No todo estuvo mal

Hay un viejo chiste que retrata con mucha crudeza un comportamiento demasiado habitual en la vida cotidiana. Un individuo comenta con un amigo cierto incidente en el que se ha visto involucrado. “Fíjate que voy por la calle –dice- y me encuentro a cuatro tipos que están apaleando a un hombre. No tuve más remedio que intervenir”. “¿Y qué pasó?”, le pregunta el otro. “Que le dimos una buena tunda entre los cinco”, responde. Por fuerza tengo que acordarme de este chiste al repasar los últimos días de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE. Si alguien llegara de fuera, ignorante de lo que ha ocurrido en España desde las elecciones de diciembre pasado, y se dedicase a echar un vistazo a la prensa nacional y a las declaraciones de unos y otros, llegaría a la conclusión de que el tal Sánchez es una mezcla de tonto de remate y ambicioso visceral, un fulano taimado que no solo traicionó a los suyos sino que tenía entre ceja y ceja traicionar a su país entero. Menos mal, se diría el hombre, que los barones y baronesas de su partido decidieron pararle los pies y darle una buena tunda. Bueno, pues yo no lo tengo tan claro.

Para empezar, es verdad que el PSOE ha recogido en las últimas citas con las urnas los peores resultados de su historia, y sin duda su secretario general es el máximo responsable de que eso haya ocurrido. Pero digo yo que alguna responsabilidad tendrán también todos los que pintan algo en ese partido, incluidos los barones (y la baronesa por antonomasia) en ese desaguisado. ¿O es que todos ellos han cosechado magníficos resultados en su territorio y, misteriosamente, al sumarlos se quedaron en tan poca cosa? Para seguir, se oculta maliciosamente que una buena parte de esos malos resultados se debe a la pujante aparición de Podemos y Ciudadanos en la escena política, y no parece achacable a Sánchez ni la existencia de esos nuevos partidos ni el hartazgo de una buena parte de la población (sobre todo entre las clases medias urbanas y los jóvenes) que rechaza y con razón, el bipartidismo con el que hemos venido funcionando en la práctica desde la recuperación de la democracia.

Para continuar conviene repasar con cuidado lo que dijeron las urnas en diciembre, y lo que dijeron no era solamente que debía gobernar Rajoy o ir a nuevas elecciones. Había también, una posibilidad muy real de gobierno de centro-izquierda contando con Podemos y con el apoyo de partidos nacionalistas catalanes y vascos. Cierto es que la deriva secesionista del nacionalismo catalán complica (y mucho) los acuerdos, pero no los hace imposibles si cada uno sabe mantenerse en su sitio. Incluso cabe pensar que no sería malo abrir una vía de colaboración institucional con ellos que facilite el diálogo sobre el gravísimo problema territorial que tiene España. Basándose en eso, el Comité Federal (barones y baronesas, otra vez) pusieron la línea roja: no se puede tratar con independentistas (cuando la mayoría de ellos gobiernan con su apoyo), dijeron, y le cortaron las alas a Sánchez antes de que hubiera intentado empezar a volar.

En realidad, eso de que no se puede tratar con los nacionalistas era una simple excusa bien jaleada por los medios de comunicación, como se encargaría de demostrar luego Rajoy negociando con ellos la presidencia y la Mesa del Congreso. Lo que verdaderamente se estaba vetando era la presencia de Podemos en el Gobierno. Lo que verdaderamente estaba en juego era modificar o no las políticas económicas del PP, algo a lo que se oponen fuerzas muy poderosas, a las que el PSOE se plegó sin rechistar. Luego era previsible que Ciudadanos y Podemos no sumarán, con lo que el camino a las segundas elecciones quedaba abierto. Y no lo abrió Sánchez o, por lo menos, no lo abrió solo.

A ello habría que añadir el sorprendente comportamiento del voto de izquierdas en esas segundas elecciones. Y digo que es sorprendente porque parece claro que esos votantes no quieren en modo alguno que siga gobernando Mariano Rajoy (y, viendo lo que ha ocurrido en los últimos cinco años o lo que sucede estos días en la Audiencia Nacional, no les falta razón). Sin embargo, mientras el votante de derechas que se le había escapado al PP hacia Ciudadanos volvió al redil, los votantes de izquierdas castigaron de forma lógica a Podemos y al PSOE por su ineficacia e ineficiencia para poder gobernar juntos. Toda vez que Ciudadanos (tal vez escarmentado por esa fuga de votos tras su flirteo con los socialistas) se allanó a respaldar a Rajoy, la pelota quedó en el tejado del PSOE. O ayudaba con su abstención a que el PP gobernara, o íbamos a terceras elecciones. Los medios de comunicación en masa se lanzaron a presionar a Sánchez señalándole como el único culpable si había que volver a las urnas, y en su partido empezó a abrirse paso la idea de un golpe palaciego ante su tenaz negativa a facilitar la investidura de Rajoy. El argumento es que, si se producen nuevas elecciones, el PP superará sus resultados y el PSOE los empeorará, sobrepasado incluso por Podemos. Observemos de paso que, de forma un tanto incoherente, se dice que hay que abstenerse por razones de Estado, porque España no puede estar tanto tiempo sin gobierno, al tiempo que se aducen motivos obviamente partidistas para hacerlo.

Lo que ocurre es que las dos decisiones, propiciar elecciones otra vez o permitir gobernar a Rajoy, son malas. Está por verse la pérdida electoral que se produciría en diciembre, pero es una certeza que optar por la abstención y respaldar un gobierno del PP (¿o ayudarán a investir a un presidente para, de inmediato, votar contra los presupuestos y provocar su caída?) causará una feroz división en el partido y animará a los votantes de izquierda a huir de quienes apoyan a la derecha, a una derecha además corroída por sus múltiples casos de corrupción. Algo así como elegir entre pegarse un tiro en el pie o pegárselo directamente en la sien.

Nunca me entusiasmó Pedro Sánchez, y creo que su gran error, fue no explicitar que ya tenia votos para gobernar, y como máximo dirigente del PSOE proponer ese debate en el comité federal sin tapujos y sin miedo En esta situación, es importante identificar, cual es la del pie y cual la de la cabeza

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