Con la llegada del otoño, esas amplias extensiones de arbustos grisáceos que dominan muchas zonas del valle del Ebro adquieren al amanecer y al atardecer un súbito brillo que les proporciona una efímera belleza. Son los sisallares. En otoño, los frutos alados de los sisallos son responsables de ese insospechado juego de luces.
Los sisallares
El sisallar es la comunidad configurada por el sisallo (Salsola vermiculata), un arbusto muy ramoso e intrincado que no suele superar el metro de altura, del grupo de las quenopodiáceas. Posee hojas diminutas, cilíndricas, lineares y carnosas recubiertas de pelillos. Florece a partir del verano, hasta bien entrado el otoño. Las flores, de polinización anemógama, son poco vistosas. Los frutos, en cambio, generan un ala membranosa de color blanco a púrpura que, con el sol cerca del horizonte proporcionan un brillo característico.
El sisallo forma parte de los matorrales nitrófilos o halonitrófilos, es decir, que prospera en suelos ricos en nitrógeno y sales debido a las deyecciones del ganado o a cultivos intensamente fertilizados. Por eso se pueden ver los sisallos en ribazos, parideras, zonas de tránsito de ganado y en zonas humanizadas en general.
Su distribución mundial abarca la región mediterránea y el norte de África. Lo encontramos en comarcas cálidas y con cierta aridez sometidas a fuertes contrastes térmicos, con altas temperaturas estivales y nieblas y heladas persistentes en invierno. Por ello, es una especie abundante en las zonas esteparias del Valle del Ebro que penetra hasta los rincones más caldeados de los somontanos. No es raro que algunas localidades alberguen en su término algún paraje con el topónimo de sisallar.

Pero la presencia del sisallo en una comarca es, sobre todo, testigo del uso ganadero del territorio. Este arbusto es pastado por las ovejas las cuales, a su vez, ayudan a diseminarlo. Como es un excelente forraje en las comarcas secas para las ovejas, diversos autores propugnan su uso en una ganadería de calidad.
El sisallo, planta de culto
Resistente a la insolación, al calor y a los contrastes térmicos, a periodos de sequía, a suelos donde se acumulan nitratos y sales, rebrota bien de cepa... las adaptaciones del sisallo lo hacen especialmente valioso para prosperar en ambientes nada amables.
Ello lo consigue gracias a unas particulares adaptaciones fisiológicas que le permiten sobrevivir donde otras especies vegetales perecen. Especialmente en lo que se refiere al control de la fotorrespiración.
En los días de más intensa insolación y calor, las plantas tienden a cerrar sus estomas para no perder agua y evitar deshidratarse. Ello impide la expulsión del oxígeno que se genera en la fotosíntesis y las plantas se deshacen de él quemando el carbono almacenado y generando CO2. Como es un proceso semejante a la respiración se le denomina fotorrespiración. Pero, al contrario que la respiración, supone un gasto energético para la planta.

En periodos prolongados de calor e insolación, la fotorrespiración llega a equilibrar la fotosíntesis, consume el carbono fijado y la planta deja de crecer. Solo las especies que reducen la fotorrespiración sobreviven. Estas plantas metabolizan el carbono mediante un proceso que los biólogos denominan ruta de cuatro carbonos y a esas plantas se las denomina C4. Eso sucede con el sisallo en las estepas del valle del Ebro.
Pero el sisallo aún ofrece más servicios. Da cobertura al suelo, reduce la escorrentía, genera materia orgánica en el suelo y permite que bajo su sombra se genere una importante actividad animal. Sin duda, es una planta extraordinaria. A pesar de ello, los descampados ocupados por el sisallo son despreciados porque no cumplen los cánones de verdor y colorido de moda, por ello son los primeros en caer bajo el hormigón, las roturaciones o costosas repoblaciones forestales.
Para dar idea de la importancia de los sisallares se puede dar el dato de la biodiversidad presente en el sisallar del Actur que ilustramos en este artículo. El terreno está amenazado para urbanizarse intensamente bajo el Distrito Aragonés de Tecnología “DAT Alierta” y cientos de pisos.
Un estudio de la Asociación Naturalista de Aragón (ANSAR), que propone conservar algunos reductos valiosos de la parcela, ha llegado a determinar hasta ahora la presencia un total de 137 especies de plantas y cuatro de hongos y líquenes, al menos 129 especies (o taxones de categoría superior a la especie) distintas de invertebrados y al menos 92 de vertebrados: 86 aves, de ellas 71 especies haciendo uso del espacio, de las cuales 18 son posibles nidificantes, más la presencia de tres mamíferos, dos reptiles y un anfibio.
Sin duda, el sisallo merece un mayor reconocimiento en Aragón pues es un patrimonio que forma parte de nuestra cultura, posee magníficas cualidades y, en los tiempos que corren de meteorología extrema, calor y sequía, es un aliado en la conservación del suelo y la biodiversidad.
Las quenopodiáceas
Las quenopodiáceas son un grupo del máximo interés tanto desde el punto de vista ecológico como agronómico. Son plantas adaptadas a prosperar en ambientes extremos, bien sobre suelos alterados por los usos humanos, bien en suelos de alta salinidad. Así sucede con las especies que aparecen en escombreras, cunetas o márgenes de campos de cultivo. Como los bledos (género Chenopodium), conocidos como cenizos -ceniciellos en algunas comarcas de Aragón- y también las típicas capitanas (Salsola kali), que rodarán en breve con el cierzo por los campos. El grupo incluye plantas de saladares como la salicornia y la sosa o barrilla -salazo en Aragón- de la que se obtenía, precisamente, sosa.

Algunas especies se han domesticado y se cultivan intensamente como la acelga, la remolacha de mesa y la azucarera (género Beta) o la espinaca (Spinacia oleracea) -espinai en Aragón-. Fuera ya de nuestro ámbito está tomando auge la quinoa (Chenopodium quinoa), originaria de los Andes, por sus interesantes propiedades alimentarias.
Las quenopodiáceas empiezan a ser valoradas desde el punto de vista agronómico por adaptarse a ambientes restrictivos marcados por la aridez, un escenario cada vez más presente dada la evolución del clima. Las quenopodiáceas, no obstante, plantean el problema de que su polen es bastante alergénico y son responsables de los episodios de alergias de final de verano y otoño en las personas que son sensibles a su polen.
Mientras nos concienciamos con la importancia del sisallo y del resto de la familia, podemos salir al campo a ver los juegos de luces que generan los sisallares del valle del Ebro al amanecer. Que para eso no hace falta coger el avión.




