Necesaria conciencia de clase

Me angustian las noticias y otras veces me entusiasman. Es algo asqueroso lo que leo, pero a su vez esperanzador. La corrupción vive instaurada en nuestras clases altas, y por fin, afloran a la luz pruebas de ello. Pruebas que ahora invaden el imaginario colectivo con tal intensidad, que en ocasiones provocan desánimo, violencia o mofa, de lo asqueantes que son.  Asqueroso y esperanzador. Panorama devastador La política institucional es más servil que nunca y la Justicia, con mayúsculas, no existe. El poder legislativo lleva años protegiendo a quien le paga, amparado por unas leyes de decisión parlamentaria, que protegen …

worker-unite2Me angustian las noticias y otras veces me entusiasman. Es algo asqueroso lo que leo, pero a su vez esperanzador. La corrupción vive instaurada en nuestras clases altas, y por fin, afloran a la luz pruebas de ello. Pruebas que ahora invaden el imaginario colectivo con tal intensidad, que en ocasiones provocan desánimo, violencia o mofa, de lo asqueantes que son.  Asqueroso y esperanzador.

Panorama devastador

La política institucional es más servil que nunca y la Justicia, con mayúsculas, no existe. El poder legislativo lleva años protegiendo a quien le paga, amparado por unas leyes de decisión parlamentaria, que protegen al gran partido, el de todos, el de todas las asociaciones, incluidos sindicatos mayoritarios, el sistema. Ese gran partido que ante una pequeña amenaza de pérdida de poder deslizan suavemente PSOE y PP, hasta que finalmente, lo funden.

El poder judicial, atado a los dictámenes del que legisla y politizado sin ocultismos, es el fiel heredero de un poder que poca transición sufrió. El poder ejecutivo, pese a ser el blanco de la mayoría de las iras, no deja de ser la punta visible de un iceberg que se sumerge en las cloacas del Estado.

El cuarto poder, ¡ay, el cuarto poder! Es un compendio de grupos empresariales que evitan los titulares hacia los fraudes de la gran banca, Zara, Mercadona o El Corte Inglés, sus principales sponsor, y protegen con su propaganda, todo este conglomerado en el que se ha convertido el Estado. En la actualidad, los medios temen estar viendo como la actividad generada en red en esta sociedad de la información, le esté robando el pastel, miga a miga. Menos mal que las licencias de Radio y TV las siguen entregando en el Congreso, pensarán, unos y otros. Patrocinadores y patrocinados.

Crisis programada

Ante este panorama es, como en todas las épocas de la historia escrita, la clase trabajadora, si tiene la "suerte" de contar con un salario, quien sigue pagando los fastos. Los platos rotos, los nuevos platos y los de cocina de vanguardia. Ahogados con impuestos crecientes, pagan el manjar que el 1% de la población consume con gula. Una minoría amparada por un entramado que protege al poderoso, y que defrauda al sistema que representa con la misma facilidad, con la que exige colaboración y legalidad al trabajador.

Esa minoría se protege con cada vez más medios. No podemos olvidar que el gasto en fuerzas de seguridad, en plena crisis en ningún país se reduce, algo querrá decir. Probablemente, que hay miedo.  En el estado español disponemos de un miembro de los cuerpos de seguridad cada cien habitantes. Es abundante el miedo.

El miedo lleva al error  y eso, puede ser esperanzador. La falta de miedo, a su vez, conduce a acciones heroicas. Mal que les pese a muchos, Karl Marx llevaba razón. El sistema capitalista es un ir y venir de periodos benignos y crisis, que generan una lucha inevitable de amos y lacayos durante las mismas. La dificultad actual está en convencernos que somos esclavos y no personas libres como nos intentaron hacer creer.

Esta nueva crisis parece tener algo de novedoso. Las anteriores derivaron, tras violentas reacciones contra los diversos sistemas existentes, en bienestar social en diversos grados. Todas las crisis pues, determinaron grandes cambios sociales, que determinaron el camino de la Historia. Cambios impulsados desde posiciones que se consideraban maltratadas y necesitaban del acceso al poder tantas veces negado.

Ésta, parece abocarnos a un retroceso interminable del Estado de derecho y del propio bienestar social, tan divulgados en las fases de expansión del capitalismo. Bajo el maquillaje de la crisis, torpedean los derechos fundamentales, en un proceso que parece no tener fin. Sin embargo, entre sus oleadas de propaganda, y su control total de las instituciones y los medios de comunicación, existen reductos críticos, que influyen cada día en más población, pero todavía pocos, desconectados y desconcienciados desde el poder.

