Not all comunistas

20 diciembre, 2023. 09:46

Como miembro de la tardía generación X, aunque ya solo me pillase por los pelos, estoy en esa edad en la que uno emite sonidos involuntarios al incorporarse, encuentra incomprensibles actividades y sensibilidades y también se permite el lujo de fantasear con lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Sí, yo también tengo un lugar imaginario a donde volver cuando la realidad se torna extraña o cuando necesito una buena taza de autocomplacencia calentita. Una fantasía en apariencia cómoda, pero que esconde horribles derivas si no andamos al ojo. Una fantasía en la que el feminismo era una competición de belleza por las horas de lucha realizadas, el antirracismo, un mantra con poca aplicación cotidiana y el antiimperialismo como una eterna tarea, siempre presente, pero nunca iniciada. Lo suficientemente lejana y grande como para que nunca tuviéramos que tomarnos en serio afrontarla.

Años intelectual y éticamente más fáciles, pero no por ello mejores.

El animalismo, el decrecimiento, la nueva ola del feminismo, el activismo en rrss, el experimento de la participación en las instituciones y las guerras metafóricas y literales vinieron a zarandear nuestra cómoda silla y a obligarnos a replantearnos los análisis con los que crecimos. Y vio que estaba bien, como dicen desde la cristiandad.

Sin embargo, entre los instrumentos de la nueva sinfonía, se colaban algunos chirridos. Chirridos que parecían recientes, pero que no eran más que el eco de aullidos previos. Chirridos que también sabían rentabilizar su impostada rebeldía. Chirridos en forma de cargo público, de escritor, de activista. Chirridos que muchas veces venían con un mal libro bajo el brazo y unas patillas demasiado abundantes.

Y llegó la primera vez que alguien nos llamó woke al intentar mejorar nuestra cotidianidad. Te expones a esa etiqueta si cometes el delito de luchar por el medioambiente, si dices que hay que cerrar los CIEs o que quieres que tu hija crezca en el entorno menos hostil posible. Pero no solo eso, sospecho que la utilización de la etiqueta depende de si tienes una causa que no convenza al que la usa. De tal manera, woke viene a ser aquello en lo que no se ven representados. Un pensamiento imbuido de materialismo dialéctico. Arbitrariedad e individualismo. Joder, que tropa.

Como muchas veces ocurre, la apariencia sí que representa al interior. Descubrimos con el uso de herramientas tan complejas como google que el término woke no venía de la tradición marxista. Sorpresa. De hecho, es el término del que la ultraderecha norteamericana se apropió para designar a la gente blanca que se comprometen en la causa negra.

Esto debería habernos hecho pensar un poco, pero en los últimos años estamos demasiado acostumbrados a autodeclarados revolucionarios que normalizan el apoyo de medios y personas vinculados a la extrema derecha hacia sus movidas. Como si fuese algo aséptico que los que siempre han sido enemigos pasen a invitarte a sus saraos y happenings.

Y con esto debería ser suficiente para no tener que oír el palabro en ningún ambiente de izquierdas, en ningún marco de militancia, en ninguna boca que se diga amiga. Pero, como a diferencia del enemigo, nosotros y nosotras tendemos a utilizar el trazo fino cuando nos interesa, me temo que no será suficiente. Así que quizá lo más efectivo será no tomarse esa taza de autocomplacencia. Mirar el calendario, hablar con los compañeros de trabajo y estudios y diseñar entre todas y todos una estrategia que nos permita atacar de raíz los submarinos ideológicos con los que nos ataca el liberalismo en todas sus manifestaciones.

Porque sí, si tú también denigras a quienes trabajan en causas que no son la tuya, tú también eres un submarino.

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