Nada menos que 27.000 agentes de policía serán necesarios para garantizar la seguridad de los más de 6.000 representantes políticos de los países de la OTAN que los días 24 y 25 de junio se darán cita en La Haya. Una cumbre con un objetivo claro: que los diferentes estados adquieran el compromiso de elevar sus gastos en defensa al 5%, siguiendo la hoja de ruta que marcan los deseos y los negocios de EE.UU.
El Estado español se ha comprometido ante la organización atlántica a destinar el 2% del PIB en defensa este 2025, lo que supone unos 34.000 millones de euros al año. Si pensamos en ese horizonte posible del 5% del PIB (80.000 millones de euros), el propio Mark Rutte manifiesta no tener “ninguna duda” al respecto de que el Estado español lo alcance, entramos en ese terreno en el que cuesta saber de qué dimensión de gasto hablamos. Para aterrizar esas cifra podemos decir que el Estado español ya está dispuesto a gastarse, con ese 2% anual reconocido, lo mismo que destinamos en un lustro (2023/2027) a nuestra producción de alimentos a través de la PAC, y que el 5% del PIB supera el gasto en educación y es el triple del gasto en dependencia.
La Política Agraria Común (PAC) es la política pública de la UE que mayor presupuesto comunitario tiene asignado, un 31% del total. Una ayuda que sobre el papel eleva las insuficientes rentas del campesinado y hace más accesible la alimentación. Desde el Colectivo Malas Yerbas, debemos aquí manifestar nuestro deseo por una PAC más redistributiva y justa al servicio de las pequeñas instalaciones agrícolas y ganaderas. La propia UE pretende destinar 800.000 millones de euros al proyecto de rearme europeo, lo que señala una nueva prioridad y un claro conflicto de intereses.
El nuevo horizonte de gasto preocupa al sector primario, se intuye un recorte importante de la PAC en el próximo periodo, lo que generaría la necesidad de un enorme aumento del gasto por parte de cada estado miembro si se quieren mantener las ayudas. Especialmente vulnerables a éste recorte son los modelos de producción más estratégicos desde un punto de vista social, medio ambiental y territorial, a los que hay que defender con todo, como lo son la agricultura social y familiar. Pero tampoco es una preocupación que tenga que ver exclusivamente con la producción de alimentos y sería un ejercicio imperdonable de narcisismo y endogamia agraria denunciar sólo el recorte económico que nos amenaza como sector primario y no hacernos eco de la amenaza humanitaria que tenemos delante.
Los movimientos campesinos se han caracterizado por su transversalidad en las luchas y en los análisis. Por ello, en el Colectivo Malas Yerbas, creemos que el horizonte que plantea éste giro geopolítico y la consecuente carrera armamentística afecta, no solo a nuestra actividad productiva, sino también a los derechos que como sociedad hemos ido conquistando y a nuestra propia existencia como especie humana.
Incalculables decenas de miles de personas en Sudán (además de 12 millones de desplazados), 370.000 personas en Birmania, en los últimos diez años 300.000 personas en Siria, al menos 12.000 personas en Ucrania y 14.000 en el Donbás y las más de 60.000 personas asesinadas en Gaza, y tantos otros lugares y tantas otras vidas. No podemos entender que el dinero gastado en armamento aún no alcance, no comprendemos que no sean ya suficientes personas asesinadas en el mundo. Nuestro trabajo como agricultores y agricultoras es producir alimentos para sostener la vida, mientras en el mundo seguimos gastando cada vez más dinero en matarnos.
El reto es mayúsculo, hay que exigir a los gobiernos y a las organizaciones internacionales como la UE que abandonen la deriva belicista y asuman el concepto de “Seguridad Humana” definida por la ONU en 1994 que replantea y amplía la noción de seguridad en siete dimensiones: económica, alimentaria, de salud, ambiental, personal, comunitaria y política. Lejos de la visión de seguridad belicista de la OTAN.
Muchas personas en el sector primario estamos trabajando de forma organizada por un encaje distinto de las políticas agroalimentarias, siempre de la mano de la paz, la dignidad, la solidaridad internacional y la soberanía agroalimentaria. Los movimientos y las organizaciones agrarias debemos sumarnos a una acción ciudadana internacional por la paz, salir de nuestra casilla y formar parte de un movimiento amplio de denuncia y construcción de alternativas.
El colectivo de agricultores y ganaderas Malas Yerbas expresamos nuestro mayor rechazo al aumento del presupuesto en defensa y manifestamos nuestra más rotunda condena contra todas y cada una de las guerras. Sembramos y abonamos para cosechar un futuro de pan y no de balas.

