Pactos de estrado

El escenario político aragonés siempre ha estado revestido de cierta singularidad, siendo en la actualidad junto al Parlament de Catalunya, la asamblea autonómica con más partidos representados, ocho concretamente, por encima incluso de la cámara vasca. Pero esto no es algo reciente, el bipartidismo en Aragón es algo que nunca hemos conocido con la misma intensidad que el resto de España, prueba de ello es que el partido político que más años ha formado parte del Consejo de Gobierno nunca ha ganado unas elecciones. Tras la irrupción de Podemos en la política española, y la quiebra del bloque monolítico que …

Pactos
Foto: Jorge Navarro.

El escenario político aragonés siempre ha estado revestido de cierta singularidad, siendo en la actualidad junto al Parlament de Catalunya, la asamblea autonómica con más partidos representados, ocho concretamente, por encima incluso de la cámara vasca. Pero esto no es algo reciente, el bipartidismo en Aragón es algo que nunca hemos conocido con la misma intensidad que el resto de España, prueba de ello es que el partido político que más años ha formado parte del Consejo de Gobierno nunca ha ganado unas elecciones.

Tras la irrupción de Podemos en la política española, y la quiebra del bloque monolítico que suponía el bipartidismo a nivel nacional, muchos creímos que esta nueva era rompería con los vicios derivados del turnismo que llevábamos padeciendo durante 30 años, y en buena parte así ha sido.

Entonces, si juntamos ambas reflexiones, la no existencia de bipartidismo en Aragón, y la traba a situaciones de gestión viciada y viciosa que supone el multipartidismo ¿Significa esto que nuestra comunidad ha estado libre de esta lacra? Rotundamente no.

Y aquí volvemos a hablar de pactos, porque son el centro de dicha casuística. Que en nuestra comunidad el pacto y el consenso sean habituales no es en sí mismo algo positivo. Probablemente tampoco algo negativo. Es positivo cuando recoge acuerdos concretos que se traducen en más democracia, más derechos y más bienestar social.

Pero ojo, que cuando un pacto no persigue ninguno de estos objetivos, tengamos por seguro que quien pierde es la ciudadanía. Y estamos demasiados acostumbrados a perder en dichos acuerdos.

Y es que durante décadas se han realizado pactos entre élites, firmados de espaldas a la gente, que lejos de apostar por políticas concretas, eran un mero reparto interesado de poder.

Hablemos del pacto del agua, claro ejemplo de acuerdo en nuestra comunidad ¿Dónde estuvo el beneficio para la ciudadanía? ¿Quién ganó con la firma del mismo? ¿Podemos seguir afirmando que cualquier pacto es bueno sólo por escenificar una rúbrica conjunta?

Podemos hablar también de la vergonzosa firma de la reforma del Artículo 135 de la Constitución Española, la cual ponía los intereses de los mercados por encima de los de nuestra gente.

Sin duda otro ejemplo de pacto para los que se vanaglorian de ser genuinos demócratas por haber tenido toda su vida sus posaderas pegadas a un escaño hasta que lo cambiaron por un sillón más cómodo en el Consejo de Administración de alguna empresa del IBEX35. Y aquí el bipartidismo se lleva la palma, especialmente infames son los casos de Felipe González, José María Aznar, José Blanco, Pedro Morenés, Elena Salgado o Fátima Báñez, pero podríamos seguir con este listado durante lo que queda de artículo.

Y es que, queridos amigos y amigas, los pactos no son lo más relevante, lo que de verdad importa es su contenido. La búsqueda de grandes mayorías en detrimento del objetivo del mismo, es un error flagrante, ya que la generación de consensos no debe imponerse nunca a la necesidad que los provoca.

Porque cuando se pone a la gente delante y los pactos tiene como elemento central las medidas y los programas, un abrazo puede significar mucho más que un afectuoso saludo, y tener la capacidad de mejorar la vida de las personas. De igual forma, el choque de dos botellines puede desencadenar la construcción de una alternativa progresista para nuestro país, rompiendo así décadas de monopolio neoliberal en lo económico y en lo social.

Es por eso que los acuerdos deben estar compuestos por políticas concretas y que vayan en beneficio de la mayoría social de nuestro país, no de los intereses de una minoría capaz de gobernar sin presentarse a las elecciones. Basta ya de pactos vacíos y sin contenido.

Recuerdo a Albert Rivera proclamando solemnemente desde el atril del Congreso la necesidad de grandes pactos de estado que transcendieran las ideologías en cada una de las sesiones plenarias. Acuerdos en que lo que primaba era el propio acuerdo y no su contenido. Pactos de estrado, más que de estado, de foto y frase, vacíos de contenido e inservibles para la ciudadanía.

Porque el pacto por el pacto es el summum de la nada en política, porque cuando un acuerdo es completamente transversal, en una mayoría de ocasiones, lo que esconde es una indefinición ideológica insultante incapaz de transformar la realidad.

Y es que existen muy pocas cosas totalmente transversales en política, una de ellas, la más importante de hecho, es la propia existencia de la democracia. Pero hoy en día puede que ya ni eso lo sea, la irrupción de la ultraderecha en el escenario político ha puesto en duda incluso lo más básico. El propio marco en el que nos relacionamos y que posibilita que hoy esté escribiendo esto o que tú puedas leerlo.

Es gravísimo para la salud de nuestra democracia el auge de partidos con los que no compartirnos ni siquiera el marco democrático. No podemos ni debemos dar la mano a quién niega el marco mayor de todo pacto, nuestro sistema democrático.

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