Altavoz

Para Lambán seguimos siendo una granja

El discurso de cierre del año político de Javier Lambán olvida que su apuesta económica sigue poniendo muchos huevos en pocas cestas, se obceca en la unidad de España, por encima de los intereses de Aragón, obvia el abandono en infraestructuras y hace un guiño a la derecha, con la que también puede pactar
| 4 enero, 2019 19.01
Para Lambán seguimos siendo una granja
Mensaje navideño del Presidente de Aragón, Javier Lambán.

En lo político el año 2018 se despedía en Aragón con el tradicional discurso de su presidente. Mientras las aragonesas y aragoneses nos dedicábamos al más tradicional vermú con familiares o amistades, Javier Lambán, en el que era su cuarto discurso como Presidente de la DGA, arengaba a quién sabe qué masas en pos de la defensa del statu quo. Claro, ante esas pocas ganas de cambios, cualquier avance social se ve como una amenaza. Si deseas el medro, cualquiera que sea,  para Lambán serás el sans-cullote que amenaza el reino.

Y de reinos comenzó hablando el presidente. De los que homenajea la exposición sobre los “Panteones reales de Aragón” que cuelga en el Edificio Pignatelli, desde donde se grabó su discurso. Apareció Lambán como el mamporrero de Felipe VI y con esta analogía no pudo evitar cargar sus armas contra el independentismo catalán, al que acusó de intentar “borrar a Aragón de la historia”, para terminar llamando a lo que otrora fuera un reino partido por la mitad por el Ebro, una simple comunidad. Pero acostumbrados estamos a que Lambán afirme cosas como que los buenos escritores catalanes escriben en español, que el derecho a decidir es reaccionario y a que se repita hasta la saciedad en su defensa a ultranza de la unidad de España. Empezaba ya no fuerte sino en su línea el presidente.

Dedicó otro apartado a la defensa de la Constitución de 1978, aprovechando su cuarenta cumpleaños rigiendo la eternamente joven democracia española. Para Lambán no hay crítica posible a la Carta Magna y menos cuando lo que se asoman son “viejos demonios familiares” en lontananza. Lo dicho, para él cualquier cambio será ya a peor y es mejor aferrarse a este malo conocido. Pero es que además trata de convencernos, quizá convencido él. Pareciera que a ojos de Lambán aquello que huele a transición es bonito porque le recuerda a sus años mozos, los de melenas y pantalón de pana. Quizá siga pensando que Alaska y Mario Vaquerizo son unos rebeldes de pro, pese a que ya hayan dicho que votarán a Ciudadanos. Pero qué sabremos los sans-cullote de la movida.

El presidente tuvo tiempo para hacer repaso a sus enmiendas a los platos rotos del Partido Popular, dejando para el final nombrar a esa izquierda que, vaya usted a saber cómo, ha conseguido meter la suficiente presión como para que se dejase de meter la tijera en los servicios públicos, pero recordándole que lo mismo que pacta con ellos puede hacerlo con los otros. Ni en lo económico tuvo a bien dejar de nombrar la desigualdad territorial que emana de la supuesta unidad de España. “Durante siglos, el Estado ignoró a regiones como la nuestra, favoreciendo siempre a Cataluña y al País Vasco”. Así se vertió, se derramó, evacuó verbalmente, Javier Lambán. Obviando que sin Aragón ese Estado no existiría y que si de él hemos de hablar, en términos estatistas, apenas son dos los siglos de vida que tiene. Y es que la Constitución de Cádiz es quizá el hito sobre el que se levanta el Estado español y nació con el firme convencimiento de limitar tanto el poder monárquico, como el de esos caciques terratenientes que arruinaban y arruinan, no solo Aragón, sino el resto del Estado español.

En el arte del funambulismo político Lambán se maneja. Y sí, fue capaz, casi a renglón seguido, de decir que “los burócratas madrileños jamás mantendrían servicios en zonas con tan escasa demografía como las nuestras”, en un alarde de aragonesismo. Un pronto.

Pero es que en lo económico donde la idea de Lambán es ciertamente elocuente. Macrogranjas, macrocultivos, turismo (leáse Aramón), parques eólicos y la OPEL. En los datos macroeconómicos del PIB basa todos sus argumentos para llegar a satisfacerse de que Aragón “lideró el crecimiento económico” en 2017, esperando que lo haga en 2018. Olvídense de que nuestro presidente sea capaz de citar la precariedad laboral que está arruinando a varias generaciones, las más jóvenes, aunque este sea el territorio con menos paro juvenil. Olvídenlo. Para él lo importante sigue siendo lo macro. Mientras las cifras cuadren da igual cómo lo hagan. De hecho es locuaz la apuesta por I+D a través del proyecto Ebro 2030 y el “legado de la Expo”, ese que nos hizo heredar una deuda pública que en el caso de las arcas del Gobierno de Aragón ascendió a 364 millones de euros, más otra tanta en las cuentas municipales de Zaragoza. Pero no se asusten porque para salir de esos macrodatos, optimistas para alguno, que hablan de 66.179 personas en paro en Aragón, se plantea el Mobility City, un clúster de empresas, sobre todo de la industria automotriz y las finanzas, que nos va a arreglar el entuerto convirtiendo a Zaragoza en el centro mundial de la movilidad. Ahí es nada. Permítanme dudar de que este proyecto pueda generar en un plazo razonable, pongamos dos décadas, el beneficio de 88,3 millones de euros que supuso la factura total, entre obras y terrenos, de la construcción diseñada por Zaha Hadid que la albergará.

Ante la perspectiva, extremadamente optimista, planteada por Javier Lambán, nos cabe creer que prefiere obviar que la mayor parte de ese crecimiento económico que nos vende viene dado por la industria porcina, la misma que emite el 15% de los gases invernadero de Aragón, la misma que genera mayores beneficios económicos mientras pierde número de ganaderos, la misma que proyecta las exportaciones a China tan alabadas por nuestro presidente. La misma que ha convertido a Aragón en un territorio con 1,3 millones de personas censadas y más de siete millones de porcinos. Y es que, mientras los números cuadren, Lambán estará orgulloso de que sigamos siendo una granja.

4 enero, 2019

Autor/Autora

Redactor. Integrante del Consello d’AraInfo. @maconejos


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