Este año, coincidiendo con el 50º aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco, los homenajes a las víctimas del fascismo —tanto durante la dictadura como en la Transición y en las décadas posteriores— han adquirido un protagonismo especial. Nombres como Lucrecia Pérez, Jimmy, Aitor Zabaleta, Iñigo Cabacas o el zaragozano Vicente Basanta, asesinado el 5 de febrero de 1977 por el policía Francisco Tovar mientras realizaba una pintada que decía “Trabajo, sí. Policía, no”, junto a una hoz y un martillo que ni siquiera pudo terminar, vuelven a recordarnos la persistencia de la violencia fascista.
En este contexto, y coincidiendo con el 18º aniversario del asesinato de Carlos Palomino, quisimos rendir homenaje a su memoria desde este medio. Escribiendo uno de los que escribe estas líneas el artículo ‘Carlos Palomino: 18 años después, la memoria frente al odio’ y, participando en las III Jornadas antifascistas de CGT Aragón–La Rioja impartiendo una charla centrada en su asesinato político, un caso que hemos podido estudiar a lo largo de este tiempo y donde hemos podido conversar tanto con su entorno político como con su abogado, Erlanz Ibarrondo.
Durante la charla abordamos el contexto histórico del fascismo, sus estrategias de legitimación social y el tratamiento mediático del asesinato. Deliberadamente no nos centramos en los medios abiertamente fascistas o de extrema derecha, porque era evidente que justificarían o blanquearían el asesinato ante sus lectores. Optamos por analizar cómo diarios que no se identifican como de extrema derecha —desde progresistas como El Plural hasta de derechas como El Español— asumieron en mayor o menor medida, de forma consciente o no consciente, un relato que contribuía a criminalizar al propio Carlos Palomino y a la propia familia.
La teoría de los “dos extremos”: como equipar a víctimas con sus verdugos
Otra de las estrategias empleadas, en este caso donde se asesinaba a un antifascista y también en otros, consistía en equiparar a los asesinos con sus víctimas mediante la llamada teoría de los “dos extremos”. De este modo, se ponía al mismo nivel a antifascistas y neonazis, igualando a víctimas y verdugos y presentando ante el lector el caso como una simple pelea “entre dos extremos” o “entre bandas”.
Pero, entre todos los medios que analizamos, uno destacó especialmente: el Heraldo de Aragón. Antes incluso del juicio, el periódico, propiedad de la poderosa familia Yarza, decidió publicar una pieza cuyo titular reproducía la versión que el asesino neonazi, Josué Estébanez: “Le ataqué porque me vi acorralado’”. Tildando al neonazi de “presunto asesino de Palomino”, pese a que desde hacía meses estaban disponibles los vídeos que mostraban con claridad el asesinato.
El subtítulo insistía en dar espacio a las justificaciones del agresor, citándolo cuando decía ser “español nada más, una persona a la que le gusta que gane la selección española”. A lo largo de la noticia, el Heraldo evitaba en todo momento llamar “neonazi”, “de extrema derecha” o siquiera “de derechas” al asesino. Se limitaba a describirlo como “soldado profesional”, “presunto asesino”, “acusado” o directamente por su nombre. En contraste, sí mencionaba explícitamente que Carlos era “antifascista”.
Los primeros y principales párrafos de la pieza dejaban claro su objetivo: presentar como plausible la versión del neonazi y alinearse con la estrategia de su defensa judicial. En esa línea, Heraldo reproducía sin cuestionarla la afirmación de Estébanez de que no se dirigía a una manifestación de ideología neonazi organizada por las Juventudes de Democracia Nacional y que no tenía simpatía por ese partido.
El texto continuaba reforzando este marco narrativo llegando a publicar: “Estébanez ha dicho que ni odia a los antifascistas ni está en contra de los inmigrantes: ‘¿Cómo voy a odiar a un inmigrante si tengo amigos inmigrantes y comparto habitación con uno de ellos?’”.
Solo más adelante incorporaba otras voces, como la de uno de los antifascistas que acompañaban a Carlos ese día: “Nos dijo que nos iba a matar, que éramos unos guarros e hizo el saludo fascista”. Aun así, el artículo seguía sin calificar nunca al asesino como neonazi y relegaba esta parte de la información al final, restando peso a las declaraciones de la familia y la defensa de Palomino.
“La represión tiene cuatro patas: la mediática, la judicial, la policial y la legislativo-política”
Esto no es casual. Como nos explicó Erlanz Ibarrondo, la “pata mediática de la represión tuvo una trascendencia fundamental en este y otros casos de represión”. Ibarrondo nos confirma, además, que Estébanez no ha abonado la indemnización a la familia.
Este abogado, que ha llevado y sigue llevando otros casos de represión, recuerda que “la represión tiene cuatro patas, la mediática, la judicial, la policial y una pata legislativa y política”. Subraya que “hacia una parte de la población ha existido la represión aun siendo víctima. Asesinaron a Lucrecia Pérez, asesinaron a Guillem Agulló en Valencia, asesinaron a Richard en Alcorcón, Santi al final falleció, mataron a Aitor Zabaleta, a Carlos Palomino, a Jimmy, y otras muchas personas que me dejo. Y sorprendentemente había un nexo común en todo esto (…) y era la criminalización hasta de la propia víctima. Los medios de comunicación consiguieron que, en todos esos asesinatos, las víctimas tuviesen que defenderse de las acusaciones que les realizaban hacia ellos”. El abogado añade que, cuando mataron a Carlos, “los titulares de la prensa eran que ‘Carlos era un joven radical’, que ‘su familia era de izquierdas’, que su abogado que era yo, que era ‘un ultra’. Algo sorprendente cuando habían asesinado a un niño que tan solo tenía 16 años”.
Por todo ello, a finales del 2025, cumpliéndose 40 años de la muerte de Franco, hemos querido aportar un pequeño granito de arena: dejando constancia de que medios como el Heraldo de Aragón amplificaron, de una forma decida, la voz del asesino neonazi y optaron por escribir al servicio del relato que interesaba a su defensa. Que este ejercicio de periodismo antifascista sirva para dejar constancia, ahora y en el futuro, de quién estuvo a un lado y quién al otro de la historia.