Nueva clase obrera no significa olvidar

El aparato de los Estados es tremendamente poderoso,  pero podemos hablar de la existencia de una respuesta ideológica plural, que aún siendo limitada todavía, que no se asusta de beber de las viejas utopías y apoyarse en los nuevos medios, para comprender la actualidad en el mismo sentido. Bienestar social, derechos fundamentales, libertad, igualdad, palabras que parecían tener solo un dueño, los representantes legalmente elegidos cada cuatro años, que paso a paso se están uniendo a otras igualmente necesarias que parecían olvidadas, como huelga, manifestación, lucha, más violentas si se quiere, pero igualmente necesarias, y que convergen con nuevas concepciones de la economía y la sociedad, decrecimiento, ecología, red… y con conceptos inolvidables de la lucha obrera como solidaridad, comunidad, autogestión…

Estos términos no deben estar en desuso, no deben caer en el olvido como ocurrió en las dos últimas décadas del siglo XX, en las que a todas nos convencieron de ser clase media. Pero tampoco deben ser acicate del cierre en banda, del dogmatismo en uno u otro sentido. Si definimos las crisis de la izquierda en Europa occidental, el comienzo de la misma separó tras la 1ª internacional a marxistas y anarquistas. Sintetizando la principal diferencia de ambas corrientes del socialismo, el Estado es el concepto clave. Pues bien, ahora son los propios capitalistas quienes lo están desmantelando. El Estado, llamémosle de bienestar, como lo conocimos en el siglo XX, tiene los días contados. El futuro parece un compendio de multinacionales, balances económicos y seguridad privada que nos ahogará en una nueva esclavitud.

No debemos olvidar los libros pues en ellos hallaremos las claves del objetivo que buscamos. Sin embargo, ¿Habéis preguntado a vuestras compañeras de trabajo si conocen a Marx o Bakunin? ¿La comuna de París? ¿Y la Primera Internacional? Todos sabemos la respuesta. Ni las conocen, ni les interesan. Es triste que debatamos entre nosotras por conceptos que a la postre son tan inalcanzables que tardaríamos generaciones en acercarnos. La futura lucha, necesariamente debe contener a la clase obrera, alienada casi por completo en la actualidad, instaurada en una ilusión de clase media desahuciada. En beneficio de la lucha, habrá hecho más quien haya influido con un mínimo de conciencia obrera en el ‘cani’ que trabaja en el taller o en la ‘choni’ que repone en el super, que quien se involucre en largos debates dogmáticos. Ellos son la clase obrera.

Luchamos contra un enemigo de tal dimensión que necesitamos partir de lo sencillo y práctico a lo amplio y complejo. Ahondar en el proceso de desintoxicación de la clase obrera, conquistar pequeñas parcelas de lucha, incluidas las dominadas por ellos, sindicatos, parlamentos, juzgados, y trabajar juntas, sumando esfuerzos en objetivos comunes, aún abandonando el dogma en ocasiones.

Este es y debe ser el cóctel de conocimientos que alimente las nuevas luchas, y que no sólo por su pluralidad o por su facilidad de acceso a la información está destinado a vencer, pero que cada día más genera un clima de odio controlado, de desenmascaramiento al poder, que sumado al continuo deterioro del estado de bienestar capitalista, no hace sino engrandecerlo. Fomentar la idea de que el conocimiento es necesario es clave para llegar al cambio, evitando en la manera de lo posible el aparato de propaganda organizado durante décadas.  Extender el conocimiento es hoy más fácil que nunca, alejados estamos de libelos y pasquines en una era en la que un mensaje vuela a la velocidad de la luz, pero que sin embargo es efímero. Convencer, crear una nueva clase obrera, no va a ser fácil. Llevan dos siglos destruyéndola. Aún así, no debemos pensar que el conocimiento puede hacer la sociedad más libre, pues el camino hacia el cambio no son solo conceptos, ni la unidad en torno a ellos, es también lucha.

Para conseguir derrotar al capitalismo debemos primero reconquistar conciencias perdidas. Debemos también comprender la naturaleza brutal del mismo. Ésta no es una labor que se consiga únicamente con planteamientos dogmáticos. No convenceremos a nadie que deje Youtube si le ofrecemos Filosofía de la Miseria de Proudhon en nuestro primer contacto. Necesitamos ampliar la base, y esto no se conseguirá desde posiciones elitistas. La lucha pasa por volver a crear una clase obrera que contenga un amplio abanico de posiciones anticapitalistas, capaces de aunar esfuerzos. Una clase obrera consciente que no anhele únicamente mejores salarios y condiciones, si no el cambio, lento pero progresivo, hacia un sistema distinto, solidario, colectivo, igualitario y de libertad. Un cambio que no será igual al del dogma utópico, pues la sociedad actual difiere en muchos aspectos de la industrial.

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[Miguel Ángel Conejos Montalar / @maconejos]

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