La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca (PP), ha manifestado recientemente que Zaragoza tenía potencial para llegar a 800.000 habitantes. De esta manera, recupera el objetivo de Juan Alberto Belloch (PSOE) quien hablaba de la Zaragoza del millón de habitantes.
En la actualidad, Zaragoza tiene una población de 682.000 habitantes, por lo que supondría un incremento de 118.000 habitantes. Teniendo en cuenta que el tamaño medio de los hogares es de 2,5 personas, serían necesarias 47.200 viviendas nuevas para absorber el incremento de la población que desea Chueca. Con un precio de la vivienda disparado e inaccesible para la inmensa mayoría de las personas que en la actualidad carecen de una vivienda en propiedad (sean jóvenes o no), un incremento de la población implicaría una mayor presión sobre la vivienda que sólo podría producir un incremento espectacular de su precio.
¿Qué sentido tiene que la alcaldesa de la ciudad desee un escenario cuya principal consecuencia es agravar el mayor problema que tienen sus vecinos? Para quienes sufren este problema, lógicamente ninguno, pero para la dirigente de un partido que representa a la clase rentista y parasitaria tiene todo el sentido del mundo. Los especuladores que tienen suelo en propiedad y están esperando el mejor momento para venderlo y este tipo de anuncios ayudan a que se revaloricen sus activos. Cuando pensamos en estos especuladores ya no sólo nos referimos a la vieja oligarquía local de toda la vida, que tan bien defiende el Partido Popular, sino que ahora también nos referimos a fondos de inversión, como Blackstone, que están comprando suelo y vivienda en las principales ciudades españolas y que presionan con su enorme poder para inflar cada vez más la burbuja.
La apuesta por hacer crecer la ciudad de Zaragoza no solamente es un ataque directo a todas aquellas personas que hoy están sufriendo para poder pagar el alquiler o simplemente están viviendo con sus padres porque no pueden emanciparse, sino que también es un dislate desde el punto de vista del equilibrio territorial y demográfico. El municipio de Zaragoza concentra el 50% de la población aragonesa en el 2% del territorio, lo que provoca que buena parte de Aragón pero también de la provincia de Zaragoza tengan en la despoblación su principal problema.
Los nuevos proyectos que están anunciando se concentran casi todos ellos en el entorno del área metropolitana de Zaragoza, lo cual no obliga necesariamente a que los trabajadores que allí se empleen tengan que residir en la capital. Se estima que el complejo agroalimentario que está construyendo Bonarea en Epila dará empleo a 4.000 personas. Epila se encuentra a media hora en coche desde Zaragoza, pero en ese radio de media hora hay infinidad de pueblos que estarían encantados de recibir nuevos vecinos. Para ello, sin embargo, es necesario construir o rehabilitar vivienda que pueda albergar a estos trabajadores. Lo mismo puede decirse de los proyectos de Amazon Web Services y Microsoft que se han anunciado en el Burgo de Ebro, Villanueva de Galligo y Villamayor. Si no hay ninguna intervención del Gobierno de Aragón, lo más probable es que estos trabajadores radiquen su residencia en la ciudad de Zaragoza, sobre todo ante la escasez de vivienda en la mayoría de municipios cercanos a Zaragoza.
Impulsar la vivienda en municipios que se ubiquen en un radio de 20 kilómetros de estos proyectos sería fundamental para revitalizar una parte significativa de la provincia de Zaragoza. Sin embargo, volvemos a lo enunciado al principio del artículo, el negocio en torno a la vivienda. Mientras en las zonas rurales la propiedad de la tierra está mucho más repartida, en la ciudad de Zaragoza se concentra en unas pocas manos, ya sean las buenas familias de toda la vida, los fondos de inversión o bancos como Ibercaja.
Mientras Azcón y Chueca sonríen a las cámaras anunciando la llegada de inversiones millonarias, entre bambalinas los que viven de las rentas y cada día son más ricos se frotan las manos imaginando cómo se van a revalorizar sus activos a costa de que la vivienda cada vez sea más inaccesible en la capital aragonesa.

