Las 6 de la Suiza ya han entrado en prisión a la espera de que se tramite el indulto del Gobierno prometido por Yolanda Díaz. Condenadas por hacer sindicalismo, se sienta así un precedente gravísimo para todo el movimiento obrero y sindical de nuestro país.
Este caso de represión se suma a una lista cada vez más larga en la que también están los 6 de Zaragoza, que llevan más de un año encarcelados, o los 19 compañeros de la PAH Zaragoza para quienes piden más de 3 años de cárcel por sus protestas contra Caixabank. Pero la lista es inmensa y no deja de agrandarse, lo que lleva a los más ingenuos a preguntarse cómo es posible que ocurra esto en la España democrática del siglo XXI, más aún con un gobierno progresista. En el otro lado tampoco faltan los que, viendo los altísimos niveles de represión y montajes e infiltraciones policiales, concluyen que vivimos en un estado fascista, pues no puede explicarse de otra manera.
Todo esto nos obliga a preguntarnos en qué punto estamos realmente. Y debemos plantearlo de la forma más objetiva posible, atendiendo a las causas que nos llevan a esta situación, de manera que podamos ir a la raíz del problema y articular una lucha coherente contra el verdadero origen de toda represión contra el movimiento obrero y popular: el capitalismo en crisis.
Empezando por quienes creen vivir en un estado fascista, esta banalización del fascismo no nos hace ningún bien. Si todo es fascismo nada lo es. Ahora que esa palabra se utiliza demasiado a la ligera (incluso por organizaciones políticas como Vox que, sin ser fascistas, parte de su base electoral sí lo es) necesitamos analizar la situación de la forma más certera posible. El capitalismo en crisis, necesitado de remontar su tasa de ganancia (esto es, de asegurar los beneficios de los grandes capitalistas), reprime, pero esto no lo convierte en fascismo de la noche a la mañana. Caracterizarlo así hace un flaco favor al movimiento obrero, más aún cuando ante situaciones futuras de mayor conflictividad e inestabilidad social el capital sí puede recurrir al fascismo como la verdadera dictadura abierta y terrorista de los elementos más reaccionarios (...) del capital.
En el lado contrario, encontramos a quienes se llevan con sorpresa las manos a la cabeza al no entender cómo un gobierno progresista permite y es cómplice de esta represión. Convendría, para entenderlo bien, empezar echando un vistazo a la historia. Fue el partido socialdemócrata alemán, aliado con grupos paramilitares fascistas, quienes reprimieron en Alemania el movimiento espartaquista en 1919 y asesinaron a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Fue el movimiento socialdemócrata español, con el PSOE a la cabeza, el que colaboró con la dictadura de Primo de Rivera mientras miles de sindicalistas, comunistas y obreros en general llenaban las cárceles.
Cómo nos gusta a los comunistas echar la vista atrás para sustentar nuestros argumentos, pensarán algunos. Pero es que durante este siglo de historia la vieja y nueva socialdemocracia ha demostrado una y otra vez, en cada situación que el capital lo ha requerido, quienes son sus verdaderos amos. Que se lo pregunten sino a los obreros del metal de Cádiz a quienes la policía está yendo a buscar a sus casas para detenerlos, tal y como ya ocurrió en 2021 cuando el gobierno progresista llegó a desplegar una tanqueta para reprimir a los manifestantes que peleaban por una vida y un trabajo dignos.
Y es que lo que realmente importa son los hechos, no las palabras. De nada sirve que la ministra Yolanda Díaz salga a defender a las 6 de la Suiza y prometer su indulto para erigirse de forma oportunista como garante de los intereses de los trabajadores. Sólo las movilizaciones masivas, la organización y lucha de nuestra clase, son los responsables de ese indulto prometido por parte del Gobierno (y que, de momento, no ha llegado, a pesar de que las 6 ya hayan ingresado en prisión). La solidaridad obrera se ha extendido por toda España y ha obligado, tras un cálculo electoral, a representar la obra de teatro en la que mientras continúa y aumenta la represión claman en defensa de los trabajadores. ¡Aún habrá quién se compadezca de la ministra, excusándola en su necesidad de apoyo en la calle para poder sacar adelante ciertas políticas! ¿Apoyo en las calles a los mismos que institucionalizaron la protesta y prometieron solucionar todos nuestros problemas desde el Gobierno para después gobernar en favor del FMI y del BCE?
Es hora de romper con esa falsa idea de la dualidad calle-instituciones. La movilización y la organización deben ir en aumento, pero a su vez necesitamos abandonar toda confianza en unos y otros gestores del capital. Necesitamos crear una fuerza capaz de imponer nuestra propia agenda a los monopolios y sus gestores políticos. Eso es lo que realmente da miedo al capitalismo, lo que no puede consentir, y por eso tienen bien engrasados los mecanismos de represión. Pero no podemos permitirlo o habremos perdido de antemano.
Las victorias, sea el indulto para las 6 de la Suiza o la reciente paralización de dos desahucios en Zaragoza, nos muestran cuál es el camino. Un camino largo y difícil, pero el único camino posible si queremos tener un futuro en el que no vivamos con miedo: con miedo a perder nuestros trabajos o a ir a la cárcel por defender nuestros derechos.





