Se cumplen seis años de los lunes al sol, del inicio de las masivas concentraciones reivindicativas de pensionistas los lunes en las ciudades españolas. Uno de los detonantes de estas movilizaciones fue la indignación que causó la carta que Fátima Báñez, ministra de Trabajo del PP, envió anunciando -por quinto año consecutivo- una subida del 0,25% de las pensiones, por debajo del 1,65% previsto de IPC.
Hacen grandes movilizaciones y defienden reivindicaciones específicas de las mujeres, que tienen una pensión media un 33% inferior a la de los hombres. El movimiento pensionista participó en el 8M y apoyó la primera huelga general feminista en Euskal Herria el pasado 30 de noviembre, que reivindicaba el derecho colectivo a un sistema público de cuidados. El 23 y 24 de febrero se celebra en Madrid el I Encuentro de Mujeres Pensionistas, organizado por la Comisión Mujer de COESPE -Coordinadora por la defensa del sistema público de pensiones-, para seguir profundizando en sus derechos.
Estes pensionistas posiblemente pertenecieron a los potentes movimientos sociales de los 60' y 70', antiguos y antiguas sindicalistas, feministas ... piensas. Recuerdas el papel tan importante que tuvieron los movimientos sociales y el sindicalismo en la lucha contra el franquismo y la transición, de los que fueron casi con toda probabilidad protagonistas en una u otra medida. Nada es porque sí. Como defiende la nueva historiografía, son les verdaderes propiciadores de la llegada de la democracia a España, no el rey o Suárez, como machaconamente nos han hecho -casi- creer.
Los medios nos golpean con imágenes desgarradoras de personas mayores en residencias que no reciben la atención suficiente, con escenas de bancos desahuciándoles de sus casas, de centros en los que se diría que su existencia solo tiene sentido en el ocio y su premio, los viajes del Imserso o el reconocimiento de las bodas de oro. Mayores que mueren achicharrades en sus casas víctimas de la mala combustión de un brasero encendido por la falta de presupuesto para otra calefacción. Que mueren de pobreza y miseria porque su pensión no alcanza después de toda una vida de trabajo y cuidados. Personas indefensas (¿pasivas?) frente al sistema. Así las veíamos.
De su decepción por la estigmatización, el maltrato y aislamiento social resurge o se inaugura el alma reivindicativa y actualiza una imagen de mayores combatives. Qué lujo, qué extrañeza. Y no significa esto que no haya mayores que no participen en movimientos sociales, es mas bien que lo hacen alejades de su grupo de edad, fuera de ese nicho. Porque hasta ahora, el discurso era de condescendencia, pasividad y evasión. Es claro que el papel que la sociedad brinda a les mayores ha sido desbordado por esta ciudadanía, que se ha salido del rol otorgado, el de los seudo inservibles, pobres o disfrutadores de una vida ociosa y pasiva.
No solo es una reivindicación económica lo que protagonizan. Es la defensa de su dignidad, de su papel en la sociedad, de su potencial, de lo que pueden dar y no se les admite. De lo que reclaman como propio al haber contribuido sobradamente a la sociedad. La maravillosa veteranía, la madurez, la sabiduría que da una vida plagada de experiencias vitales.
Todo esto en el marco de una sociedad en la que lo idolatrado es la juventud, lo nuevo. Pero la generación joven está completamente inmersa en su lucha por la supervivencia frente a la precariedad sistémica en la que está sumida. Y han tenido que venir en su ayuda mayores, desde el cuidado de su familia porque no hay suficientes medidas de conciliación, hasta el apoyo económico por la situación laboral. ¿Supondrán estas movilizaciones continuadas un cambio de visualización de elles?
Invisibles y amortizades, excepto para los cuidados, también para la izquierda política -¿dónde están les mayores entre sus representantes, en sus reivindicaciones?-. No es bueno para la sociedad impugnar todo su pasado.
Invisibles y amortizades también para las centrales sindicales: el movimiento no encontró o no quiso encontrar un sitio en los sindicatos para desarrollar sus demandas. Afortunadamente para todes dieron con él por su cuenta, desbordando la lucha por la defensa de la justicia económico-social, haciendo cosas para las hasta hace poco no parecían haber sido llamades, son reivindicatives, cuestionadores del sistema.
En elles tenemos un ejemplo de la lucha por la redistribución y de lucha por el reconocimiento, aparentemente paralela, pero que este caso parece converger. Y en el debate que Axel Honneth y Nancy Fraser han introducido en los últimos años, los que sostienen que la lucha por el reconocimiento lleva indefectiblemente a un no cuestionamiento del sistema neoliberal, debieran ver que este movimiento, su sola presencia, problematiza este planteamiento. Quieren redistribución y reivindican reconocimiento como forma concreta de conseguirlo.
Su lucha está presente y es una forma de responder a la pobreza y al desprecio, a la humillación que lesiona la dignidad.

