Pues señor, cuando durante lustros este" país" (a España me refiero) podía sacar pecho habiendo salido de una dictadura con una sanidad deplorable y de pago a médicos privados. Es decir, cuando estando peor en todos los sentidos de lo que se supone que hoy estamos, hubo un gobierno (al César lo que es suyo) que verdaderamente puso el sistema sanitario de este país como ejemplo mundial con un esfuerzo ímprobo, una sensibilidad como tocaba y una decisión certera. Hizo que los ciudadanos nos sintiéramos confiados y orgullosos de nuestra Seguridad Social porque respondía punto por punto a ese nombre. Creímos que esa importantísima parcela de la vida democrática era como la cátedra de San Pedro, intocable y eterna. Pero no.
El gusarapo de algunos pecados capitales fueron larvando los pilares de aquellos que gobernaban y otros, muy expertos y falaces pecadores, vinieron a mandar y empezaron “despacito” a minar lo conseguido en esa parcela para volver a hacerla mercado, como tantas otras, promocionando la privatización de la Sanidad en detrimento de lo con tanto esfuerzo construido. Su metodología, ampliamente conocida, la estamos viviendo-sufriendo más y más. Ahora, muchos pagan un seguro “privado” para tener médico cuando lo necesitan ¿siempre? ¡No! Antes. Incluso la propia administración los ha perpetuado en su seno aunque, en principio, eran un apoyo a extinguir con el tiempo.
Siendo muy grave haber permitido la continuidad de la privatización con tantas variantes como las caras de un poliedro, -la indolencia y la pasividad son parte del pecado lo peor en toda pandemia es el contagio. Y el contagio es el mal extendido como un rayo que no cesa de ganar adeptos, ahora ya y desgraciadamente entre aquellos que mandan (no gobiernan) y se dicen de boca afuera sucesores de quienes sí fueron, al menos unos gloriosos años, socialistas. Este es el hoy.
La Seguridad Social está quebrándose y en algunos minipaíses de este país hay gerentes, subgerentes, directores generales o vaya usted a saber qué cargo de Sanidad creado e inventado para quien conviene dárselo, que “asisten con prisas a reuniones” sobre la vida de los ciudadanos y se van respondiendo que “alguien habrá, si sucede una urgencia, para llevarlo a donde sea” (sic). Esto se ha oído literalmente en la provincia de Teruel de un cargo de Sanidad de la DGA, echando encima de los profesionales en ejercicio real de la medicina una responsabilidad y un desasosiego moral que no les corresponde.
¡Ah! Pero si pasa algo, esos cargos se espolsarán la responsabilidad y no tendrán empacho en culpar al médico o al enfermero que estuvo o al que no pudo estar junto al enfermo porque “no había bastante personal cualificado para atenderlo” ni para llevarlo ¿Cómo, dónde, en qué transporte y en qué condiciones de transporte? Cualquiera con medio centímetro de sentido común sabrá contestar. Lo que a la vista está es que, quienes están colocados ocupando un cargo de alta responsabilidad que no se corresponde con su capacidad de resolución, no saben y, en su mediocridad, sueltan esas perlas u otras parecidas como futuribles aperturas hospitalarias que ni la silla en la que se sientan mientras lo dicen, se cree. Eso, además de no saber, es mentir descaradamente al ciudadano que paga con sus impuestos sus insensatos sueldos. No se puede pedir más incuria y estulticia. Mientras antes, durante o después, un niña tenía que ser trasladada al hospital la Fe de Valencia, es decir, allende las fronteras del minipaís aragonés, porque en la UCI de los hospitales de Zaragoza (dicen que cuarta capital de España en población) “no había sitio”, pero el nuevo hospital de Teruel espera su construcción hace 37 años (ojo, más de 10 a terminar de construirse, sin contar que, luego, serán 3 o 4 años más los de ponerlo a punto)
Por pagarle a este tipo de cargos y carguitos amarrados al sillón con camisa de fuerza, se paralizan o ralentizan las obras de Sanidad, se destruyen empleos y puestos de trabajo de profesionales sanitarios en la nostalgiada Seguridad Social, se subestima y explota a los que hay y se racanean dotaciones de medios imprescindibles para salvar las vidas de los niños, adultos y mayores que quedan en la provincia de Teruel.
No sé si con tan agotadoras reuniones que los “obligan” a viajar por la provincia y “enfrentarse” a trabajadores pedigüeños y llegar a casa rendidos de “sacarle la cara” al inmediato y nunca bien palmeado “compañero” superior, podrán y sabrán leer a Miguel Labordeta, Gabriel Celaya o Blas de Otero antes de ponerse delante de su espejo y tratar de entender que “Se dicen los poemas... de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden Ley para aquello que sienten excesivo…” Luego tal vez deberían mírarse, pensar, aprender y ¿dimitir?





