Nadie está mejor sin derechos nunca

Este 1 de diciembre, Día Internacional de la Lucha contra el Sida, ponemos en valor a las miles de mujeres que a lo largo de más de 30 años han sido las grandes agentes de salud ante el VIH, el sida y las ITS

Imagen de la campaña de ONUSIDA para este 2022 derechos
Imagen de la campaña de ONUSIDA para este 2022.

La reciente pandemia del COVID-19 generó toda una revolución en las maneras de vivir para la población general. Supuso, entre otras cosas, hacer extensivo el riesgo a todas las personas, agradecer con más o menos acierto a los sectores públicos sanitarios y valorar a los trabajadores llamados esenciales para la supervivencia humana.

No hubo exclusiones en el caso de las personas afectadas y, por tanto, tampoco marginación social. El escenario, podemos decir, fue más pacífico, sin culpas. No ha sido así la experiencia y la amenaza que convivió con nosotros y nosotras desde los años 80 con el VIH/sida.

Estos son algunos aspectos diferenciadores que este 1 de diciembre de 2022, nos parecen importantes con la finalidad de poner en valor a las miles de mujeres que a lo largo de más de 30 años han sido las grandes agentes de salud ante el VIH, el sida y las ITS.

Constatamos lo poco que se habla de esta cuestión, más allá de ser consideradas población clave en estos años de lucha contra el sida.

Las mujeres que realizan sexo de pago han tenido claro desde el primer momento que utilizar preservativos en los servicios y ocupaciones sigue siendo la medida más eficaz y más barata a la hora de protegernos y cuidar nuestra salud. El flujo de mujeres que se acerca al Centro Alba de forma ininterrumpida y voluntaria a recoger material preventivo ha seguido siendo abundante y constante a lo largo de este año.

Con ellas hemos aprendido los diferentes modos de utilización de los preservativos, las técnicas de negociación para la protección, el cuidado de los juguetes eróticos, entre unas y otras nos hemos hecho expertas combatiendo el VIH.

Por ello creemos necesario un homenaje social a todas ellas que hacen de la prevención una costumbre en aras de procurar la salud sexual colectiva de toda una sociedad.

Es preciso resaltar que el documento del Ministerio de Sanidad de nuestro país “Evaluación del Plan Estratégico de Prevención y Control del VIH y otras ITS 2017-2020” recoge como uno de sus retos hasta el 2025 lo siguiente: “Promover los derechos humanos eliminando todos los obstáculos sociales y jurídicos para acceder a los servicios del VIH […] (por ejemplo las leyes punitivas que penalizan comportamientos de riesgo como el trabajo sexual y el consumo de drogas)”.

Y a pesar de ello, nos encontramos inmersas en la tramitación de una ley punitivista y criminalizadora del ejercicio de la prostitución en nuestro país.

ONUSIDA recoge entre sus postulados que las leyes punitivas han demostrado bloquear el acceso a los servicios para el VIH, por ello la despenalización es un elemento esencial para poner fin a la epidemia de sida para el 2030. Con frecuencia, la legislación se aplica sin una base científica adecuada y actualizada en relación con el VIH.

La ley punitivista contra la prostitución condujo en Noruega, segun denunció Amnistía Internacional, a operaciones policiales de desahucios sistemáticos, registros en busca de preservativos como prueba coadyuvante de ejercicio de prostitución o aumento de la violencia e impunidad ante agresiones a mujeres.

Victimizar y criminalizar aumenta el estigma y el aislamiento, abocando a las personas a la clandestinidad, donde siempre se dan los mayores abusos. Se trata de perseguir y hacerle la vida imposible al virus y no a las personas.

Ya tenemos experiencia en que las políticas de austeridad recortan las estructuras de prevención y obstaculizan dramáticamente el acceso a las acciones y programas de atención directa y prevención cotidiana. Esta legislación que actualmente se encuentra en debate en el Estado español es una vuelta de tuerca más y no coloca a la salud y la promoción de la misma como elemento prioritario y de derecho en referencia a todo un sector de la población prácticamente femenino.

La penalización del ejercicio de la prostitución en cualquiera de sus aspectos tiene consecuencias negativas en términos de salud pública, violencia y bienestar. El castigo no protege, la información y la prevención sí. Nadie está mejor sin derechos nunca.

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