Estos días la multinacional suiza Schindler ha emprendido una campaña de publicidad, y porque no decirlo de lavado de cara, con un lema tan cuidadosamente elegido que es "Elevamos Aragón", el extra que nos hace extraordinarios.
Sirva esta carta para mostrar nuestra indignacion, por una parte por utilizar el nombre de Aragón y por otra por mencionar en alguna declaración el devenir de personas que ya no pertenecen al ámbito de la compañía.
¿Cómo puede decir que apuesta por Aragón una compañía que acaba de mandar a la calle a más de cien empleados?, ¿cómo puede decir una compañía que apuesta por Aragón si trasvasa la investigación y la innovación desarrollada en el ITAinnova (empresa participada por la DGA, es decir por todos) a Eslovaquía?, ¿cómo puede decir que apuesta por Aragón si ha desmantelado a más de cincuenta proveedores? Algunos parcialmente, otros totalmente.
¿Dónde queda la responsabilidad social corporativa (RSC), o solo nos acordamos de ella cuando se recalificaron de manera millonaria los terrenos de Miguel Servet?, ¿cómo se puede consentir un desmantelamiento del tejido industrial que genera una compañía que reparte beneficios, que contribuye al desarrollo de la comunidad, que crea riqueza?, ¿qué méritos ha realizado esta compañía para renovar la Responsabilidad Social Plus que reconoce el Instituto Aragonés de Fomento?
¿Cómo puede apuntarse en su haber las recolocaciones de los pocos trabajadores que han conseguido un puesto de trabajo?, ¿hasta dónde llega su hipocresía?
En definitiva, Aragón se eleva creando riqueza y empleo y no despidiendo y deslocalizando, ahora parece ser son otras comunidades o países a elevar por la compañía y por lo tanto, ¿esa es la deriva para ser extraordinarios?, ¿qué interés podemos mostrar tanto nosotros como nuestros allegados a depositar en esta compañía el mantenimiento, instalación o modernización de los ascensores de nuestras comunidades?

