No vamos a callar mientras todo tipo de fachas hablan de diversidad sexual para justificar la masacre del pueblo palestino. No hay festivales de música ni operaciones millonarias de propaganda que puedan pintar de rosa un genocidio. Menos aún, si hay un movimiento internacional que renueva una tradición de lucha antiimperialista y antipatriarcal.
La iniciativa Queering the Map permite dejar mensajes anónimos relacionados geolocalizados en lugares del mundo que tuvieron alguna relación con la vida de la diversidad sexual. Por todo el mundo aparecían nombrados lugares donde alguien conoció a su primer amor, donde experimentó por primera vez con su identidad de género o la casa que dejó para tratar de vivir su personalidad. Esta web tiene especial relevancia por su anonimato en los 72 países donde la diversidad sexual es perseguida por ley, como un lugar de memoria de la resistencia y la existencia a pesar de todo. El 17 de octubre de 2023 la cuenta @homocommunist en Instagram publicaba mensajes de Queering the Map escritos desde Palestina durante los bombardeos israelíes. Algunos decían:
"Por favor, más allá de lo que digan los medios, los gays palestinos existimos. Estamos aquí, somos queer, Palestina libre"
"Como palestino queer, la única vez que me he sentido enfadado y roto al ver la bandera del orgullo es cuando la vi sobre la casa robada de mis abuelos"
"No sé cuánto viviré, así que quiero que esto sea un recuerdo. No voy a dejar mi hogar pase lo que pase. Mi mayor arrepentimiento es no haber besado a este chico. Murió hace dos días. Nos habíamos dicho cuánto nos gustábamos y fui demasiado tímido para besarle la última vez. Murió en un bombardeo. Creo que una parte de mí murió también. Puede que pronto yo muera también. A Younus, te besaré en el cielo"
Desde octubre de 2023 el Estado de Israel ha entrado en una fase de bombardeo sistemático a la población civil causando más de 36.000 muertes en Gaza y otras zonas a fecha de marzo de 2024. El 85 % de la población de Gaza ha tenido que escapar, con 1,3 millones de palestinos refugiados en Rafah. Este ataque es un momento de genocidio que cae sobre más de 75 años de opresión colonial, limpieza étnica y expulsión del pueblo palestino desde la creación del Estado de Israel.
Esta masacre no sería posible sin la colaboración con la colaboración de las principales potencias occidentales para garantizar esa posición estratégica del imperialismo en Oriente Medio. Y llega con un discurso que trata de blanquear este genocidio como un avance para los derechos de las mujeres y la diversidad sexual, presentando al Estado de Israel como un oasis LGBTIfriendly y progresista. Y a este carro se están subiendo reaccionarios de todo pelaje que combaten las conquistas de la diversidad sexual mientras crecen los crímenes de odio y ataques.
Mientras las ambiciones de la derecha y los estados capitalistas en todo el planeta están sosteniendo al Estado de Israel como una de sus batallas más avanzadas, pretenden presentarse como los protectores de la diversidad sexual. Están preocupadísimos por la diversidad sexual.
Los discursos sobre un occidente civilizador o sobre migrantes y poblaciones originarias "que no se adaptan al progreso" no son nuevos, sino que han acompañado todas las aventuras coloniales desde hace siglos. Pero que justo para defender invasiones les interesen los derechos de la diversidad sexual sí que lo es. O al menos lo ha sido en las últimas dos décadas con el caso de Israel como ejemplo paradigmático de este mecanismo conocido como homonacionalismo.
Este concepto fue acuñado por Jasbir K. Puar en 2007 para definir la "instrumentalización de la defensa de los derechos LGBTI hacia el apoyo a políticas nacionalistas e imperialistas, respaldándolas sobre los prejuicios de que las personas migrantes y de países no occidentales han de ser forzosamente homófobas y de que la sociedad occidental es completamente igualitaria".
Esta operación de lavado de cara rosa ha contado con enormes fondos públicos, incluyendo las campañas Brand Israel, viajes gratuitos a Israel para el turismo de clase alta europeo, la creación de un barrio de tolerancia al turismo gay en Tel Aviv (totalmente opuesto a las restricciones de un barrio ortodoxo de Jerusalén), la celebración del WorldPride 2006 en Israel o de "Out in Israel" o la participación de la oficina de turismo de Tel Aviv en los eventos Pride de ciudades de todo el mundo durante años. Mientras, Israel sigue siendo un estado colonial y religioso, sin matrimonio igualitario y con servicio militar obligatorio.
"No hay ninguna 'puerta rosa' en el muro del apartheid"
Sin embargo, tal y como denunciaba en 2020 la organización LGBTI palestina Al-Qaws "ni los millones gastos en propaganda ni la colaboración de las potencias imperialistas en estas campañas sirvieron para tapar ni pintar de rosa las leyes de segregación racial, el robo de territorios palestinos, o la detención y tortura de presos políticos. La fantasía del humanitarismo israelí se desmorona en cuanto se tiene en cuenta la situación colonial. No hay ninguna "puerta rosa" en el muro del apartheid".
