Querido amigo:
Te has ido y nos has dejado enorme tristeza. No tengo palabras y después de llorar amargamente, necesito decirte que te vamos a echar mucho de menos.
Mario, obrero y cristiano, decía Santiago esta mañana en el tanatorio mientras recordábamos vuestra vida juntos desde vuestra juventud. Ambos, figuras imprescindibles en la lucha por la democracia, la justicia social y la igualdad en nuestra ciudad.
A tu lado, junto a Tere, Sara y Ángel, tus nietos y nuestra pequeña pero gran familia de Izquierda Unida, he tenido la oportunidad de aprender mucho y de dar valor a lo que realmente tiene: la defensa de lo público, la lucha sindical, la república, la igualdad entre hombres y mujeres, los derechos del pueblo palestino … y tantas y tantas cosas.
Nunca me has dejado sola y siempre te he sentido a mi lado. Cada vez que me oías en la radio en algún debate público o leías algo que había escrito siempre me animabas y decías “sigue así, sigue defendiendo a nuestra gente, los derechos de la gente más vulnerable”. Que fácil era militar con personas como tú a mi lado.

Cada jueves, cuando tu mujer regresaba a casa después de haber participado en el Circulo del Silencio, organizado por Bienvenidxs Refugiadxs, le preguntabas por cuántas personas habíamos estado. Seguías la actualidad social y política cada día, no perdías detalle de todo lo que sucedía, un hombre formado, un gran hombre con criterio y principios.
Querido Mario, dejas una buena semilla en tu familia y en quienes hemos militado a tu lado, compartido movilizaciones y lucha política. ¡Cómo te gustaba debatir! Tu mujer Tere decía también esta mañana que con quién iba a discutir ahora cuando llegará a casa. Le he respondido: cuenta conmigo, iré yo a tu casa a discutir.
Voy a cuidar de tu familia, te lo prometo, y voy a seguir luchando cada día por aquello en lo que creíamos.
Seguro que donde te encuentres nos seguirás dando fuerzas, nos seguirás cuidando.
Haber coincidido contigo en esta vida es algo por lo que viviré agradecida siempre.




