Orange is the new black: ¿la primera serie feminista de masas?

DIAGONAL | Julia de Titto (es editora y escribe en Notas.org.ar) | Lesbianismo, transexualidad, maternidad, abuso sexual, clases sociales, etnias, deseo, violencia. En 'Orange is the new Black' se exponen de forma cruda y honesta todas las esferas de la vida de las mujeres. Tal vez el fenómeno televisivo más importante de los últimos años tiene que ver con que los formatos tradicionales huyeron de la “caja boba” para meterse de lleno en internet. Producida por Jenji Kohan (Will and Grace, Weeds y Gilmore Girls) para Netflix, Orange is the new Black se ha convertido en un fenómeno mundial. Y es …

Fotograma de Orange is the new black.
Fotograma de Orange is the new black.
Fotograma de Orange is the new black.

DIAGONAL | Julia de Titto (es editora y escribe en Notas.org.ar) | Lesbianismo, transexualidad, maternidad, abuso sexual, clases sociales, etnias, deseo, violencia. En 'Orange is the new Black' se exponen de forma cruda y honesta todas las esferas de la vida de las mujeres.

Tal vez el fenómeno televisivo más importante de los últimos años tiene que ver con que los formatos tradicionales huyeron de la “caja boba” para meterse de lleno en internet. Producida por Jenji Kohan (Will and Grace, Weeds y Gilmore Girls) para Netflix, Orange is the new Black se ha convertido en un fenómeno mundial. Y es la primera serie protagonizada exclusivamente por mujeres.

Breve repaso, sin spoilers: Piper Chapman (una mujer rubia de clase media, interpretada por Taylor Chilling) está comprometida con Larry Bloom (Jason Biggs, el de American Pie). En medio de su primavera amorosa llega una noticia que marcará el rumbo de la serie: Piper es acusada por tráfico de drogas en una investigación judicial sobre hechos ocurridos diez años atrás, vinculados con su ex novia Alex Vause (Laura Prepon, de That’s 70 show), dealer de cierta jerarquía con la que mantuvo un intenso vínculo. La joven de cabello trigueño, entonces, termina encerrada en la Prisión Estatal de Litchfield, donde se desarrolla el grueso de la historia.

Tras las rejas, Piper conocerá un mundo que le es completamente ajeno. Pero al acercarse más y más a las mujeres que la rodean, a los guardiacárceles, a los códigos y la dinámica del encierro, la serie nos empezará a mostrar que no es tan así. Que las miserias de afuera se viven adentro, que las mujeres no sólo hablan de hombres como nos intenta hacer ver la televisión habitualmente, que el sexo lésbico se puede mostrar sin intención de excitar a varones heterosexuales y que el deseo, el amor, las violencias sufridas y las injusticias se pueden transmitir de forma inteligente y entretenida.

Orange is the new Black no es una serie revolucionaria. Pero sin duda es rupturista en muchos aspectos. Como ya dijimos, está íntegramente protagonizada por mujeres (los varones juegan un rol completamente secundario) y sus historias de vida, de sacrificio, de dolor, son el eje narrativo por excelencia. Eso en sí mismo, dada la brillante ejecución de los guiones y construcción de personajes, es para destacar. Además, la serie no niega que esas mujeres no son exactamente iguales, sino que están atravesadas por clases sociales, etnias y edades. Blancas, afroamericanas, latinas y mujeres de la tercera edad son los grupos de socialización donde cada cual se integra según un orden social que replica adentro el afuera. Las rivalidades, intrigas y peleas entre los grupos sólo se aplacan como reacción ante la amenaza de las autoridades o cuando surgen situaciones como un embarazo, una razzia o una muerte.

La diversa multitud de mujeres, por ejemplo, en un capítulo excepcional de la segunda temporada, es sorprendida al desconocer cómo es su vagina. Sólo el personaje de Sophia Burset (Laverne Cox), una mujer trans, sabe cómo se ve --las estudió para realizarse una cirugía-- y le explica al resto, que más allá del color de la piel, el nivel educativo o la clase social, están igualadas por la ignorancia de sus propios cuerpos. La escena es disruptiva. Cuestiona a los espectadores, los interpela. ¿Es verdad que muchas mujeres nunca se miraron con un espejo y no tienen idea qué tienen entre las piernas?

La sexualidad está presente casi en todo momento y es abordada de una manera sana y complejizadora. Sobre todo, desprejuiciada. Las hay lesbianas, bisexuales y heterosexuales. Hay lágrimas por amor y visitas los domingos. Se cruzan la religión y el aborto. La lesbofobia de algunas mujeres y guardias varones por igual. La clase media liberal y el totalitarismo católico. El abuso y acoso de los uniformados hacia las reclusas, también está presente.

Litchfield es una cárcel estadounidense, de mínima seguridad, que dista de las prisiones argentinas en muchísimos planos. Pero la serie también logra mostrar la crueldad del encierro. La vigilancia constante, la perversidad de un sistema que sólo logra potenciarse a sí mismo. ¿Reinserción en la sociedad? A través de sus episodios vemos como aún aquellas que logran la libertad condicional tienen enormes problemas para rehacer su vida afuera. Las normas carcelarias que exige a los guardias cupos de sanciones, el uso de la comida como método de presión, la corrupción o el aislamiento hasta la locura, muestran al menos algunos rasgos de un modelo de opresión y castigo que, salvando diferencias “de estilo”, está completamente presente en nuestro país.

Orange is the new Black conmueve. Capítulo tras capítulo nos vamos metiendo en las vidas más íntimas de estas mujeres, en los hechos que las llevaron tras las rejas y en sus sueños y anhelos. Saca a los varones de la ecuación, salvo por el hecho de que varias están allí por responsabilidad de ellos. Las protagonistas son las mujeres. Mujeres que devienen, que se construyen. Que nacen en cuna de oro y terminan viviendo en la calle adictas a la heroína. Que tenían un futuro hecho con sus novios y terminan haciendo locuras por mujeres a las que aman y/o desean. Y no son todas “buenas” ni personajes de final feliz. Hay ingenio, especulación y conspiración por el poder dentro de la cárcel.

Pero sobre todo hay una mirada honesta sobre qué significa “ser mujer”. Y la serie da cuenta de algo que las feministas decimos hace mucho tiempo: no hay una única forma de serlo, sino tantas como circunstancias, origen social y barrial, situación económica y familiar, lo permitan. Y esa diversidad, esa belleza humana de las protagonistas, es lo que hace que Orange is the new Black sea una serie imperdible. Necesitamos más y mejores productos televisivos y este es un excelente punto de partida para poder pensar qué tipo de sociedad construimos y con cuál soñamos. Es una excelente excusa para amigarse con las series y pensar que lo entretenido, divertido, dramático y emotivo puede también servir para cuestionar(nos).

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Artículo publicado originalmente en Patria Grande.

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