Presumir de Agenda 2030 y ODSs mientras arruinamos nuestros pueblos

La Sierra del Moncayo, está siendo amenazada por macroproyectos como la vaquería industrial de Noviercas, la mina de magnesitas de Borobia, la fábrica de productos contaminantes Distiller, la contaminación del embalse del Val en Los Fayos, por la falta de depuradoras en Agreda y Olvega, la contaminación de las aguas por nitratos, por el exceso de ganadería porcina en Muro, La piscifactoría de Vozmediano que no tiene depuradora, y esta última semana, se suma la solicitud de nuevos parques eólicos y fotovoltaicos, no para autoconsumo sino para beneficio de grandes empresas y que además amenazaría la avifauna de esta zona, …

La Sierra del Moncayo, está siendo amenazada por macroproyectos como la vaquería industrial de Noviercas, la mina de magnesitas de Borobia, la fábrica de productos contaminantes Distiller, la contaminación del embalse del Val en Los Fayos, por la falta de depuradoras en Agreda y Olvega, la contaminación de las aguas por nitratos, por el exceso de ganadería porcina en Muro, La piscifactoría de Vozmediano que no tiene depuradora, y esta última semana, se suma la solicitud de nuevos parques eólicos y fotovoltaicos, no para autoconsumo sino para beneficio de grandes empresas y que además amenazaría la avifauna de esta zona, próxima al Parque Natural del Moncayo.

Como se puede apreciar, la agresión que se está ejerciendo en los pequeños municipios rayanos, de Soria y Zaragoza que rodean al Parque Natural del Moncayo es muy preocupante.

Se presume de trabajar para revertir la despoblación, se presume de Agenda 2030, de ODS, pero en la Sierra del Moncayo, todo eso se desvanece, cuando los que habitamos en ella, lo hacemos bajo una constante amenaza, a las personas y al medio ambiente.

Parece que los negocios que nadie quiere cerca, se llevan al frágil entorno rural e intentan imponerse, engañando a alcaldes, argumentando que buscan trabajo para que sus pocos habitantes no tengan que irse. El gran capital se los camela ofreciéndoles, promesas que nunca llegan y ocultándoles las verdaderas y graves consecuencias a las que se les pretende exponer.

Empecemos con proyectos como la macrovaquería industrial de Noviercas, un modelo de negocio que pretende hacer perforaciones para sacar agua, que permita dar de beber a  aproximadamente 23.000 vacas lecheras, más el agua necesaria para limpiar las cuadras de excrementos, que posteriormente se depositaran en unas macro balsas asentadas, en una zona donde de tanto en tanto, se producen pequeños movimientos sísmicos, que podrían provocar la rotura de las mismas y acabar contaminando el poco agua potable, que quedaría para la supervivencia de la gente del territorio.

Un negocio que apenas genera empleo y, sin embargo, destruye la supervivencia de los pequeños ganaderos, que son los que fijan población en el medio rural.

Habría que preguntarse, el por qué no se instalan en países como Alemania, Suiza o Francia, que tienen ríos caudalosos, y se ahorrarían hacer perforaciones para sacar agua de un país como España, que sufre de estrés hídrico.

También podemos hablar de la mina de Borobia, que se inauguró en agosto de 2015, con las promesas de la empresa Magna, de crear quince puestos de trabajo, prestar ayudas para hacer un centro lúdico, la construcción de una residencia, ayuda para el acceso a la vivienda y al turismo, una vía para que los camiones no pasen por en medio del pueblo, etc...

De esto han pasado cinco años y esas promesas se esfumaron, sabemos que solo hay dos empleados de Borobia, que los camiones de gran tonelaje, pasan por dentro del pueblo provocando, ruidos molestos y que se ha caído una casa por las vibraciones, que en 2017 aún no habían construido balsas de decantación y se les sancionó por vertidos al río Manubles y que existe el peligro de que se contaminen ríos como el Aranda, Isuela y Ribota que nacen en la compleja red de acuíferos de esa zona.

