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¿Qué pesa más, un kilo de paja o un kilo de hierro?

¿Qué pesa más, un kilo de paja o un kilo de hierro? ¿Está de acuerdo con que la Universidad de Zaragoza financie los estudios de las personas refugiadas? ¿Qué vida vale y merece más? Esa comparación, esa duda que nos ofrecen desde la encuesta de El Periódico de Aragón -el pasado 6 de junio- es...
| 7 junio, 2019 17.06
¿Qué pesa más, un kilo de paja o un kilo de hierro?
Refugiados en Idomeni. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

¿Qué pesa más, un kilo de paja o un kilo de hierro? ¿Está de acuerdo con que la Universidad de Zaragoza financie los estudios de las personas refugiadas? ¿Qué vida vale y merece más?

Esa comparación, esa duda que nos ofrecen desde la encuesta de El Periódico de Aragón -el pasado 6 de junio- es un instante de tortura.

Nos lanzan un dardo envenenado. Quieren que seamos cómplices, ya que tan solo hacerse ese planteamiento, solo que nazca esa duda desde el interior, es doloroso. Tanto como el resultado posterior, deja al descubierto unas actitudes que ya solo pueden señalarse como inhumanas.

Las respuestas no se han hecho esperar, pero habría que plantearse si realmente se sabe a lo que se está respondiendo.

¿Cuántas personas refugiadas hay en Aragón? ¿Cuántas de estas personas están en situación de acceder a la universidad? ¿Qué medidas además de la gratuidad de la matrícula va a ofrecer la universidad para que esto pueda llevarse a cabo? ¿Van a convalidar los estudios anteriormente realizados por estas personas en los países de origen? La barrera del idioma, el impacto psicológico de un desplazamiento forzoso, los tiempos para realizar tareas, etcétera. ¿Van a tener también una especial sensibilidad con ellas?

La encuesta de corte racista y clasista y sus resultados acordes al objetivo que buscaban, en realidad son solo un pequeño reflejo de una situación mucho más dura y cruel. Porque cuando se habla en global no se repara en lo individual y así no hay cargo de conciencia. No hay caras, no se cuantifica el dolor y las consecuencias. Y por supuesto se obvia y cuestiona una responsabilidad y un derecho.

Nos horrorizamos ante las imágenes de una guerra, de una hambruna, de una catástrofe natural. Nos caen las lágrimas al ver niños y niñas ahogados en las playas mientras abrazamos a los nuestros pensando que podrían ser ellos.

Pero más nos horroriza que puedan entrar a nuestras universidades. Queremos que se integren, que olviden sus canciones, su cocina sus costumbres, que vistan como nosotros y nos rían las gracias cuando les llamamos  “Moja”, “Machupichu”… Queremos que cuiden a nuestros mayores durante 24 horas y por una miseria, mientras les recordamos que podían estar peor, que les estamos haciendo un favor.

No queremos que estudien, porque si estudian quizá un día tengan que llamarnos la atención porque hemos llegado tarde a trabajar. Quizá un día sean personas de pleno derecho como nosotros y entonces ese día no podremos sentirnos superiores, no podremos seguir pisoteándoles y ridiculizándoles. Ese día veremos reflejadas en el espejo nuestra cruel, injusta y depredadora existencia.

7 junio, 2019

Autor/Autora

@PinsuenoC. Pertenece al Grupo de Ayuda a Personas Refugiadas en Zaragoza (@refugiadoszgz)


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