Altavoz

Por increíble que parezca

| 15 marzo, 2019 18.03
Por increíble que parezca

Así es. De nuevo, los verdugos se presentan como víctimas. Increíble, delirante… es criminal en realidad.

Las Asociaciones Amistad Judeo Aragonesa y Sefarad Aragón se adhieren a la convocatoria de la Organización Sionista Mundial y convocan a una concentración el sábado 16 de marzo, a las 18.00 horas en la Plaza de España de Zaragoza, con el lema “No al AntiSemismo, AntiSionismo, AntiIsraelismo. No al BDS”. De este modo, las asociaciones “tapadera” encargadas de intentar lavar la cara al estado genocida de Israel se desprenden del escaso barniz de legitimidad en el que se escudaban y alcanzan las cotas de ignominia que en realidad les constituyen.

¿Otra vez hay que explicar que no puede ser más estúpida la acusación de antisemitismo, siendo que el pueblo palestino también es semita?

¿De veras hay que insistir en las más de 50 resoluciones de Naciones unidas que viola el estado de Israel, incluida la que condena explícitamente la doctrina sionista como racista, sin que por ello reciba sanción alguna?

¿En serio hay que volver a explicar el papel que cumple el Muro del Apartheid, también condenado por la ONU que, en realidad, no es un muro de separación sino de asfixia contra la población palestina?

¿Hace falta aclarar quién es responsable de convertir Gaza en la principal cárcel a cielo abierto del mundo? ¿Es necesario recordar las repetidas guerras de agresión contra su población civil?

¿De nuevo hay que repasar el origen histórico de la doctrina sionista? Una doctrina plasmada por su gran líder Theodor Herzl en el libro “El Estado Judío”, en cuyas ideas de espacio vital y pureza étnica se inspiró Hitler, pero que Israel lleva 70 años demostrando a quien pertenecen los “derechos de autor”.

Efectivamente, durante los primeros años del siglo pasado, ese proyecto de construcción de un espacio vital para el Gran Israel ganó fuerza como lobby de presión internacional y estableció alianza con las potencias coloniales del momento; en especial con el todavía poderoso imperio británico. De éste arrancó compromisos durante la 1ª Guerra Mundial (plasmados en la famosa “Declaración de Balfour”), que cristalizarían después de la segunda Gran Guerra tras una tremenda escalada de violencia política contra los habitantes de la región e incluso contra los más moderados cargos políticos británicos, consiguiendo así la radicalización del apoyo a su proyecto político.

Mucho antes de que quienes hoy mandan decidieran llamar terroristas a quienes resisten legítimamente (es un derecho reconocido también por NN.UU. la resistencia contra una ocupación) desde hace décadas a la humillación, al desplazamiento forzado, al terror y a la voluntad de exterminio, los grupos sionistas Irgún, Stern y Haganah, sembraron la región en los años 40 de auténtico terrorismo, perpetrando asesinatos y masacres colectivas. La más conocida de ellas, quizá, fue la masacre de Deir Yassín. En 1948, pocos días antes de la proclamación de independencia del nuevo estado, en las afueras de Jerusalén fueron asesinadas 254 personas por la banda sionista Irgún, comandada por Menahem Begin-quien sería posteriormente Primer Ministro de Israel- con el objetivo de aterrorizar a la población palestina y hacerla huir a países vecinos. Comentando esta criminal acción, Begin dijo: “No sólo la masacre estaba justificada sino que el estado de Israel no existiría sin esta gran victoria”. Los propios líderes de las bandas asesinas obtuvieron su premio y ocuparon los más altos cargos del gobierno israelí, dejando así pocas dudas sobre la naturaleza del estado naciente.

Guerra tras guerra, siguiendo una planificada política expansionista, el estado sionista ha ido apropiándose de más territorios y haciéndose con el control geoestratégico de los recursos de la zona. Hoy, el estado que estableció relaciones especiales con el régimen racista de Sudáfrica, a quien facilitó tecnología para desarrollar armamento atómico, nos da lecciones de humanismo. El estado que durante los años 70-80s brindó ayuda militar y asesoramiento represivo a las dictaduras fascistas de América Latina nos da lecciones de democracia. El único estado del mundo que, de forma oficial, legitima jurídicamente la tortura, dice luchar contra la violencia.

Defender intereses y privilegios en contra de cualquier ética decente siempre deriva en comportamiento socio-patológicos. Cuando esa defensa implica exterminar a todo un pueblo se engendra esta clase de psicópatas políticos, una sociedad desquiciada. Tal como afirmábamos en 2006, cuando esa “única democracia de oriente medio” (según el PP) o esa “luz para las naciones” (según Ciudadanos) invadía el Líbano, explicábamos que las auténticas fotografías del horror no eran las de niñas y niños libaneses depedazados por las bombas, sino las de las niñas y niños israelíes escribiendo mensajes en ellas.

Pero lo que aquí queremos hacer es agradecer a las Asociaciones Amistad Judeo Aragonesa y Sefarad Aragón su convocatoria, porque nos da todavía más energías para defender la justicia en Palestina y para demandar que las asociaciones que se alineen con el genocidio no reciban ni un céntimo de dinero público, ni se les faciliten espacios que son de todos y todas. Para exigir alto y claro que se rompan todos los acuerdos culturales, deportivos y académicos con entidades sionistas. Para denunciar la doble moral, la inexistente moral, de nuestros gobiernos (español y europeo) que mantienen acuerdos preferenciales de comercio con ese estado criminal mientras dicen (aunque no lo hacen; ni en Europa ni en ninguna parte del mundo) defender los derechos humanos.

Porque… sí, efectivamente queremos al Gobierno Sionista de Israel repudiado, aislado, acorralado. Lo queremos obligado, como lo fue el régimen sudafricano del apartheid, a abandonar su proyecto racista, fundamentalista y criminal de colonización. Queremos a los y las presas palestinas libres, a sus gentes volviendo a sus casas y a sus tierras. Queremos justicia en Palestina. Y no vamos a parar un minuto. 

¡Viva Palestina Libre!

15 marzo, 2019

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