Es un proyecto que perjudica a este territorio, no genera empleo y el dinero se va fuera de España. Ahora han solicitado una ampliación, deberíamos cuestionarnos quién se está beneficiando de la extracción de mineral y porque las instituciones lo permiten.

También está Distiller, una empresa dedicada al tratamiento de residuos tóxicos y peligrosos que tras unos estudios realizados el año pasado, la Fiscalía General de Medio Ambiente, constató la contaminación por hidrocarburos tóxicos y metales pesados, en el suelo y en aguas subterráneas que alimentan el río val, y que desembocan en el embalse del Val, que a su vez es el más contaminado de la cuenca del Ebro.

También lanzó vertidos a la atmósfera de benceno, tolueno y xileno, que provocó irritaciones en vías respiratorias y cefaleas a los vecinos de Ólvega. Ahora su costosa descontaminación es posible que sea pagada con dinero de todos. Distiller es otro ejemplo de una empresa que nadie quiere cerca, que aprovecha la despoblación para instalarse, he incumplir sus compromisos medioambientales.

La ganadería industrial de porcino, es otro modelo de negocio que abunda en los pueblos que rodean la Sierra del Moncayo, como ejemplo Muro de Ágreda, un municipio de alrededor de cien habitantes, que está rodeado de unas quince granjas, que por la mala gestión de los purines, han provocado que sus habitantes ya no puedan usar el agua, ni para beber ni para cocinar, por las altas concentraciones de nitratos superiores a 50mg./litro. que son un peligro para su salud, además del olor insoportable a purines.

Otro ejemplo es el embalse del Val, que se creó para abastecer a unos 50.000 habitantes de la cuenca, 20 años después, apenas tiene uso debido a la contaminación de sus aguas, por alta concentración de nitrógeno y fósforo, por falta de saneamiento de las aguas residuales e industriales de Agreda y Olvega, y la mala gestión purines de ganadería de vacuno, porcino, aves de corral y piscifactoría de Vozmediano.

Una obra que costó tanto como el Guggenheim de Bilbao y no se le puede dar uso por la falta de depuración de las aguas. Y aquí no pasa nada, no se buscan responsables, ni se pone remedio.

Y como a perro flaco todo son pulgas, estas últimas semanas tenemos la solicitud de nuevos parques eólicos y fotovoltaicos de dimensiones considerables, que además de afectar el paisaje, ponen en riesgo la avifauna de la zona. De nuevo unas inversiones de grandes empresas, que lejos de fomentar el autoconsumo, producen energía que se venderá fuera de esta zona, quedándose aquí las macroinstalaciones y llevando el beneficio lejos de los pueblos, cada vez más vaciados.

En este punto nos preguntamos para qué sirve la Agenda 2030, ODS, ayudas a la despoblación. ¿quién las lidera? ¿al servicio de quién están? Aquí no hemos notado que nada mejore, las instituciones parecen estar lejos de querer frenar esos abusos al medio ambiente y a la despoblación.

Así que, la sociedad ha tenido que moverse para defenderse de la administración. Ecologistas en acción, Asden, asociaciones como “La Hacendera”, “Otra Borobia es posible”, el colectivo de rayanos moncainos “Moncayo no Rebla” y otras asociaciones de las dos comunidades Aragón y Castilla León, se están uniendo para intentar frenar este acaparamiento de tierras y acuíferos, que se están produciendo por la implantación de modelos de negocio que arruinan el territorio.

Por el mismo motivo, la formación política Podemos, presentó en la Diputación de Zaragoza, una moción de rechazo a la ampliación de la mina de Borobia y a la Macrovaquería de Noviercas, por los perjuicios que representan para los acuíferos y municipios de Aragón.  Podemos también presentó alegaciones en las Cortes de Aragón.

Querría que no se dieran permisos a este tipo de empresas, que arruinan el medio ambiente, y el futuro de los pobladores presentes y futuros de estos municipios. También me gustaría que se buscaran a los responsables de provocar la contaminación del embalse del Val y se revertirá esta situación.

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