La existencia de estos discursos desencaja el relato homonacionalista que pretende blanquear el genocidio palestino "por el bien" de la diversidad sexual y los derechos de las mujeres. Por ejemplo, en Francia en octubre de 2023 la agrupación feminista socialista Du Pain et Des Roses impulsó una campaña con numerosas adhesiones llamando a los movimientos de mujeres y LGBTI a denunciar que no será en su nombre la defensa del genocidio palestino, sino que buscan armar la solidaridad con el pueblo palestino en la tradición de los feminismos antimperialistas y antirracistas.
Los debates sobre el combate al colonialismo israelí y su pinkwashing han sido la base sobre la que se han construido organizaciones de la diversidad sexual palestina, antipatriarcales, pero también anticoloniales, como Al-Qaws o Aswat desde 2001 y 2002. Este balance incluye una crítica a los sectores islamistas y su persecución a la diversidad sexual, al mantener las leyes británicas coloniales de 1936 que reglamentaban la sexualidad. Pero también a la izquierda palestina de tradición más laica y anticolonial que habría colaborado con las direcciones del movimiento de liberación nacional más burguesas y teocráticas, relegando la pelea por la liberación de las costumbres patriarcales para no disgustar a los sectores clericales.
En noviembre de 2023 durante los bombardeos publicaron el manifiesto Queers in Palestine, llamando a la solidaridad internacional en apoyo al pueblo palestino, contra el genocidio y la utilización de Israel de las políticas de identidad LGBTI para justificarlo. Este manifiesto concluía declarando: "Trabajamos por una Palestina liberada del colonialismo, el patriarcado y la explotación capitalista. En nombre del amor revolucionario, un amor que alimenta nuestra lucha por la liberación y nuestro anhelo de libertad, arraigado en nuestro amor por nuestras comunidades y nuestra tierra; os decimos que no hay orgullo con el genocidio, y no hay orgullo con el colonialismo. Nuestro orgullo sólo puede venir a través de la verdadera liberación para todos los pueblos que luchan en todo el mundo".
No en nuestro nombre también quiere decir "señala al imperialismo de tu país"
Estos discursos muestran la importancia de una apuesta antiimperialista en la lucha por la diversidad sexual y contra toda opresión y explotación. Y lo hacen mientras la prensa burguesa trata de blanquear un genocidio en directo al pueblo palestino o el rearme imperialista en Europa. Cada vez que los capitalistas han puesto a sonar los tambores de guerra también han ensayado no sólo como engrasar la lucrativa maquinaria de guerra a nivel industrial, sino también a nivel psicológico y político.
Y en esa preparación para la guerra, están agitando las ideas chovinistas, racistas y patriarcales de la extrema derecha y algunas de sus políticas por gobiernos de derecha, pero también que se dicen de centro o incluso socialdemócratas y se presentan como el freno a la extrema derecha.
Esa socialdemocracia con Scholz en Alemania planea aumentar 200.000 reservistas del ejército alemán, pero se presenta como forma de frenar a la extrema derecha. La que en Francia opone a un expresidente Hollande que acaba de ratificar que avala las masacres de Israel a la cabeza de un "frente popular" contra el auge de la extrema derecha. La misma que en el Estado español tuvo a PSOE y Podemos en un gobierno que firmó los presupuestos militares más altos en 40 años o acogiendo la cumbre de la OTAN que declaró a la migración "amenaza híbrida" justo antes de causar una masacre en Melilla. La que ahora con PSOE y Sumar reedita a un Sánchez acordando con la política migratoria de Meloni o Erdogan o que hace tibios reconocimientos a Palestina mientras continúa vendiendo armas y manteniendo relaciones con Israel. Ese freno a la extrema derecha del que usted me habla.
En todo el mundo una generación joven ha salido a la vida política en las universidades y en las calles de cientos de ciudades denunciando el genocidio en Palestina, como anteriormente sucedió contra la guerra imperialista en Irak o en Vietnam. Desde Nueva York a Madrid o París, pasando por Ciudad de México o Berlín, denunciaron la colaboración de sus compañías y universidades con la masacre de Israel, como con acciones de bloqueo en las empresas que venden armas a Israel o con grandes manifestaciones.
El papel de esta juventud confluyendo con la potencia del movimiento de mujeres y LGBTI, antirracista y la enorme fuerza de la clase trabajadora pudiendo desplegar sus posiciones pondrían en serios aprietos el crecimiento de la extrema derecha, la continuidad del genocidio y la responsabilidad de los gobiernos cómplices. Las luchas obreras, en solidaridad con el pueblo palestino o del movimiento feminista y LGBTI de los últimos años muestran un gran punto de apoyo para pensarlo.
Cuando decimos que "no será en nuestro nombre", se plantea el desafío de la construcción de la independencia política respecto a los gobiernos en los movimientos que cuestionan el sistema patriarcal y el imperialismo de sus propios estados. Esta tarea está unida a la pelea por una salida internacionalista y socialista en la que la clase trabajadora tome el testigo de la lucha contra la explotación y contra todas las opresiones que la atraviesan. Y en esa lucha, este mes del Orgullo y el resto del año, queremos estar.


