ni pensar en el invierno, serán tiempos de llanto y crujir de dientes; en …

Foto de Pilar Vaquero que ha escrito artículos sobre lo común, Cuba, el mercado, los escena y Zaragoza vientos flores reglas memoria

El lema “Se acerca el invierno” es el de la casa Stark, que atento al cenizo augurio se acantona en el norte dispuesto a combatir algo más que el frío, pero no hace falta recurrir a George R.R. Martin para percibir el invierno como amenaza. En una de las más conocidas, pero no por ello menos cruel de sus fábulas, Esopo nos muestra cómo se gana la muerte la cigarra por disfrutar del verano.

Ahora se nos dice tarde, mañana y noche que el otoño y ni pensar en el invierno, serán tiempos de llanto y crujir de dientes; en cada ocasión, como ese acompañamiento que no pides, pero rellena cada plato de las cartas más anodinas. Se nos recuerda la crudeza de la inflación y la subida de los combustibles, dos maldiciones que se aliñan con los conflictos laborales derivados de la negativa de los empresarios a subir los salarios de forma que la pérdida de poder adquisitivo no sea especialmente gravosa para las espaldas de los de siempre.

Las grandes instancias mundiales, anteriormente conocidas como “los hombres de negro” musitan desde sus despachos alfombrados la necesidad de subir el precio del dinero, el de tu hipoteca si tienes una o el de la oportunidad de apostar por tu negocio o tu futuro, saben que la inflación tiene nombre y apellidos; la guerra de Ucrania y la codicia sin medida de las grandes empresas, pero siguen cargando sobre tus hombros la culpa, aún no han dicho aquello de “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades” pero resonará cuando comiencen a caer las hojas, será la penitencia por el “último verano”.

Que mientras tanto las grandes energéticas multipliquen por 100 o 200 sus beneficios, que las empresas de armamento se preparen para un otoño e invierno dorados, que las constructoras sean condenadas apenas a calderilla por amañar el sistema público de contratos, que los intermediarios de la alimentación sean los que hacen el negocio con la sandía, son noticias sin apenas peso o espacio, como tampoco encontrarás el penúltimo escándalo del PP y su guerra asquerosa (sucia ya me sabe a poco) contra Podemos, contra todas las que creímos que había que empujar la grieta que podía empezar a devolvernos nuestro país.

No solo lo económico trae frío el rostro, las batallas civiles que dimos por ganadas vuelven a la casilla de salida y nos pillan desprevenidas. El reparto de lo público entre los ricos reclamando su parte del botín y la pérdida atroz del derecho a la salud, son realidades ya tangibles en muchos territorios (lo de Ayuso en Madrid con las becas para estudiantes de instituto con rentas de hasta 140.000 euros no es más que la traslación de las de Azcón a la concertada).

No me siento especialmente identificada con la hormiga, pero valoro su capacidad de organización, creo que las largas tardes del estío deberían servirnos para tejer más redes, más tupidas, más fuertes, más amplias, más diversas, no con el objetivo de acaparar para mirar desde arriba a la cigarra a quien su realidad le impide pensar más allá del hoy, sino para estar preparadas para echar una mano al más vulnerable, tener la agenda actualizada, saber quién sabe de qué, a quién acudir con cada asunto y como tocar a arrebato si los caminantes blancos de acercan demasiado.

Un verano de conversaciones, que no debates, de apartar lo superfluo, de pulir argumentos, y de sonreír, disfrutar y vivir, porque los quieren asustados, temerosas, solas y deben encontrarnos dispuestas a tomar las calles con una sonrisa y los brazos entrelazados, en común, sumando o cómo alguien que sepa decida llamarlo.

Se acerca el invierno, es cierto, pero en nuestras manos está cómo gestionamos el frío.

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