No es por Cataluña, es contra el fascismo

La de este 18 de octubre en Zaragoza es una derrota de las que marcan. Convocadas no se sabe bien por quién, pues el cartel no tiene firma, 300 personas trataron de expresar su malestar contra la condena por el referéndum del 1 de Octubre de 2017 en Cataluña...

Zaragoza
Ultraderechistas en la Plaza España de Zaragoza. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

La de este 18 de octubre en Zaragoza es una derrota de las que marcan. Convocadas no se sabe bien por quién, pues el cartel no tiene firma, 300 personas trataron de expresar su malestar contra la condena por el referéndum del 1 de Octubre de 2017 en Cataluña. Una condena que a todas luces es desproporcionada.
La derrota en la concentración venía precedida por una semana en la que los medios de comunicación aragoneses calentaron el ambiente (no me detengo en este asunto, porque es largo) para que la ultraderecha cogiera el testigo y a través de las redes sociales, e incluso mediante carteles en las calles, terminaran por organizar su victoria. La imagen que hoy saldrá en los medios: 3.000 frente a 300.

Para conseguir su triunfo filofascista se han valido de todo tipo de bulos. Este es el que corrió como la pólvora por las redes sociales: “Los CDR independentistas marcharan a "explotar" e incendiar Zaragoza este viernes” y en el texto que le seguía aseguraban que independentistas catalanes acudían a “bloquear, incendiar, colapsar y pintar y destrozar monumentos y mobiliario público de Zaragoza”. Pura gasolina.

Ante la alerta suscitada cabían dos posibilidades como organización de la concentración: dar la cara y desmentir públicamente los bulos y noticias tendenciosas, como tarde el jueves, para frenar la desmovilización; o bien, cambiar la ubicación de esta concentración a un lugar, digamos, menos conflictivo. Se optó por la tercera, ponerse las anteojeras y tirar para adelante. Para que las 300 personas sufrieran un auténtico escarnio público, escoltadas por la policía y perseguidas e insultadas por el fascismo zaragozano.

Una concentración tan valiente como ridícula, frente a un enemigo que ya no se presenta como el nazi con la cabeza rapada o el señorito del cortijo al estilo Espinosa de los Monteros. Al menos no solo así. Un enemigo que se mostró ayer plural en lo social y hooligan en lo político. Y una concentración que necesita de una reflexión profunda en la izquierda y en el antifascismo zaragozano y aragonés. Vivimos tiempos extraños con una izquierda más atomizada que nunca en la que no faltan voces que disputen la bandera rojigualda como tablero político. Tiempos raros para el antifascismo que ya no tiene un enemigo definido, pues este se diluye en nuestros barrios, en nuestros trabajos, en nuestras comunidades de vecinas.

La de ayer fue también una tarde de ausencias. Muchas. En los movimientos sociales ante una concentración que o bien no entendieron como suya o simplemente les dio miedo. No entender como tuyo estar frente al fascismo, pues ayer, además de patriotillas de medio pelo, los auténticos fascistas de Zaragoza estaban en frente, comienza a ser un error en la izquierda y el antifascismo maños. Ayer hubo muchas ausencias sensibles de activistas y muchas, no menos importantes, de políticos que se dicen activistas. Quizá pendientes del que dirán ante la urgencia de las elecciones del 10N.

Sin embargo, lo que verdaderamente me preocupa de estas ausencias, es la sensación que se le quedó ayer a decenas de adolescentes y gente muy joven que acudió a la concentración. La vulnerabilidad a la que estuvieron sometidas estas personas. La inseguridad. El miedo. La vergüenza. Entendería que a muchas de ellas la siguiente movilización les haga pensárselo dos veces.

Ahora toca reponerse. Porque el enemigo sigue ahí enfrente. Hoy regodeándose. Crecido. Y en un corto espacio de tiempo toca movilizarse de forma masiva contra el fascismo. Ese que crece. El que vimos ayer. El que acechó la concentración literalmente. Y toca también plantarle cara, a las duras y a las maduras, señalando, discutiendo, rebatiendo… vale bien, pero también combatiéndolo.

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