Después de ver La Odisea, algo que nunca debí hacer, iluso de mí, me he reafirmado en la convicción de que el cine que tiene valor no es el que acapara las salas de los grandes centros comerciales, o las principales plataformas digitales de pago, ni el que llena los espacios de programas sobre el séptimo arte. El cine que realmente merece la pena está en la calle, se hace con actores no profesionales, es imperfecto en lo técnico, raya a veces lo grotesco y lanza puyas sin discreción en todas direcciones. Todas estas reflexiones y alguna más, que ahora paso a contaros, me las ha producido el visionado de Un poeta, película del director colombiano Simón Mesa Soto.
El intenso color rojo de los créditos de inicio, y la melancólica y desesperanzada melodía inicial que refleja a la perfección la personalidad de Óscar Restrepo, el protagonista de esta película, me dice que esto en efecto es un filme diferente. Óscar Restrepo es una persona al borde de la desesperación, separado de su mujer y su hija, que vive con y de la mínima pensión de su madre. Sin trabajo, alcoholizado y desganado, se alimenta de los recuerdos de los primeros años de su juventud donde ganó varios premios de poesía. Pero, ¿dónde quedó esa poesía? La vida la devoró vorazmente, y Óscar la maldice y maldice a todo el que no cree como él en que la poesía sale del dolor, como la de su poeta de cabecera y compatriota José Asunción Silva.
Un poeta es una película peculiar en muchos de sus aspectos. En primer lugar, aunque ya estemos en un mundo hiperglobalizado, sorprende que sea una coproducción sueco-colombiana. También sorprende en su concepción, salpicada de momentos estrambóticos, surrealistas y mordaces, pero con la pátina de realidad que le dan sus actores, la mayoría de ellos no profesionales. Destaca en especial Ubeimar Ríos, que replica en la película su profesión real, la de profesor de Literatura. Su particular físico que raya lo caricaturesco, la desgana corporal con la que arrastra a su personaje y esa mirada perdida, no son óbice para que, a pesar de todas las trabas que tiene ese poeta maldito que cree ser, el espectador acabe sintiendo una mezcla de lástima y compasión por él.
Pero hay mucho mar de fondo en Un poeta, esta especie de cenizo sainete en el que el director nos va introduciendo progresivamente. Ahí está la feroz crítica a las élites intelectuales,o a los medios de comunicación. También reciben dardos envenenados la educación y las clases bajas, nadie se salva en este fiel reflejo de la sociedad hipócrita en la que vivimos. Por supuesto, la poesía ocupa un lugar importante en la película. Mantiene al desastroso Óscar Restrepo, a duras penas sobre el fino alambre del cable de la vida y desde el dolor y la belleza, la verdadera poesía, como el verdadero cine, es arte y una forma de mejorar al ser humano.
Con ecos del cine de los argentinos Mariano Cohn Y Gastón Duprat, El hombre de al lado (2009) o El ciudadano ilustre (2016), Un poeta me trae a la memoria una notable y desconocida película, la también argentina El último Elvis (2012), que describe a un personaje tan atormentado como el desgraciado Óscar Restrepo. Y hablando de Elvis, la película Un poeta se divide en cuatro actos separados por una canción, a cada cual más gloriosa y que sirven de perfecto reflejo de lo que le va sucediendo al infeliz Óscar Restrepo. Suenan nada menos que “Cariñito” de Rodolfo Aicardi y Los Hispanos, “La luna en tu mirada” de la banda cubana Los Zafiros, y, como no podía ser de otra manera, el Corazón poeta de Jeanette. Dejaos de odiseas y poned un poco de poesía en vuestras vidas.






