Primero de Mayo y la acumulación capitalista

Llega el Primero de Mayo y toca recordar a esos mártires anarquistas de Chicago que fueron ajusticiados por atreverse a pedir la jornada de ocho horas. Pero en el Estado español también tenemos una efeméride que recordar. Fue un 1 de mayo de 1855 cuando el estado liberal aprobó la ley de desamortización de Madoz. Una ley que daba la puntilla a los maltrechos bienes comunales que todavía quedaban en nuestro territorio, especialmente el rural, y que permitían la enajenación de éstos para apropiación de las élites del momento, permitiendo la acumulación del capital común en manos de unos pocos. …

Llega el Primero de Mayo y toca recordar a esos mártires anarquistas de Chicago que fueron ajusticiados por atreverse a pedir la jornada de ocho horas.

Pero en el Estado español también tenemos una efeméride que recordar. Fue un 1 de mayo de 1855 cuando el estado liberal aprobó la ley de desamortización de Madoz. Una ley que daba la puntilla a los maltrechos bienes comunales que todavía quedaban en nuestro territorio, especialmente el rural, y que permitían la enajenación de éstos para apropiación de las élites del momento, permitiendo la acumulación del capital común en manos de unos pocos.

Las leyes de desamortización permitieron la aceleración de la pérdida del modo de vida que durante siglos habían llevado a las sociedades a estar cohesionadas, pues en cierta medida los medios de producción estaban en manos de los productores. Pero su enajenación y acumulación en manos de los aristócratas inició el proceso de proletarización de esa sociedad tradicional, bien con la transformación de campesinos en jornaleros o bien con la obligación de migrar de esos desposeídos hacia los nuevos centros de industrialización, las ciudades, para convertirse en obreros.

Cuando a finales del S. XIX y principios del XX empezaron a entrar las nuevas ideas socialistas y anarquistas, las masas proletarias tanto del campo como de la ciudad, las recibieron con entusiasmo, pues no les resultaban desconocidas y les daban un halo de esperanza con el que mejorar sus depauperadas vidas . Poner los medios de producción en manos de los que producen; lo natural para esas personas. Así que se empezaron a crear agrupaciones obreras por todo el ancho y largo del territorio.

En 2026 el capital ha colonizado todos los aspectos de nuestras vidas, hoy está todo mercantilizado y la acumulación de capital es cada vez mayor y cada vez en menos manos (el 1% de los más ricos, concentra la mitad de la riqueza mundial), pero a la vez el sistema está dando síntomas de agotamiento. Si bien las conquistas de la lucha obrera ha hecho que las clases populares tengamos una serie de derechos en los países del norte global, éstos se están viendo mermados por el apetito voraz del sistema por la acumulación.

La vivienda se ha convertido en un imposible para una mayoría (tanto de jóvenes como de mayores) que se están viendo expulsados de sus residencias o no pueden acceder a una, porque los fondos de inversión están comprando nuestras ciudades y pueblos para convertirlos en parques de atracciones para el turismo o para la construcción de pisos de lujo para las élites. Los campos están siendo acaparados por esos mismos fondos que están expulsando a los pocos ganaderos y agricultores familiares, para monopolizar el sistema alimentario convirtiendo un bien tan básico en mercancía controlada por la agroindustria. Los pocos servicios públicos están siendo desmantelados para regocijo de los amos del cortijo. Y las nuevas tecnologías amenazan con eliminar los puestos de trabajo para así extraer más plusvalía a los trabajadores. Pero como hemos dicho antes, el sistema está dando síntomas de agotamiento, puesto que los territorios a conquistar y los recursos a los que acceder cada vez son más escasos (probablemente de ahí la insistencia de los Elon Musk & Cia. de conquistar Marte), pero mientras tanto las guerras han aumentado en intensidad en los países mal llamados en vías de desarrollo; unas guerras que entre otras cosas sirven como desvalorización de ese capital, destruyéndose para luego acceder a su construcción (recordemos el famosos resort de Gaza).

Mientras tanto las clases populares estamos desorientadas y divididas, estamos siendo desposeídas, pero somos incapaces de actuar y en el peor de los casos nos echamos en manos de posiciones reaccionarias que tienen un discurso con una falsa esperanza, pues éstos nunca nos van a representar, pero sí se valdrán de nuestras miserias para culpar a los débiles de todos nuestros males, mientras sus amos (las élites globales) se frotan las manos para seguir con su acumulación de riqueza.

Muy probablemente las organizaciones obreras han dejado de lado los problemas reales de la gente, por eso si se quiere volver a conectar con esas clases populares, como se hacía a principios de S. XX, se debe volver a la retórica materialista y a dar soluciones a los problemas materiales de la clase trabajadora (desde el campo a la ciudad) y sobre todo predicar con el ejemplo y no quedarse en la teoría. Las organizaciones sindicales y políticas deben recuperar las asambleas en los puestos de trabajo, en los pueblos, en las cooperativas, en los barrios y lo deben hacer hablando de lo que le importa a la gente, porque para ser verdaderamente libre, primero debemos tener las necesidades básicas cubiertas (alimentación, vivienda y abrigo). Porque el primero de mayo debe ser todos los días del año.

¡Viva el primero de Mayo! Rural o urbana; nacional o extranjera ¡Viva la clase obrera!