Mularroya, o el triunfo de la razón

Más de 150 millones de euros invertidos (tirados), casi 7.000 hectáreas de la zona de especial protección de aves de las Hoces del Jalón arrasada (y prácticamente irrecuperable), una presa concluida (ahora ilegal) y un túnel de casi 13 km recién iniciada su perforación… Triste herencia la que nos deja un proyecto irracional, injusto innecesario e inexplicable. Ayer, la Audiencia Nacional volvió a tumbar la construcción del embalse de Mularroya, con una sentencia tan firme como vergonzante. Por enésima vez, el poder judicial del Estado ha tenido que intervenir para recordar a ciertos políticos, representantes del bipartidismo más rancio y …

Más de 150 millones de euros invertidos (tirados), casi 7.000 hectáreas de la zona de especial protección de aves de las Hoces del Jalón arrasada (y prácticamente irrecuperable), una presa concluida (ahora ilegal) y un túnel de casi 13 km recién iniciada su perforación… Triste herencia la que nos deja un proyecto irracional, injusto innecesario e inexplicable. Ayer, la Audiencia Nacional volvió a tumbar la construcción del embalse de Mularroya, con una sentencia tan firme como vergonzante.

Por enésima vez, el poder judicial del Estado ha tenido que intervenir para recordar a ciertos políticos, representantes del bipartidismo más rancio y obsoleto, que las leyes están para cumplirlas, siempre, y no solamente cuando resultan favorables a los intereses de uno mismo. En el caso de Mularroya, las advertencias vienen de lejos. Es la cuarta ocasión en la que diferentes tribunales dicen que ahí y así no. Que advierten, por activa y por pasiva, que los ríos, el agua, los recursos naturales y la biodiversidad, son un bien común, una riqueza de todos, y que hay que respetar las leyes de todos para protegerlos.

Acostumbrados a los grandes proyectos subvencionados desde Europa, léase AVE’s, aeropuertos vacíos (pero de interés general), o lo que cada uno tenga a bien recordar, incluida la famosa política agraria comunitaria (PAC), de la que, con todos sus defectos, llevamos recibiendo abundantes ayudas durante las últimas décadas… Estos caciques contemporáneos, íntimos amigos de los amiguismos, de las puertas, compuertas y presas giratorias, de los contratos con aroma a bourbon y habanos… Han pretendido seguir vaciando los bolsillos de todos, con el simple propósito de continuar llenando los suyos, nunca pensando en el común, siquiera en los expectantes.

Afortunadamente, la lenta y pesada Europa avanza, despacio en ocasiones, pero con mano firme. La red Natura 2000, los lugares de interés comunitario, las zonas de especial protección de aves… No son sólo ornamentos, capas de un proyecto o espacios de colores en un mapa. Son la representación de que la riqueza ambiental de nuestros territorios es uno de nuestros mayores tesoros, y que nos corresponde a cada uno de los individuos europeos (y muy especialmente a nosotros, los cargos públicos), protegerlos, repararlos y cuidar de su futuro.

Está más que demostrado que, por un lado, la mercantilización de la naturaleza no conduce a un verdadero desarrollo, porque no es sostenible, y por lo tanto es finito. Y, por otro, e igual de importante, es que los macroproyectos de pantanos, ganaderos, agrícolas… No han demostrado ser la prometida solución ni al desarrollo, ni a la despoblación rural. En cuanto a lo primero, las directrices y políticas europeas nos encaminan de manera decidida hacia una economía circular, un consumo de proximidad, una producción basada en la demanda frente a una que potencie oferta masiva… Y, del mismo modo, los ejemplos que ilustran el fracaso de las faraónicas obras como panaceas de la repoblación, son más que abundantes, desgraciadamente.

Pero, la de hoy no es solamente una victoria en el plano económico, social o político. Es un triunfo de la razón y, como tal, de todos los ciudadanos que creemos en la justicia, en la igualdad de derechos y oportunidades. Es una reivindicación de los principios democráticos más fundamentales, de que la vieja y rancia manera de hacer política no tiene espacio en la Europa ni en el Aragón del futuro.

Aprendamos de esta reciente sentencia de Mularroya, como de las anteriores sobre Biscarrués o en Jánovas. Seamos valientes. Valientes para sentarnos a dialogar, como en Matarraña o en Santaliestra. Valientes para pensar en un futuro en el que todos y todo tenga su espacio. Valientes para cumplir con los compromisos adquiridos. Valientes para cumplir con nuestra obligación, para luchar por el mejor futuro posible para las generaciones venideras. Hagamos que esta reprimenda sea la última, y convirtámonos de una vez, en el ejemplo que podemos ser en cuanto a gestión, protección y divulgación de nuestros recursos naturales y a la gestión útil del agua para las y los aragoneses.

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